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martes, mayo 6

Suertuda

Claramente influida por un post y por la visión casi onírica de 8 aviones volando a lo lejos (el 1ro de mayo), sueño:

que camino junto a una amiga, charlando, una tarde soleada, en la quinta que solía ser de mi familia. Caminamos bordeando el perímetro, de manera muy pausada - casi un kin-hin -, y la charla es apacible. Paramos, porque mi amiga quiere encender un cigarrillo, y mientras lo hace yo miro a un costado y... lo veo

es un avión, un jet, que viene directo hacia nosotras. Lo veo crecer desde el horizonte, a toda velocidad, y cuando está a punto de embestirnos

pasa apenas a unos centímetros de mi cabeza. El viento que despliega es tan fuerte que me irrita la piel de la cara y me tira al piso.

Se estrellaría unos metros más adelante, supongo. Yo me desperté antes.

viernes, febrero 15

Sueño stereo

Duermo y sueño:

que Soda Stereo hará un recital en un lugar de la costa, Pinamar o Villa Gessell. Y resulta que en el sueño me reconozco como fan y deseo mucho volver a verlos en concierto -jamás los vi ni fui fan de ellos, en esta realidad, pero en la del sueño yo tenía el recuerdo de haber estado en otros recitales suyos-. Resulta también que, para evitar que se llene de gente el pueblo, el intendente ha decidido que la venta de entradas se hará únicamente en el pueblo, nada de venta telefónica, internet ni puntos de venta en otras ciudades. El costo del pasaje es increíblemente alto, igual que el de la entrada. A mí no me alcanza ni siquiera para la mitad de la entrada pero deseo tanto ir. Un grupo de amigos míos, también fans (otro bolazo), me pagan entre ellos el pasaje. El viaje es ameno, mucha algarabía, como de adolescentes, pero no lo disfruto mucho, estoy un poco inquieta porque no está Francisco y no estoy acostumbrada a dejarlo en otro lado (no sé adónde lo dejé, sólo sé que lo dejé a buen seguro). Cuando llegamos al pueblo vemos que hay muchos grupos como el nuestro, es ciudad tomada por los fans. Todos son extremadamente jóvenes, me siento extraña ahí, fuera de lugar. La venta de entradas se hace en un edificio que se parece sospechosamente al Anses de Mexico y Paseo Colón. Adentro hay muchas mesas grandes con formularios, y muchisimos guardias de seguridad, contratados con motivo del recital, que cumplen la doble función de vigilar y orientarte. Me dicen que tengo que llenar el formulario con mi nombre y DNI y que luego me van a dar un numerito y con eso iré a la caja y pagaré la entrada. Alguien dice que lo del dni es por seguridad. Sé que no me va a alcanzar el dinero para la entrada pero aún así hago el trámite. No traje lapicera y me angustio pensando que no voy a poder escribir, pero enseguida consigo una. Lleno el formulario pero no me animo a ir a la caja, por vergüenza, y me agarra una gran desazón. Alrededor de la mesa se ha juntado más gente y entonces veo a Mariano, un noviete que supe tener como a mis veinte años, que, él sí, era fan de Soda. Se me acerca como si aún fuéramos novios, y cuando está a punto de besarme me doy cuenta de que él sigue teniendo veinte años, tiene la piel luminosa y fresca como cuando era adolescente. Es entonces que me doy cuenta de que estoy soñando. Le sonrío a Mariano y le acaricio la cara, que se deshace en luz ni bien la toco. Me digo a mí misma: "fue un gusto volver a verte". Una de las guardias de seguridad se me acerca y con expresión ansiosa me dice que notoó que yo no tengo dinero, pero que si contesto bien un cuestionario sobre el grupo me dejarán ir gratis al recital. Le sonrío también, plenamente consciente de que estoy soñanado, y le digo que no puedo contestar ni una pregunta porque no sé nada del grupo, que nunca me llamó mayormente la atención, y que mejor le dan la entrada a alguno más interesado. Y pienso en que tengo ganas de ver a Francisco.

Y eso es lo que me acuerdo.

sábado, enero 12

Sueño.. rarete

Salgo del edificio, una repartición pública que está por Av Libertador, y eso es muy, muy muy lejos de casa. Estoy contenta porque pude terminar el trámite. Abro la cartera - ando con cartera, una cartera negra que consiste en algo así como tres bolsitos de cuerina, cada uno cosido debajo del otro (me parece que he visto esta cartera en alguna mujer de mi familia) -, y miro el dni, que se ve resplandeciente, como recién hecho, y constato que figura el cambio de domicilio. Me siento muy feliz porque he hecho este trámite y porque tengo en la cartera $100.-, que me permitirán tomar un taxi para irme a casa. Pero siento tremendas ganas de hacer pis, así que busco un baño público y encuentro uno que se parece sospechosamente a una estación de tren. Me meto, está vacío. Atrás entra una mujer, claramente una puta de la calle. Los baños individuales no tienen puerta y no me queda otra que hacer mis necesidades a la vista de ella. Descubro que estoy menstruando, muchísimo, y que no tengo nada con qué limpiarme ni proteger mi ropa del abundante sangrado. La mujer, que nota esto, me dice que necesita dinero y que ella me lavará si yo le pago $15. Estoy casi dispuesta a aceptar, pero dudo, y finalmente me niego. Le digo: "disculpame, pero es que... si fueras hombre..." En ese momento entra un gran grupo de gente, muchos niños. Le pido a una mujer si tiene papel higiénico, me ofrece una toalla. Me higienizo lo mejor que puedo, y entonces noto que no está mi cartera por ninguna parte. Pregunto, nadie vio nada. Un hombre me dice "ojo que hay muchos chorros por esta zona". Estoy desolada. Salgo a la calle, ya es de noche. Me doy cuenta de que no sé cómo volver a casa, que ni siquiera sé dónde es, no logro recordar la dirección, ni siquiera en qué pueblo está. Quisiera hablar por teléfono pero no tengo ni una moneda y además no veo ningún teléfono público, y todo está negro, negrísimo. Me percato de que han cortado todas las luces, el ambiente es ominoso y siento una fuerte sensación de peligro. No se ve nada, apenas distingo algunas siluetas. Decido que cruzaré la avenida, que es anchísima y está llena de autos, pero todos parados, como si hubiera cortado un semáforo que en verdad no hay. Voy hasta la esquina y veo que adelante de los autos hay dos soldados. Escucho un sonido sordo, como de disparo de cañón, no lejos de allí. En ese momento los dos soldados se agachan, se arrodillan y ponen su frente en el suelo, al estilo oriental, como saludando el paso de alguien. Horrorizada, me digo "puta madre, estamos en plena dictadura!!" Sé que tengo que cruzar esa avenida a como dé lugar y a pesar del peligro que adivino, me lanzo, a ciegas, a cruzar en plena oscuridad. Escucho que se acerca algo que no puedo distinguir, es algo inmenso, pienso que es alguna especie de tanque, se acerca pesadamente y cada tanto emite una especie de relámpago. Sé que aplastará todo lo que encuentre, a los soldados y a todos los autos, y tengo que alcanzar a cruzar la avenida antes de que llegue o me aplastará a mí también. Está muy, muy cerca, apenas a unos pocos metros, ocupa todo el ancho de la avenida y a mí todavía me falta cruzar más de la mitad, estoy decidida a lograrlo aunque me siento aterrorizada.

Ahi despierto.

martes, enero 8

Sueño de mudanza

Acababa de llegar a lo que sería nuestra nueva vivienda, que al parecer estaba al borde de la selva. A este lugar ya lo conocía de un sueño anterior -de hace exactamente dos años-. Se trata de una hondonada formada o bien por lluvias o por algun riacho, muy larga, y de un lado hay una pradera y del otro la selva. En aquel sueño anterior, yo había llegado al anochecer y como no había querido internarme en la selva a esas horas, había dispuesto mi bolsa de dormir sobre la barranca, de modo que podía ver la mancha inmensa de los árboles y arriba un cielo límpido y estrellado. En esta oportunidad, en este sueño de anoche, era de día, horas de la mañana. Había mucha gente, mucho ajetreo alegre y despreocupado, como de gente que está de vacaciones. Yo llegaba sola, con mi mochila a la espalda, pero sabía que había gente esperándome. Y aunque Francisco no estaba presente en el sueño, lo estaba en mi mente -no recuerdo con precisión pero era como si lo hubiera dejado temporalmente en otro sitio, para acomodarme en la mudanza-. No muy lejos de la hondonada, estaba la casa que habitaría. Y me sorprendía por lo bella, fresca y cómoda que era (parecería que la hubiera comprado sin haberla visto antes). Entraba al cuarto, que estaba impecable, me sentaba en la cama y observaba atentamente a mi alrededor. El estilo, francés pero sobrio, las paredes con molduras, los colores claros y apastelados, la cama de madera oscura, tallada con líneas simples, muy bella, y con un colchón bien alto y cómodo, y en la pared de la izquierda una ventana grande y cuadrada, abierta, que dejaba entrar la luz y el aire de la mañana. Es un cuarto acogedor y fresco, tranquilizador. Sentí que íbamos a estar bien allí.
Luego estoy fuera de la casa, recorriendo un poco la zona, y vuelvo a la hondonada. Ya es casi de noche y está lleno de gente, hay un ambiente muy festivo. Me avisan que están esperando el funeral, y me cuentan que habrá dos en esa ocasión. Esto lo cuentan muy livianamente, como si hablaran más bien de un espectáculo. Me indican que se ubicarán a ambos lados de la hondonada y yo misma busco mi ubicación. Hay un neumático grande, como de tractor, en un recodo, y elijo ese lugar. Al rato veo venir el agua, la hondonada se va llenando con un agua espumosa y clara, y en ella flota una especie de canasta. Han prendido lucecitas a ambos lados de la hondonada y hay mucha algarabía. Aunque no veo el contenido de la canasta sé que adentro hay alimentos y regalos, y pienso en algún ritual antiguo que despedía a sus muertos con viandas para el más allá. Pero ahí no han muerto personas, eso lo sé. Se trata de otras muertes, aunque no sé de qué tratan. Y yo tengo una vista privilegiada del evento, y es un sueño amable, y estoy extrañada pero contenta de estar allí.

miércoles, diciembre 12

Sueño, en rojo y negro

(En la madrugada del día de la tormenta)

Veo esa calle, más bien un callejón como de película, quiero decir que sé que es algo preparado, ambientado. Es sólo un callejón sucio y oscuro, solitario, y llovizna. La iluminación es difusa y muy tenue, se enfoca apenas un pequeño espacio, destacan las gotas repicando sobre la pared de un local cerrado en el que alcanzo a distinguir pedazos de afiches pegados. Alrededor, negrura y silencio.
Lo primero es el sonido de los tacos, reconozco el sonido de zapatos de bailarina. Un chap chap in crescendo, con un ritmo como de tambores africanos. El sonido me inquieta. Y entonces, con pavor, la veo. Es, sé que es, hermosa. Un figurín al estilo de esos que se dibujan cuando se diseña ropa, huesos largos y delicados, buena musculatura, cintura pequeña. Tiene el cabello muy negro y los labios pintados muy rojos. No distingo las facciones. Lleva medias de encaje, negras, y un vestidito cortísimo, como si fuera una malla pero con un volado a la altura de las caderas, rojo brillante. Algo negro en la cintura, (un cinturón, creo), y nuevamente el voladito en el escote corazón. Y los zapatos, negros, de taco alto pero ancho, de bailarina. Camina bailando, baila caminando. Ejecuta una danza pero algo en ella es aterrador, algo en la manera en que articula brazos y piernas. Camina hacia el mundo y es inevitable. Me espanta. Sé que está totalmente loca y que será devastadora.

Me despierta el viento. Es fortísimo, ha cortado la cadena que sostiene la banderola de una de las ventanas, y abierto completamente otra. Parece que se volara la casa. Me levanto, verifico que Francisco está seguro. Salgo al patio y cierro la puerta que da al pasillo, para que los gatos puedan resguardarse (entran por un recuadro donde a propósito quité el vidrio). Ato como puedo la cadena rota y logro cerrar la banderola. La otra banderola no quiere cerrarse, no tiene cadena y el viento es demasiado fuerte. Sé que no durará, así que me quedo sosteniéndola hasta que pasen la ráfagas. La tormenta se lanza con toda la furia, a los pocos minutos empieza a caer el agua y el viento amaina. Vuelvo a la cama.

Y vuelvo a soñar. Veo un cielo negro, negrísimo, y perfectamente calmo. Ni una brisa. Y entonces, empiezan a bajar: pequeños globos rojos, iluminados por dentro, cada uno sosteniendo un canastito rojo que está unido al globo por cuatro hilitos, también rojos. Me digo "farolitos chinos". Bajan suavemente, como si fueran nieve. Es una imagen perfecta y poderosa, llena de fuerza en calma.

Duermo, ahora ya sin sueños.

jueves, octubre 25

Mujerilidad

Dos hechos, uno de esta realidad, el otro del reino de los sueños.

El plomero -italiano, hombre maduro, de contextura pequeña, con indicios de darle quizá un poco demasiado al vino; ya vino antes a trabajar a casa, cuando yo recién me inauguraba en la maternidad- me mira apreciativamente, sonríe con aire complacido y apenas libidinoso, y me dice con un tono que trasluce franqueza: "Siempre tan guapa usted, tan bonita, tan sonriente, tan amable".
Le sonrío -con cero libidinosidad- y le agradezco el cumplido. A este hombre le gusta lo que ve y ya me lo ha dicho antes. Pero no tiene intenciones para conmigo, al menos no declaradas ni insinuadas siquiera -lo cual también agradezco-. Simplemente me mira con admiración y parece ponerse contento cuando me ve. Me da buenos consejos inmobiliarios, me trata con algo de paternalismo pero respetando mi edad y decisión. Le tengo aprecio, y a mí también me pone contenta cuando viene porque... vamos, porque es agradable saber que otro te encuentra atractiva o bella.

Por la tarde, hablaba yo por msn con un muchacho, contacto de trabajo, y le hice un comentario que podía interpretarse en doble sentido. Lo hice con intención y en son de broma, y así fue tomado. Él respondió: "ya voy a ir por San Telmo y vamos a tener una charla, vos y yo".

Y a la noche, sueño:
que estaba llegando a mi casa - que era en una avenida populosa, muy parecida a Av Santa Fe a la altura de Palermo- , y cuando estoy llegando paso por una parada de colectivo y escucho a alguien hablar por celular, y reconozco la voz como la del pibe con el que hablé a la tarde por msn y lo miro, y él me ve y se da cuenta de que soy yo, y aunque procura educadamente esconderlo, su mirada es de desencanto. De todas maneras se sobrepone rápido y con una sonrisa amistosa me dice: "Y, para cuándo una cerveza en el barrio?", pero esta vez no hay ningún doble mensaje. Es, sencillamente, una actitud amistosa y punto. Yo percibo este cambio, el repentino desencanto y el mensaje de "no-tengo-interés-sexual-en-vos", y, aunque este chico ni siquiera me atrae, me desazona lo rápido que perdió interés. Lo cual es algo que, por lo demás, ya tenía previsto, dado que parece que virtualmente resulto mucho más interesante que en persona, en lo que a atractivo sexual refiere, y es algo que en el sueño también tenía claro.

Cuando me desperté, todavía tenía la sensación de desazón que me había dejado el sueño. Así que eché mano del recuerdo del otro hecho, el del plomero de ayer. Compensadas así las cosas, caminé feliz por mi barrio, feliz de ser quien soy y de vivir en este barrio al que adoro. Es un hermoso día de primavera.

jueves, septiembre 6

Sueño, sexo-laboro-artrítico

Sueño.

Salgo de casa, estoy yendo a buscar a Francisco al jardín, y trato de caminar muy, muy lentamente porque sé que es demasiado temprano. Cuando doblo la esquina veo al guardia de seguridad del anticuario sentado como siempre en su silla, escuchando algo en sus auriculares y con un libro en la mano. Pienso si debo esquivarlo o pasar por delante de él. Decido pasar por delante. Pero cuando llego adonde está, me detengo. Sólo lo miro amablemente, pero mi mirada es malinterpretada. El hombre echa una ojeada hacia el zaguán del anticuario, como para constatar que no nos verán, me toma de la mano y me invita a entrar. Me sorprendo por mi propio repentino aunque mínimo interés. El zaguán está oscuro pero deja la puerta abierta. Desde el rincón oscuro en el que me dejo cojer, veo la claridad del día afuera y escucho la gente que pasa.

Estoy con Manuel en Villa de Mayo, en una de las casas que tiene mi jefa para alquilar. Manuel está trabajando para la competencia. Su jefa -Norma- no sabe que Manuel y yo vivimos juntos. Lo llama a Manuel por teléfono y yo escucho todo. Le dice que por esa casa cobre 5000. Y yo me digo que se lo voy a contar a mi jefa -Irene-.

Sueño que no puedo dormir porque me duele extraordinariamente la rodilla izquierda. El dolor es intenso de verdad, como un dolor de muela infectada. Duele y duele y no para de doler, la rodilla irradia un dolor pulsante y luminoso, es un dolor visible, como un dibujito de comic. Como la que usualmente me duele es la rodilla derecha, me lamento, en el sueño, de que me haya empezado a doler también esta otra, y encima, que duela tanto. Siento como si una uña afilada penetrara en algún nervio justo en el centro de la rodilla y la intensidad es ya insoportable. Me despierto, el despertador está sonando desde hace ya un ratito, a juzgar por la insistencia del rin-rin. El gato Tris está durmiendo al borde de la cama, con su garra levemente extendida aferrando mi rodilla (para no caerse, seguro). Me levanto, moviendo la pierna con mucho cuidado para no exacerbar el dolor. Pero no hay ningún dolor. Por suerte.

domingo, julio 29

Va a ser un día hermoso

Parece que me he enfermado. La noche se hizo demasiado corta; me desperté muchas veces sintiéndome mal, y cuando parecía que el sueño empezaba a estabilizarse, había llegado la hora de levantarse. La estiré todo lo que pude, pero seres y objetos reclamaban ya insistentemente atención. Me levanté, con la cabeza llena de algodones, y las articulaciones como si les faltara aceite. Recordé que había estado soñando algo que sucedía dentro de la escenografía de Harry Potter (porque ayer terminé el último libro, horrible y generosamente traducido por unos niños de la internet), y el sueño no debía haber sido feo porque ya despierta me quedé extrañando algo que en el sueño había pero en esta realidad no (magia, quizá).
Aunque acá está oscuro, como siempre en invierno, puedo intuir que afuera hace un sol gigante y un cielo azul apto para querubines. Y frío.
Desearía sentirme mejor.

sábado, julio 14

Sueño mentiroso

Ibamos desde La Toma hacia el pueblo, a mitad de camino, y aunque se suponía que era mediodía la claroscuridad delataba al anochecer. Y aunque se suponía que estábamos en Capilla del Monte y que era invierno, los ruidos y los aromas me hacían saber que era un atardecer de verano en Chivilcoy. Ibamos mi nene y yo, caminando, recién llegados (aunque en sentido contrario al que hubiéramos tomado de haber sido cierto) y despreocupados ambos. Mi nene era chico, pero no tan chico como es en esta realidad. Entonces, como a 50 metros en el camino, vemos a Billy. El parece no vernos, o no reconocernos. Está en medio del camino -por el que no pasa ningún auto-, y charla con una gente que -sé- vive en una casita ahi al costado del camino. Mi nene y yo nos detenemos, y yo observo lo extraño que se ve Billy. Lo veo reirse, tiene una cuerda en la mano, sé que está haciendo un collar o alguna artesanía. Lo encuentro hermoso, fuerte, joven. Me atrae mucho, y me resulta extraño sentirme tan atraída por él. Entonces aparece Tiaga, que viene desde atrás nuestro, y nos saluda, y le digo que hemos venido en busca de Billy. Ella se ríe y señala. "Ese no es Billy!", dice. Y agrega que es otro (dice un parentesco que no logro recordar, hermano? hijo?) Simulo ante Tiaga que lo sabía. Y me lamento interiormente de que sea otro, porque éste me gustaba mucho.

Qué sueño macaneador.