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lunes, septiembre 6

TELITA V: Nico Aimetti

Recibo con alegría una nueva e ingeniosa colaboración de Nico Aimetti, a quien seguramente recordarán por su participación en dupla con Laura Luz aquí. Les recomiendo, si es que no lo hicieron ya, que no dejen de pasar por su blog. Escribe de lo más interesante. Aquí su colaboración:


Cuando Nora conoció a Borges



11 de Septiembre de 1919
Via della Ginnastica 241, Trieste

Querido Jaime:
Me alegro de saber que sufres por mi y espero que sigas haciéndolo por el resto de tus días. Debes prometerme que no abandonarás nunca tu cama sin haber padecido el placer de añorarme dulcemente. ¿Limpias seguido las sábanas? ¿Te ha recriminado el ama de llaves mientras miras por la ventana haciéndote el tonto, colorado como un tomate? Así me gusta, porque yo también, cuando por las noches ahogo en mis perfumes toda la cama, mientras me revuelco por bajo las sábanas, no paro de recordar tu cara de puerco, mi cerdito adulador.
Ayer, al volver del mercado, torcí mi rumbo y caminé a la vera del mar por la tarde. Su aroma me acompañaba a cada paso con mayor fervor e insistencia. Al llegar colgué mis bragas en la ventana. Sólo las volveré a colgar cuando sepa que estás cerca. Creo que nuestro vecino algo debe haber sentido, porque cerro la ventana nervioso al llegar su esposa.
La ropa interior que me envíes puedes esconderla, disimuladamente, entre uno de mis vestidos o una camisola. Si tu hermana se da cuenta es porque es igual a ti. ¿Piensas eso de tu hermana? ¿Crees que abrirá tus paquetes y hurgará para oler las prendas que me envías? Quizás hasta se las pruebe. ¿Te gustaría ver cómo le quedan a ella mis bombachitas? Creo que sí. Ya se te estará parando cuando lees esto.
Como verás ya se me ha pasado el enojo, irás conociendo mi carácter, el tema es que ya quisiera tenerte cerca otra vez para que pudieras sentir mis pechos todo perfume apretujando tus labios mientras dices esas cosas que quiero creer que sólo a mi me dices mientras yo respondo que sí, mi corazón, toda la quiero, sí.
Tuya, Nora.




Lunes 6
Adrogué, Argentina

Nora:
Indigna de sus letras, sus palabras, sus deseos, me atrevo a contestar su misiva. He de juzgar a algún inverosímil capricho postal el que hoy, mi doblegada curiosidad, haya encontrado en el buzón su carta. Yo, que aplacada por la sucesión de la noches en vela, espero. Yo, que guardo la esperanza de una carta como la suya; pero otro remitente, otra narrativa, las mismas pretensiones. Pienso que el destino, indiferente a las formas, confunde los signos y las historias sólo para burlarse de nuestro afán por comprenderlo. No puedo  desearle nada, pues todo mi deseo está en una sola persona, y carezco de voluntad para ir más allá de eso. Acaso, además,  poco importen nuestros deseos.  Sólo respondo para decirle que   su carta no ha llegado a destino. No soy Jaime; yo, desgraciadamente, soy Borges.
De nadie, Graciela Borges.




 Nicolás Aimetti, Septiembre 2010

jueves, agosto 12

TELITA V: Memento

¿Se acuerdan de Memento? Nos sorprendió con su hermosa participación en el TelitaIII. Me consta que tenía todas las ganas de hacer dupla en el TelitaIV, pero debido a la lamentable deserción de su compañerx no le fue posible expresarse a dúo en aquella oportunidad. Sin embargo, sin arredrarse vuelve al ruedo y con un hermoso texto que les copipasteo a continuación. ¡Que lo disfruten!


Nosotros

Buenos Aires, 20 de septiembre de 1905.
Su madre le recordó mientras estudiaba que tiene prohibido salir, pero ahora que está sentado en el tapial del fondo no parece tan mala idea dar el salto hacia el baldío, pero no.  Distraído va caminado desde una punta a la otra, cuando de pronto no hace pie y cae entre las matas de al lado.  El pasto es de un verde intenso, y debajo de esa alfombra caliente por el sol, una humedad fresca le regala alivio a sus pies ahora descalzos.  Se pasa la tarde imaginándose perdido en esa jungla.  Es hora de volver a casa, late su cuello por la osadía cometida, de este lado no hay nada para hacer pie y trepar de nuevo el tapial.  Debe salir por el frente y entrar a la casa por la puerta principal, son las dos cuadras más largas que ha corrido, un poco agachado.  Se escurre por la rendija de la cancel (siempre está abierta) y corre para tirarse al piso del hall chico, el frío de las baldosas va apagando el fuego de las mejillas y a lo lejos la voz de su madre le advierte que se lave para cenar.

Madrid, 20 de diciembre de 1919.
Esperaba el tranvía parado en la esquina, en actitud sonámbula, apretujando esas hojas bajo el brazo como si llevara expuesta toda su vulnerabilidad.  Iba a presentar su primer artículo.  El calor acentuaba las miradas perdidas, los gestos lánguidos.  Inesperadamente, como si el Monzón alcanzara el cielo madrileño cayó la lluvia con sus inagotables gotas fusionadas en un oleaje. La lluvia lo despierta, lo trae al mundo nuevamente y este renacer es hoy más vívido que nunca. Entiende que sólo este milagro puede despertar a los enajenados.  Elije volver a casa.

Buenos Aires, 20 de noviembre de 1922.
Le resulta imposible hilvanar los hechos, las pequeñas decisiones que lo han llevado a estar con Concepción en esta casa, solos por primera vez.  De alguna forma ha suprimido o al menos reprimido pensamientos, ideas casi tangibles que le hubieran impedido sucumbir al berretín del amor.  El hogar está encendido y es la segunda copa.  Frente al fuego, frente a las sombras del fuego, su mente divaga por ancestrales emociones, dogmas no expresados y siempre presentes en él; las simetrías se diluyen y un remolino de imágenes va creciendo.  Las aparta con desprecio, se desaprueba por tal animismo pero ya es demasiado tarde, ha decidido que un hombre debe imponerse a los reproches de los demás.

Gualeguay, 20 de marzo de 1930.
Lo han convencido de pasar un día de campo en Puerto Ruiz.  El viaje desde la estancia de la familia de Concepción no es largo, y con esto conformó a su mujer.  Parado frente al muelle, con la mirada perdida en el campo de la otra margen de la boca del río, presta atención a los ruidos de su primogénito.  Ese niño en brazos, que balbucea algo y obtiene una sonrisa de su madre, esa burbuja inextricable que los encierra y los separa de la razón, son prueba irrefutable de que aún le falta mucho por aprender, y su soberbia no alcanza a evitar una unívoca conclusión: ha obrado bien.

Cambridge, 20 de febrero de 1969.
A su lado, en el banco que resiste perpetuo ver el paso del río, hay un hombre.  Su rostro cansado refleja la pesadez de su alma, la cansina marcha de su vida.  Pero el rostro es tan parecido al suyo que la perplejidad da paso a la curiosidad, y se anima (¿Hace frío, no?).  El otro tarda en dar signos de escuchar, sumido en lo que parecen profundos pensamientos, luego gira la cabeza (Realmente no sentí el frío hasta este momento).  (¡Esa voz!) piensa, y siente que un tenso equilibrio se ha roto, como una cuerda demasiado tensa; y es posible hasta sentir el latigazo del corte.  Durante un rato el silencio congela el tiempo, de pronto el crujido de una rama bajo el peso del hielo parece desencadenar nuevamente su paso inexorable.  Decide volver a intentarlo (Es un buen lugar para tomar un poco de sol ¿no le parece?) El otro contesta (Verdaderamente no lo creo, yo sólo estoy esperando) (¿Espera a alguien?) (No, espero algo) (¿Y cómo es eso?) (En cualquier momento usted me hará la pregunta).  Bastante anonadado, comienza a mirar más detenidamente al Otro, pero no comprende, no quiere comprender.  No comprende lo que el Otro sabe, lo que siempre supo.  Ese momento que pasará sin gloria por su vida, ni siquiera una anécdota, es para el Otro la continuidad infinita de un viaje.  El Otro ya ha estado ahí, todos los 20 de febrero posibles en el mismo banco a orillas del río Charles.  Ya no lo conmueve ver lo que todos los hombres añoran, contestarse la pregunta que inevitablemente algún día nos haremos ¿Qué pasaría si…? 

Las nubes han traído un viento frío, y nuestro hombre recuerda que sus nietos están por llegar, más azorado que atento suelta un saludo (Adiós, debo irme, mi nombre es Jorge.  Tal vez volvamos a encontrarnos). El Otro se despide (No lo creo. Yo,desgraciadamente, soy Borges).

Memento, Agosto 2010

lunes, julio 19

TELITA V: Quién será, eh...

Llegó ayer a mi casilla de correo una nueva contribución al TELITA, y se trata del siguiente mail:

Date: Sun, 18 Jul 2010 19:14:44 -0300
Subject: Telita IV
From: jorge.luis.borges.acevedo@gmail.com
To: cbogliolo@hotmail.com



Yo, desgraciadamente, soy Borges.




Descarto que el mail no procede del auténtico señor Borges, y hasta el momento nadie se ha adjudicado la autoría del mismo. La intuición me dice que si se rebusca un poco entre las filas podentaristas no debería ser demasiado difícil dar con el sujeto que nos deleita con esta contribución, pero estoy obligada a  no revelar las identidades de los contribuyentes anónimos y mucho menos basándome en la sospecha, así que dejo la tarea detectivesca a quien quiera recoger el guante. Por mi parte, agradezco la obra, claramente proveniente de un cerebro dedicado al alpedismo de alta competición. ¡Ese es el espíritu! 

domingo, julio 11

TELITA V: Pablo(yo)

Viejo amigo de la casa, dos veces participante del Telita II -una vez con un composé fotográfico y otra con un conmovedor relato de viaje-, Pablo(yo) vuelve a contribuir, esta vez con el texto de un mail que hará las delicias de todos, especialmente de los podentaristas. Aquí el texto:


Mr Juan Carlos Borges.
Con el debido respeto,
 
Yo soy el gerente de proyecto de ley y el intercambio en el departamento de remesa extranjero de Banco africano de desarrollo (BAD). Tengo hambre de tu indulgencia como entro en contacto con usted de manera sorprendente. Pero todo respeto, me insisten en que usted lea esta carta detenidamente como yo soy optimista que quiere abrir las puertas para inimaginable rewardas financiera para los dos. En mi departamento descubrimos una suma abandonada de veinticinco millones de dólares EE.UU. Doscientos mil (dólares de los EE.UU. 25.2m) en una cuenta que pertenece a una de nuestro cliente extranjero Jorge Luis Borges que murió junto a toda su familia en un plan de choque. 
  
Desde que conseguimos la información sobre su muerte, hemos estado esperando que su siguiente de parentescos viniera encima y demandara su dinero porque no podemos lanzarlo a menos que alguien solicite él tan después de parentescos o relación con los difuntos según lo indicado en nuestras pautas de banca, pero desafortunadamente aprendimos que todo su supuesto después de parentescos o de la relación murió junto con él en el plan de choque no dejaba a nadie detrás de venir por la demanda. 
  
Es por tanto, a este descubrimiento que ahora decidió hacer esta propuesta de negocios para usted de modo que el dinero podría ser entregado a usted como a los familiares de la seguridad y el desembolso subsecuente puesto que nadie está viniendo para él y no quiero ese dinero para ir a la tesorería del banco como no reclamada Bill. 
  
Estamos de acuerdo en que el 40% de este dinero será para ti como un socio extranjero, en lo que respecta a la prestación de una cuenta extranjera, el 10% se destinará para los gastos efectuados durante el negocio y el 50% sería para mí. 
  
No después de que visiten tu país para el desembolso según el porcentaje indicado. Por lo tanto para permitir la transferencia inmediata de este fondo tú según lo arreglado, debe aplicarse primero al banco como relación o los familiares de los difuntos que indican tu nombre de banco, su número de cuenta bancaria, su teléfono particular y número de fax para una fácil y eficaz la comunicación y la ubicación en donde el dinero será remitido. Tras la recepción de su respuesta, le enviaré a usted por fax o correo electrónico el texto de la solicitud. No dejaré de señalar a su aviso que esta transacción es tirón libre y que usted no debe entretener ningún átomo del miedo pues todas las medidas requeridas se han tomado para la transferencia. 
  
Necesito una persona capacitada y capaz, que se encargará de administrar este fondo, porque no es una pequeña cantidad de proyectos. Usted debe ponerse en contacto conmigo de inmediato tan pronto como reciba esta carta. Confiando en saber de usted immediately.Please me gustaría que para mantener esta transacción confidencial y como alto secreto o eliminar si no te interesa como es posible que desee saber que soy un alto funcionario del Banco.
 
La ley de Bancos y la directriz que aquí se estipula que si permanecía tal dinero no reclamados después de cinco años, el dinero se transferirá a la tesorería del Banco como "fondos no reclamados". La solicitud de un extranjero como de parentescos en este negocio es ocasionada por el hecho de que el cliente era un extranjero y uno de Burkina Faso no puede presentarse como los familiares con un extranjero. También no yo, desgraciadamente, soy Borges.
 

Pablo(yo), Julio 2010

miércoles, julio 7

TELITA V: Vengador Pitufante

Participante ya curtido en Telita III y Telita IV y controvertido comentarista, el Vengador Pitufante, siempre desde el más oscuro anonimato (bueno, no tanto, me puso de amiga en el facebook así que ahora le conozco la cara a él y a la familia y además sé dónde trabaja y, salvo que todo esto sea una gran farsa no puedo decir que conozca mucho más de otros teliteros), nos acerca una nueva colaboración, que me ha gustado mucho porque, entre otras cosas, desarrolla en el relato la misma idea que se me había ocurrido a mí cuando pensé en la consigna. Sin adelantar más, los dejo con su narración. No tiene título, bueno, no importa:


Ella aparece todas las noches y yo la miro sin sonreir. Me pide, me suplica, que lo haga. Yo me niego sistemáticamente. Y ella se va. Su pelo rojizo pendulando contra su espalda, mientras camina con ese paso tan particular que la caracteriza. La observo y no puedo dejar de notar que aún conserva restos de la hermosura que otrora me impulsara a casarme con ella.

No puedo precisar cuándo comenzó pero, por Dios, todos los días oro porque termine pronto. Sus ruegos agotan mi paciencia y mis rechazos sólo parecen endurecer su voluntad. Cada noche sale de su cuarto y se repite la triste situación. Ella rogando, yo negándome, intentando razonar, profiriendo insultos cuando agoto mi reserva de racionalidad. Alguna vez llegué a pegarle. No le importó. Sólo volvió a su cuarto, repitiendo su monótona letanía.

Lloro a veces. Por mí. Por ella. Por nosotros. Por la idea de nosotros. Por lo que alguna vez fuimos. Por las promesas rotas. Por los sueños evaporados en lo que dura un pestañeo.

El cambio fue gradual, lo suficiente como para no despertar mis sospechas hasta que fue demasiado tarde. Lo pedía y yo la miraba divertido. Su mirada era quizá algo distinta en esas ocasiones, pero tal vez mi memoria recuerda cosas que no ocurrieron realmente. Pero pronto los pedidos se hicieron más frecuentes. Su tono de voz ya no era el de una persona sana. Era una niña enferma y obsesionada, repitiendo un capricho sin fin.

Nunca intenté llevarla a un "locólogo", como a ella le gustaba llamarlos. Nos prometimos mutuamente que jamás nos acercaríamos a uno. Opté por recluirla en casa argumentando que ya no era necesario que siguiera trabajando. No pareció importarle.

Convivo con ella, con lo que queda de ella, de la pelirroja divertida y aficionada a las letras que alguna vez conocí. A veces mantenemos charlas normales. Soy muy feliz cuando eso ocurre. Pero sé que su obsesión está allí, lista para salir, a la espera de la menor debilidad en mi discurso; al acecho del menor detalle o palabra de la cual aferrarse para surgir de las cenizas cual oscuro fénix y arrasar los pocos momentos de calma que aún tenemos. Y cuando eso ocurre, mi mundo se desmorona una vez más.

Casi sin respirar, me suplica que escriba nuevamente sobre los laberintos, la eternidad, la inmortalidad, el tiempo. Me dice con total seriedad, al borde del llanto, que ya ha leído mis escritos demasiadas veces. Que necesita que escriba más, mucho más. Que no debo negarle al mundo, y especialmente a ella, la genialidad que me ha sido concedida. Y yo la miro y me siento atrapado en mi infierno particular. Porque en su mente enferma y degradada, yo, desgraciadamente, soy Borges.

Vengador Pitufante, Julio 2010.

domingo, julio 4

TELITA V: Moscabrava

No podía fallarme mi querido Moscabrava, el sorprendente filósofo, poeta, cantor que nos ha deleitado con sus cantos en más de una ocasión, y hasta ocasional chauffer de más de un podentarista, leal amigo y convocado de segura presencia en los Telita. 

Con su habitual encanto, me dice en su mail : "Me extraño a mí mismo si no participo en tus convocatorias y para no andar buscándome hasta debajo de la cama...y al tiro nos manda esta canción:
I
Si el frío acero sediento
me observa severamente;
acurrucado en las sombras
soy Borges, desgraciadamente.
II
Si la inopinada acción a mi puerta
la evita tan raudamente
que se me hace imperceptible;
soy Borges, desgraciadamente.
III
Si los elfos venturosos
me esconden sugerentemente
las páginas que no envidio;
soy Borges, desgraciadamente.
IV
Si el hastío infeliz se instala
cómodo en la saliente
de la chimenea de la sala;
soy Borges, desgraciadamente.
Estribillo (y conclusión)
¡Qué befa tan peculiar!
Sólo en cuatro yo soy Borges.


Moscabrava, Julio 2010

jueves, julio 1

TELITA V: Pino & Agente Smith

He aquí una de esas sincronicidades que tanto parecían llamar la atención del extinto mostro de las letras señor Jorge Luis Borges. Resulta que cuando al Agente Smith le llega la invitación a participar de este Telita, en simultáneo le llega un mail con un cuento de su amigo Pino. Pino estudió con el Agente Smith hace como treinta años, actualmente vive en Inglaterra y por su trabajo se la pasa visitando puertos europeos. La cosa es que le manda este cuento y ni lerdo ni perezoso el Agente le agrega un final telitero y ¡voilá! habemus Telita.

Aquí pues, el cuento del señor Pino, tuneado por el Agente Smith:


CORCEGA

Europa es mía! dijo el corso Napoleón Bonaparte una tarde de 1810. Tiempo después, durante su exilio, alguien le preguntó: ¿Cómo, habiendo sido el dueño del Imperio Francés usted nunca ayudó a Córcega? Es que no he tenido tiempo, contestó.

Y lo bien que hizo. Porque la isla se ha desarrollado poquísimo y hoy en día conserva su belleza natural. En el interior casi no hay caminos y a varios sectores paradisiacos se llega solamente a lomo de burro o en yate de placer. La campiña francesa se mezcla con el charme europeo. En Porto Calví se dan cita la crema y nata del viejo continente, podés encontrar a Giorgio Armani, a Dolce y a Gabbana, a los Gucci, los super-ricos, lo más excelso del socialismo francés, los capitalistas de siempre y algún jeque desvariado que ande por la zona. El vehículo típico es el Yate o el Crucero pero algunos llegan por Ferry con sus humildes rodados.

Para agasajar a esos personajes se construyó una Fortaleza medieval en el morro que domina la entrada de la bahía de Porto Calví. A la espera de su objetivo final la fortaleza se utilizó durante algunos siglos como ciudadela y defensa militar. Hoy en la cima se encuentra Thao, un club nocturno con todo lo mejor, jazz en vivo, músicos bohemios y franceses, los mejores alcoholes, bellas damas y abultadas billeteras.

Lo que hay abajo no es poca cosa. La bahía está bordeada por callejuelas y bares con mesitas sobre el empedrado inclinado. Encontré uno muy particular, porque era chiquito, con techo de paja y sillas de pino.  Era un bar cubano donde servían los mejores Mojitos que tomé en mi vida. Aparentemente los preparaban unos minutos antes en La Bodeguita del Medio y los llevaban en plato volador hasta Córcega.

ELLA llegó al barcito un poco después que yo. Era más que bella, más que delicada y más que francesa. Estaba vestida con un top muy corto y un vaquero dos talles más grande que lo necesario. No usaba cinturón ni ropa interior.

Eligió un lugar en la barra y se sentó, justo a mi lado. Cuando se sentó en la banqueta, no se dio cuenta de que el vaquero se desplazaba y la dejaba al descubierto en un 50 por ciento. Allí estaba. Como un director de orquesta. El bar se transformó en un anfiteatro que no respetaba las reglas de la geometría pero si las del instinto y la envidia. Dos chicas raras en una mesa, unos legionarios uniformados en otra, una pareja común, otros hombres y mujeres. Todos estábamos pendientes, como músicos, de percibir el más mínimo de sus movimientos; de captar el más imperceptible de sus compases.

Instintivamente me puse a leer ese libro abierto, a mi lado. Un libro sin escrituras, pero que todo me lo decía:

“Tomo sol desnuda en el fly-feck del barco. Siempre soy el centro de atención y ello me gusta. Tengo 21 años, 4 meses y 16 días”.

Así estaba de concentrado leyéndola, cuando una voz insistente me baja del mundo celestial al mundo real. Giro mi cabeza hacia la empleada del bar y la veo del otro lado. Del otro lado en todo sentido: Portorriqueña, fea, tetona y escotada. Su pelo platinado estaba quemado con manchas anaranjadas. Su boca pintada de rojo sobrepasando los labios, remataba en un lunar grande con un pelito mal cortado o mal crecido. Fue en ese instante cuando empecé a amar a una y a odiar a la otra. -Que est que vous voulez? me dijo como imitando a Minguito Tinguitella.

Mojito, le contesté.

Yo tomaba un traguito y seguía leyendo…

“Estoy aburrida. Mi novio es un pelmazo y sus amiguitos millonarios peor aún. En el yate de Papá no puedo estar. Este es el único lugar donde a nadie se le ocurriría buscarme”...

- Comment que tu t’appelles? Escucho de costado. Era el espantapájaros, que se me había estacionado al otro lado de la barra. Furioso y consciente de que las cuatro palabras que yo sabía en Francés eran el doble de sus conocimientos, le contesté: -Je m’appelle Borges. Jorge Luis Borges.

- Enchanté! me dijo mientras yo ideaba una manera de alejarla y ganar minutos de oro.

-Un autre Mojito, s’il vous plaît.

Bella desde todos los ángulos. Era insoportable estar a su lado. Decidí que tenía que pensar en otro tema. Pensar en algo abstracto. Pensar por ejemplo: ¿Cómo es posible que el Creador construya dos cosas tan disimiles, utilizando los mismos materiales? o, Los derechos del hombre frente a la desigualdad entre las mujeres. En fin, yo trataba de no resbalar por la superficie interna del embudo; me aferraba del borde y con esfuerzo lograba sacar la cabeza. Entonces me encontraba de nuevo frente a la fea. Debe llamarse Rita o Celia o cualquier otro nombre ridículamente caribeño, pensé. Evidentemente estaba decidida a hablarme; como mínimo.

Lo grave era que por mi edad y por la categoría de mi hospedaje, yo me encontraba más cerca de Celia que de Celine. Qué horror. ¿Ahora que hago?

-Un autre Mojito, s’il vous plaît. Era el tercero. Lo saboreé y me escapé de aquel fuego cruzado. Mientras me alejaba del bar mi meditación zigzagueaba y recordaba: Los Mojitos son como los glúteos de una mujer hermosa. 

Uno es poco y tres son demasiado para un ciego que lee mujeres como libros. Y para leerlas yo, desgraciadamente, soy Borges.

Autor: Pino.
Adaptación: Agente Smith
Julio 2010

domingo, junio 27

TELITA V y (semi)TELITA IV: Gabrielaa

Apenas minutos luego de haber soltado el post invitando a participar al Telita V, mi casilla de correo se vio honrada por un mail de una de nuestras más queridas teliteras, la Señora Gabrielaa, aka La Veloz de Monserrat.


Durante meses, ella y yo rumiamos la amargura de que el compañero que le tocara en dupla para el Telita IV se declarara muy ocupado, tapado de laburo, sin plata, sin musa, bongabonga y la cosa es que la dejó ahí, como quien dice, en el altar, con el vestido de novia puesto y nadie con quien estrenarlo. Pero si hay alguien capaz de sobreponerse a estas tragedias y transformarlas en una fiesta, es ella. Y así, en este nuevo aporte, nos entrega dos por uno. El Telita IV "Un tal Esteban", transformado por artes de alquimista en el Telita V "Yo, desgraciadamente, soy Borges". Pa que aprendan (vos y ese otro, sobre todo).


¡Disfruten!


en el principio era gente
que, para pasar el día,
abodriada y ya demente
macabros textos leía

entonces, para su mal
se abrieron los comentarios
(hablamos de un tal Esteban)
¡y por el mismo salario!

aunque la regla era clara:
“no se puede dialogar”
ni Castrelli y sus mazmorras
lo lograron evitar

quedando todos pegados:
escupiendo el monitor
y aporreando los teclados
con cotidiano fervor

dispara el extreme discuting
la menor provocación:
la Momia, Pink Floyd, salchichas,
y la próxima elección,

Mike el pollo sin cabeza,
el arte -dólar, sinior-,
conflicto campo-gobierno
y la vida: puro ardor

cuando un Día del Amigo
los nicks se corporizaron
se cantó, bailó y bebió
y algunos se enamoraron

esta historieta traduce
un sentimiento profundo:
¡qué lindo el podentarismo!
¡aguante Yo Contra El Mundo!


... y pasaron ya seis meses:
no llegaron las viñetas
que supuestamente haría
un mendocino sotreta...

¡nuevo llamado a Telita!
se me ocurre que quizás
puede ir refrito.. aunque no:
 la métrica no me da

por más vueltas que le busque
ni la rima, ni la hostia—
¡al fin había resultado
muy dura convocatoria!


(sabrá disculpar, Cecilia,
pero fíjese que yo,
desgraciadamente, no
soy Borges...)


(Gabrielaa, junio 2010)

sábado, junio 26

TELITA V: Terminala

Bueno, dando por semidesvanecida mi esperanza de que las duplas faltantes del T.E.LIT.A.4 se dignaran componer su obra conjunta (ya ven lo difícil que es acá lograr que dos hijos de vecino se junten para hacer cualquier cosa, así anda el país), y como ando con ganas de cosas nuevas, les vengo acá con una nueva consigna de este Taller que tantas alegrías nos ha venido dando en los últimos años.

Inaugúrase pues el T.E.LIT.A V. La consigna es nuevamente una frase, que me imagino que varios reconocerán pero si no la conocen da igual porque la cosa es así: sea la que fuere la composición artística que desarrollen, debe finalizar con esta frase:

Yo, desgraciadamente, soy Borges.

No hace falta anotarse y quien quiera mandar su obra bajo seudónimo puede hacerlo, de hecho ni siquiera hace falta que  yo sepa quién detenta la autoría y, como va a haber premio, llegado el caso de que el premio lo ligue unx desconocidx bastará conque estemos conectados por mail (como siempre, me escriben a cebogliolo@hotmail.com poniendo en el asunto "TELITAV")  y me pase una dirección adonde enviárselo.

Bueno, vamos, háganme feliz una vez más :-)

viernes, enero 22

TELITA IV: Un tal Esteban, por Laura Luz & Nico Aimetti

Con mucha alegría recibí hoy este nuevo aporte al TELITA. Es el trabajo conjunto de Laura Luz, gran amiga de esta bloggera, y de Nico Aimetti, cuyo blog tuve el placer de conocer recientemente gracias a las buenas artes de El Gaucho Santillán.
Ambos, Laura y Nico, demostraron ser corajudos y machazos (es un decir, en el caso de Laura), ya que, al igual que la última pareja (Esperancina & Agente Smith) no se conocían para nada, y aún así acometieron con ímpetu la tarea de misturarse y aceptarse para encarar este proyecto común y traerlo a buen puerto.

Nos mandan un relato que yo encontré muy fresco, con un diálogo muy vívido. Espero que les guste. Aquí va:


Un tal Esteban

Juan:  ¿Enzo?
Enzo: Sí... Eeh...
Juan:  ¡Enzo! ¿Querido, cómo andás tanto tiempo?
Enzo: Bien... Eeh...
Juan:  Juan, de la primaría. ¿No me vas a decir que no te acordás?
Enzo: Sí, sí. Juan... Cómo no me voy a acordar...
Juan:  ¿Y, qué es de tu vida?
Enzo: Nada, acá ando. Los chicos, el laburo complicado... mal pero acostumbrao, como dicen... ¿y vos?
Juan:  ¿Yo? No, así nomás no te puedo contar. Vos no sabés...
Enzo: ¿Qué?
Juan:  ¿En serio querés que te cuente?
Enzo: No, bueno...
Juan:  Vení, vení. Nos tenemos que poner al día.
Enzo: Lo que pasa es que yo estaba yendo...
Juan:  Diez minutos. Hace añares que no nos vemos. Un cafecito, dale... no me vas a creer...


Enzo: Y bueno ¿En que andás?
Juan:  Acá, tomando un café. Jeje.
Enzo: ¿Estás trabajando?
Juan:  En el banco. Cajero.
Enzo: Y... ¿Te casaste?
Juan:  No. Soltero. Que me voy a andar metiendo en eso... Ni-loco.
Enzo: Ah... ok. ¿Y qué me ibas a contar?
Juan:  No eso... Nada, nos ponemos al día.
Enzo: Yo tuve el segundo hijo hace tres meses. Martín. Justo iba a...
Juan:  ¿Sabés quién tuvo un hijo?
Enzo: No, decime.
Juan:  Esteban.
Enzo: ...
Juan:  Una pre-cio-su-ra. Ya tiene tres años. Bah, creo.
Enzo: Esteban... mmm...
Juan:  Eramos re compinches con esteban. ¿Te acordás de él, no? Una vez se hizo el muerto en la clase de... O no,  fue mejor la vez que saltó por la ventana del salón, en la hora de Lengua.
Enzo: Sí... Eramos chicos...
Juan:  Pero ahora está re groso. Hace fierros, no sabés...
Enzo: Ah.
Juan:  Más groso que vos, seguro. Siempre tuvo una polenta.... ¿Te acordás esa vez que le dio un pelotazo en la cabeza al caballo de un cartonero y lo dejó knock out? ¡Cómo pateaba!
Enzo: ¿A un caballo?
Juan:  ¿Qué, no me creés?
Enzo: No, sí, te creo. Justo ese día debo haber faltado. Bueno... Tengo que ir a buscar unas cosas que me encargó mi esposa...
Juan:  ¿Tenés esposa? No me digás. ¿Y es linda?
Enzo: Sí... bah... es la mujer que am...
Juan:  ¡Una yegua! Tre-men-do ye-guón.
Enzo: ...
Juan:  La mujer de Esteban, claro.
Enzo: Ah.
Juan: Viste,  que él siempre tuvo todas las minas. Yo no sé qué le veían, pero todas le andaban atrás.
Enzo: Y... Será la ley del embu...
Juan:  ¡Todas, eh! Yo siempre le decía que me tirase alguna que le sobrara, jeje.
Enzo: ¿Cómo?
Juan:  Y claro, porque tenía tantas que...
Enzo: Pará ¿Cómo hacés para tirarle una mina a alguien?
Juan:  No, claro, lo que pasa...
Enzo: O sea ¿Qué hacés? Vas y le decís: “mirá, como yo no te voy a dar bola hoy andá y curtite a mi amigo”
Juan:  Jajaja. No... y... yo que sé. Eso le tendrías que preguntar a Esteban. Es de rápido. Todas las respuestas tiene, jajaja.
Enzo: ¿Y qué es de la vida de Esteban?
Juan:  Ahí anda...
Enzo: ¿Dónde?
Juan:  Jajaja. No, digo... con su vida.
Enzo: Sí, bueno ¿Pero qué hace?
Juan:  ¡Eeeh! Tanto te interesa lo que hace esteban. ¿No andarás atrás de él, no?
Enzo: ...
Juan:  ...
Enzo: Bueno, voy a pedir la cuenta.
Juan:  No, dejá. Yo te invito.
Enzo: Ok.
Juan:  Mirá vos, eh...
Enzo: ¿Mirá vos, qué?
Juan:  No, nada, que me dejes que te invite. Esteban siempre paga él. Nunca te deja pagar nada, pero él es así, otro estilo. Más caballero.
Enzo: ¿Qué quién?
Juan:  Y... Que vos.
Enzo: ¿Cómo?
Juan:  Y... Vos no sos capaz de pagar  un café, el tipo en cambio siempre invita. Hay una diferencia me parece.
Enzo: ¡Pero vos recién me invitaste!
Juan:  Bueno, es algo que uno dice. Cortesía, viste. Uno generalmente rehúsa y paga lo suyo.
Enzo: Ok ¿Querés que pague yo? Listo, pago yo.
Juan:  Eh... bueno... pagá si querés... igual para Esteban te falta.
Enzo: ¡Uy, dió¡ ¿Qué tenés con Esteban, te mueve?

Juan:  Ah... mirá como saltás. Cómo sos, eh. ¡Intolerante, discriminador! Siempre igual.
Enzo: ¿Qué?
Juan:  Los gustos de Esteban son los gustos de Esteban. Y yo, aunque no los comparto, los respeto. No como vos, que te quedaste en la edad de piedra.
Enzo: ¿Qué decís?
Juan:  Vamos... Vos sabías que Esteban se hizo gay, te lo guardaste toda la charla y lo sacas ahora que te quedaste sin ideas.
Enzo: ¿Qué, se hizo puto, Esteban?
Juan:  Es que tenía tantas minas... Para mi que se aburrió. En todo caso es cosa suya, yo no lo juzgo.
Enzo: No, claro, yo tampoco. Casa cual haga de su cul...
Juan:  Igual es una lástima.
Enzo: ¿Sí?
Juan:  Claro.
Enzo: ¿Por qué?
Juan:   No... Porque yo soy amigo, viste. Y por ahí la gente se piensa..
Enzo: ¿Son muy amigos?
Juan:  Nos reencontramos hace poco.
Enzo: ¿También te lo cruzaste por la calle?

–¿A quién te cruzaste por la calle, Enzo?

Abrió los ojos lentamente y divisó el rostro de su mujer que lo miraba con una amplia sonrisa.
–Mi amor ¿me ayudás? El nene…
Escuchó llorar a lo lejos a su hijo de pocos meses, una suave caricia le rozó el hombro. Se levantó a buscarlo y se lo entregó para que lo amamante. Aquel aciago encuentro había pasado a ser solo un mal sueño. Se dio un baño, preparó el desayuno y saludó a sus hijos y su esposa. Tomó el colectivo rumbo al trabajo. Mucha gente, mucho calor. Media hora después por fin le tocó bajar.
Ya en la calle respiró hondo, despejado. En eso, frente a él, a unos cuantos metros, confundiendo un poco el sueño con la realidad, vio venir a Juan. Entró en estado de pánico. Lo  vio acercarse lentamente y, aunque trató de evitarlo, sus miradas se cruzaron. Juan contenía una sonrisa mientras  sacaba las manos de los bolsillos, no había forma de evitarlo, ya casi estaba  por saludarlo, cuando de repente, se paró en seco y atendió el celular.
–Hola... ¡Esteban! ¡Qué hacés, querido!– oyó a Juan responder por el teléfono mientras, distraído, pasaba de largo.


Al final era un capo Esteban, pensó mientras se alejaba sonriendo. Gracias a su llamado había logrado evitar el molesto encuentro.




Laura Luz & Nico Aimetti, enero 2010