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lunes, septiembre 6

TELITA V: Nico Aimetti

Recibo con alegría una nueva e ingeniosa colaboración de Nico Aimetti, a quien seguramente recordarán por su participación en dupla con Laura Luz aquí. Les recomiendo, si es que no lo hicieron ya, que no dejen de pasar por su blog. Escribe de lo más interesante. Aquí su colaboración:


Cuando Nora conoció a Borges



11 de Septiembre de 1919
Via della Ginnastica 241, Trieste

Querido Jaime:
Me alegro de saber que sufres por mi y espero que sigas haciéndolo por el resto de tus días. Debes prometerme que no abandonarás nunca tu cama sin haber padecido el placer de añorarme dulcemente. ¿Limpias seguido las sábanas? ¿Te ha recriminado el ama de llaves mientras miras por la ventana haciéndote el tonto, colorado como un tomate? Así me gusta, porque yo también, cuando por las noches ahogo en mis perfumes toda la cama, mientras me revuelco por bajo las sábanas, no paro de recordar tu cara de puerco, mi cerdito adulador.
Ayer, al volver del mercado, torcí mi rumbo y caminé a la vera del mar por la tarde. Su aroma me acompañaba a cada paso con mayor fervor e insistencia. Al llegar colgué mis bragas en la ventana. Sólo las volveré a colgar cuando sepa que estás cerca. Creo que nuestro vecino algo debe haber sentido, porque cerro la ventana nervioso al llegar su esposa.
La ropa interior que me envíes puedes esconderla, disimuladamente, entre uno de mis vestidos o una camisola. Si tu hermana se da cuenta es porque es igual a ti. ¿Piensas eso de tu hermana? ¿Crees que abrirá tus paquetes y hurgará para oler las prendas que me envías? Quizás hasta se las pruebe. ¿Te gustaría ver cómo le quedan a ella mis bombachitas? Creo que sí. Ya se te estará parando cuando lees esto.
Como verás ya se me ha pasado el enojo, irás conociendo mi carácter, el tema es que ya quisiera tenerte cerca otra vez para que pudieras sentir mis pechos todo perfume apretujando tus labios mientras dices esas cosas que quiero creer que sólo a mi me dices mientras yo respondo que sí, mi corazón, toda la quiero, sí.
Tuya, Nora.




Lunes 6
Adrogué, Argentina

Nora:
Indigna de sus letras, sus palabras, sus deseos, me atrevo a contestar su misiva. He de juzgar a algún inverosímil capricho postal el que hoy, mi doblegada curiosidad, haya encontrado en el buzón su carta. Yo, que aplacada por la sucesión de la noches en vela, espero. Yo, que guardo la esperanza de una carta como la suya; pero otro remitente, otra narrativa, las mismas pretensiones. Pienso que el destino, indiferente a las formas, confunde los signos y las historias sólo para burlarse de nuestro afán por comprenderlo. No puedo  desearle nada, pues todo mi deseo está en una sola persona, y carezco de voluntad para ir más allá de eso. Acaso, además,  poco importen nuestros deseos.  Sólo respondo para decirle que   su carta no ha llegado a destino. No soy Jaime; yo, desgraciadamente, soy Borges.
De nadie, Graciela Borges.




 Nicolás Aimetti, Septiembre 2010

jueves, agosto 12

TELITA V: Memento

¿Se acuerdan de Memento? Nos sorprendió con su hermosa participación en el TelitaIII. Me consta que tenía todas las ganas de hacer dupla en el TelitaIV, pero debido a la lamentable deserción de su compañerx no le fue posible expresarse a dúo en aquella oportunidad. Sin embargo, sin arredrarse vuelve al ruedo y con un hermoso texto que les copipasteo a continuación. ¡Que lo disfruten!


Nosotros

Buenos Aires, 20 de septiembre de 1905.
Su madre le recordó mientras estudiaba que tiene prohibido salir, pero ahora que está sentado en el tapial del fondo no parece tan mala idea dar el salto hacia el baldío, pero no.  Distraído va caminado desde una punta a la otra, cuando de pronto no hace pie y cae entre las matas de al lado.  El pasto es de un verde intenso, y debajo de esa alfombra caliente por el sol, una humedad fresca le regala alivio a sus pies ahora descalzos.  Se pasa la tarde imaginándose perdido en esa jungla.  Es hora de volver a casa, late su cuello por la osadía cometida, de este lado no hay nada para hacer pie y trepar de nuevo el tapial.  Debe salir por el frente y entrar a la casa por la puerta principal, son las dos cuadras más largas que ha corrido, un poco agachado.  Se escurre por la rendija de la cancel (siempre está abierta) y corre para tirarse al piso del hall chico, el frío de las baldosas va apagando el fuego de las mejillas y a lo lejos la voz de su madre le advierte que se lave para cenar.

Madrid, 20 de diciembre de 1919.
Esperaba el tranvía parado en la esquina, en actitud sonámbula, apretujando esas hojas bajo el brazo como si llevara expuesta toda su vulnerabilidad.  Iba a presentar su primer artículo.  El calor acentuaba las miradas perdidas, los gestos lánguidos.  Inesperadamente, como si el Monzón alcanzara el cielo madrileño cayó la lluvia con sus inagotables gotas fusionadas en un oleaje. La lluvia lo despierta, lo trae al mundo nuevamente y este renacer es hoy más vívido que nunca. Entiende que sólo este milagro puede despertar a los enajenados.  Elije volver a casa.

Buenos Aires, 20 de noviembre de 1922.
Le resulta imposible hilvanar los hechos, las pequeñas decisiones que lo han llevado a estar con Concepción en esta casa, solos por primera vez.  De alguna forma ha suprimido o al menos reprimido pensamientos, ideas casi tangibles que le hubieran impedido sucumbir al berretín del amor.  El hogar está encendido y es la segunda copa.  Frente al fuego, frente a las sombras del fuego, su mente divaga por ancestrales emociones, dogmas no expresados y siempre presentes en él; las simetrías se diluyen y un remolino de imágenes va creciendo.  Las aparta con desprecio, se desaprueba por tal animismo pero ya es demasiado tarde, ha decidido que un hombre debe imponerse a los reproches de los demás.

Gualeguay, 20 de marzo de 1930.
Lo han convencido de pasar un día de campo en Puerto Ruiz.  El viaje desde la estancia de la familia de Concepción no es largo, y con esto conformó a su mujer.  Parado frente al muelle, con la mirada perdida en el campo de la otra margen de la boca del río, presta atención a los ruidos de su primogénito.  Ese niño en brazos, que balbucea algo y obtiene una sonrisa de su madre, esa burbuja inextricable que los encierra y los separa de la razón, son prueba irrefutable de que aún le falta mucho por aprender, y su soberbia no alcanza a evitar una unívoca conclusión: ha obrado bien.

Cambridge, 20 de febrero de 1969.
A su lado, en el banco que resiste perpetuo ver el paso del río, hay un hombre.  Su rostro cansado refleja la pesadez de su alma, la cansina marcha de su vida.  Pero el rostro es tan parecido al suyo que la perplejidad da paso a la curiosidad, y se anima (¿Hace frío, no?).  El otro tarda en dar signos de escuchar, sumido en lo que parecen profundos pensamientos, luego gira la cabeza (Realmente no sentí el frío hasta este momento).  (¡Esa voz!) piensa, y siente que un tenso equilibrio se ha roto, como una cuerda demasiado tensa; y es posible hasta sentir el latigazo del corte.  Durante un rato el silencio congela el tiempo, de pronto el crujido de una rama bajo el peso del hielo parece desencadenar nuevamente su paso inexorable.  Decide volver a intentarlo (Es un buen lugar para tomar un poco de sol ¿no le parece?) El otro contesta (Verdaderamente no lo creo, yo sólo estoy esperando) (¿Espera a alguien?) (No, espero algo) (¿Y cómo es eso?) (En cualquier momento usted me hará la pregunta).  Bastante anonadado, comienza a mirar más detenidamente al Otro, pero no comprende, no quiere comprender.  No comprende lo que el Otro sabe, lo que siempre supo.  Ese momento que pasará sin gloria por su vida, ni siquiera una anécdota, es para el Otro la continuidad infinita de un viaje.  El Otro ya ha estado ahí, todos los 20 de febrero posibles en el mismo banco a orillas del río Charles.  Ya no lo conmueve ver lo que todos los hombres añoran, contestarse la pregunta que inevitablemente algún día nos haremos ¿Qué pasaría si…? 

Las nubes han traído un viento frío, y nuestro hombre recuerda que sus nietos están por llegar, más azorado que atento suelta un saludo (Adiós, debo irme, mi nombre es Jorge.  Tal vez volvamos a encontrarnos). El Otro se despide (No lo creo. Yo,desgraciadamente, soy Borges).

Memento, Agosto 2010