El pasado 9 de julio salimos de casa con Fran y en la placita de acá enfrente una banda interpretaba melodías (y lo hacían bastante bastante bien, por cierto). Un animador instaba a los niños a dirigir la banda. Fran se adelantó, le dieron la batuta, y por un rato se divirtió mucho con los altibajos de la banda según él movía la batuta hacia cualquier lado. Se trataba de la banda de músicos de la policía metropolitana.
Más tarde, y ya de regreso en casa, le cuenta por teléfono a su prima: "Hoy dirigí a los policías del teatro Metropolitan"
jueves, julio 21
Pequeña anécdota XXIV
jueves, diciembre 23
Pequeña anécdota XXI: Agnosticismo versus ignorancia
Gregorio y Francisco - 5 y 6 años respectivamente- observan un crucifijo.
Gregorio (con expresión desafiante): ¡Yo no creo en dios!
Francisco (con expresión confundida): ¿Quién es dios?
(Diciembre 2010)
martes, noviembre 16
Pequeña anécdota XX: Conversación entre padre e hijo
Fran: Hoy es un día en que no quiero que se mueran las palabras.
Billy: Pero las palabras no se mueren, cómo se van a morir las palabras?
Fran: Sí se mueren. Se mueren cuando nadie las dice.
(Capilla del Monte, Nov 2010)
viernes, septiembre 10
Pequeña anécdota XiX: cuánta mística, cuánta
Francisco y yo vamos a un restaurant. En una de las paredes hay un cuadrito con un dibujo de los tres monos místicos, más o menos como este:
lunes, junio 14
La belleza está en los ojos de quien la ve. O en el tacto.
- Sos bonita, mamá. Sos bonita como... un puercoespín sin espinas.
(?)
martes, mayo 18
Pequeña anécdota XVII: Francois Le Petoman
- Fran... no creas que no me di cuenta de que cuando estaba X en casa te tiraste un cuete. No creas que X no se dio cuenta, tampoco. Te tengo dicho ya mil veces que los cuetes, se tiran en el baño.
- ¡No entendés nada, mamá! ¡Estaba haciendo mú-si-ca!
(Entiendo que quizás estén medio hartos, si es que aún pasan por acá, de encontrar sólo pequeñas anécdotas de mi vida familiar. Para ser franca, podría postear sobre un montón de cosas, pero créanme, son cosas que, de a una o juntándolas, son pura mierda. Así que trato de concentrarme en las pavaditas cotidianas que me hacen reir)
sábado, abril 10
Pequeña anécdota XV
Francisco sigue con su locura por el espacio exterior. Y habla y habla.
- Mamá, sabés qué. Cuando crezcas (?) podés ser astronauta, y visitás el sistema solar en una nave paseal.
- Se dice "espacial", Fran. Es porque sirve para andar por el espacio.
- ¡Pero no! Se dice "paseal". ¡Porque sirve para pasear por el espacio!
(PLOP)
martes, marzo 9
(Pequeña?) Anécdota XIV
Ayer ha dicho su primera mentira. O la primera que me ha dicho a mí, al menos. Nunca supe, antes, que hubiera mentido tan descarada -¿inocente?- mente. No sé qué vio él en mi mirada cuando se dio cuenta de que la mentira había quedado al descubierto, porque aún no le había dicho nada y ya se había puesto a llorar con gran amargura.
No fue una mentira porque sí, una fantasía de esas que a veces le gusta desarrollar. Fue una mentira en toda regla, elaborada en defensa propia. Se había mandado una macana desobedeciéndome, y lo había hecho a conciencia, no sé si para probar su independencia, la validez de mi explicación previa de por-qué-eso-no-debía-hacerse, o si para llamar mi atención (muy probable). La importancia, a mi juicio, no estaba tanto la desobediencia si no en que negara haber sido él el responsable. "No fui yo", declaró con todo descaro. Por supuesto, reaccioné con dureza, pero eso fue después. Primero fue la sensación de sorpresa y amargura. Eso fue lo que él leyó primero en mí, y lo que desencadenó rápidamente su asumir la culpabilidad. Sé que pensé "no tengo que dejarlo pasar", y actué como mejor me pareció. El castigo no era gran cosa pero fue a rajatabla; lo importante era marcar el momento. No debe mentirme. No todavía y no a mí, al menos. Tiene cinco años nomás y la tendencia a ocultar las cosas que le ocurren. Por ejemplo, cuando viene mal del Jardín, tengo que tener una enorme paciencia y con tirabuzón logro que me cuente qué le pasó. Su respuesta inicial siempre es "nada, no pasó nada". Es necesario que sepa que puede confiar en mí, que debe confiar en mí. Que no es bueno que me oculte cosas, que jamás debe hacer caso a alguien que le diga que no me cuente cosas, porque enterándome es la única forma en que yo puedo ayudarlo. Y ahora, me mintió. Por primera vez, eligió decir algo falso para evitarse un castigo. Mi reacción fue rápida y firme; espero que haya servido. Espero que haya entendido que lo que importa es que sea veraz, que se haga responsable de sus actos, y no que aprenda a elaborar mejor su mentira para eludir posibles castigos. Ayer reaccionó, creo, bien. Se arrepintió inmediatamente de haber(me) mentido y lo hizo antes de oir el castigo, antes de la advertencia a futuro. ¿Habrá servido? Quién sabe. Vaya a saber cómo se enseñan estas cosas. ¿Cómo se le enseña el valor y la belleza de la verdad? Y todos los matices que puede tener, antes de que resulte definitivamente una mentira.
Cómo crece de rápido. Qué bueno que crezca. Qué difícil es acompañarlo en esto.
domingo, julio 26
Un día perfecto
Sábado 25.
miércoles, junio 17
Pequeña Anécdota. XII: Definiciones
sábado, mayo 23
Pequeña Anécdota. XI
viernes, mayo 1
Lindo
Aunque el otoño ya está, supuestamente, bien instalado, el verano se resiste a irse, y es por eso que el bar Defensa tenía todas las ventanas abiertas. Fran y yo, sentados a una de las mesitas redondas, cumplíamos el "ritual" de la salida del Jardín: baretinear en el Defensa. Yo tomaba mi cortado y él terminaba ya su jugo de naranja. De pronto, desde una de las ventanas a nuestra espalda...
- Lindo... ¡li-in-doo! -canturreó una vocecita.
Fran saltó de la silla y corrió hacia la ventana, adonde lo esperaba la sonrisa luminosa de Sofía, su "novia".
Agarrado del borde de la ventana, Fran empezó a dar saltitos. Del otro lado, Sofía lo imitó. Y se mataban de risa.
Estuvieron así como cinco minutos, tiempo que tardé en terminar mi cortado y pagar. Lo llamé.
- ¿Vamos, Fran?
Fran volvió corriendo, se puso la mochila a la espalda y salimos a la calle.
Afuera nos esperaba Sofía con su niñera.
- Chau, lindo... - le dijo, mirándolo embelesada.
Cada vez más locas vienen las mujeres.
jueves, abril 23
Día de la Tierra
Conclusión de Fran luego de pasar todo el día dale que dale con el Día de la Tierra (parece que en el Jardín les hablaron algo al respecto):
martes, marzo 17
Pequeña Anécdota. X
Aclaración: Por los primeros comentarios que me dejaron, quiero aclarar: no es que fue poético ni nada. El de veras creyó que era una estrella. Así que, disculpen que no voy a seguir las sugerencias que me dejaron: sí voy a intentar que se acerque a las ciencias!!
domingo, marzo 15
Verde que te quiero verde
Bueno, como ya habrán visto los que vienen por acá cada tanto, le cambié un poco el aspecto al bló. Básicamente: lo teñí de verde.
Tengo un par de cosas que decir sobre el verde.
- El color verde me gusta. Me gusta cuando llueve y el campo queda bien bien verde. El verde es abundancia, es vida.
- No sé de dónde lo saqué (me lo habrán dicho de chiquita y me lo aprendí), pero sé que la esperanza es de color verde.
Y ahí está Paulina, que se nos apareció antes de tiempo, se ve que estaba ansiosa por conocer su mundo, cosa que no nos debe extrañar porque su mamá le habrá estando contando quién sabe qué cosas mientras la tenía en la panza, y como todos acá sabemos, no hay como ella para narrar cosas. Cómo nos iba a sorprender, entonces, que ella quisiera salir a conocer todo eso que la mamá le contaba. Y como se apuró tanto, la muy ansiosa, todavía no puede disfrutar de todo eso. Tiene que esperar, y nosotros también.
Así que acá estamos, en la dulce esperanza. Por eso, a partir de hoy, este blog es verde.
sábado, marzo 14
A ver, opinen
Qué les parece? Muy cambalachero?
Es que ando contenta. Hoy mis amigos Vontrier y Pablo(yo) tuvieron a upa a su hijita Paulina, aka La Pulguita.
Ah, otra cosa. Si alguno ve que falta link a su weblog o página, ahi en Recomendados, me avisa. Hice uso de mi memoria y del reader, pero por ahi se me pasó alguno.
Update: sigo haciendo cambios.
sábado, diciembre 27
Para que no te olvides
No me importan el rito ni la tradición, me importa que, en mi propia infancia, todo el asunto tenía una belleza y una luz y una alegría extremas, y por eso quise transmitírtelo. Para que vos también lo vivieras. Quizá esa es la razón por la que estas y otras cosas se transmitan de generación en generación. Uno debiera dejar de hacerlo cuando ya ha perdido sentido, cuando ya no recordamos ni por qué lo hacemos. Pero por ahora lo tiene, y entonces vale la pena. Te sigo contando, entonces...
Dos días antes te dije: "el lunes 8 vamos a armar el Arbolito y vos me vas a ayudar, ¿querés?". Dijiste que sí, con la seriedad y la despreocupación de los cuatro años que estrenaste hace un par de meses. El domingo me preguntaste: "¿hoy es lunesocho?", te dije que no y no preguntaste más. El lunes, feriado, fui a buscar todo. Lo primero fue la bolsa con el árbol, que estaba polvoriento y todo torcido después de pasar un año entero entre los trastos.
Había pensado en comprar un árbol nuevo, para que lo estrenaras vos, pero la verdad es que me encanta este árbol. Me acuerdo del momento en que lo compré, fue mi primer árbol, es decir, no el árbol de la casa familiar sino el mío propio, y aunque no pasé una sola navidad junto a él, me adornó las previas, y sobre todo, afianzó mi intento de hogar, de lugar mío, después de aquel amor devastador que dejó mi vida desvencijada durante un tiempo. No, no voy a deshacerme de este arbolito. No todavía.
No te pareció gran cosa ese árbol de plástico sucio y torcido. Lo limpié, le enderecé las ramas, y aunque ganaste algo de entusiasmo, todavía seguía sin parecerte gran cosa. Pero entonces abrí las cajas, y ahí empezó el asombro. Tus ojitos se abrieron maravillados ante las pelotitas doradas, las cajitas rojas simulando regalitos mínimos, los pequeños papanoeles rojos, plateados, dorados, la estrella de Belén. Las cintas te resultaron fascinantes y empezaste a correr por el living enroscándote con ellas. No te llamó la atención la tira de pelotas opacas, y te desilusionó cuando te dije que esa tira sería lo primero que pondríamos en el árbol. "Primero la tira, después las cintas, y al final los adornos".
"Primero las luces, después las cintas, y al final los colgantes. De adentro para afuera se arma el arbolito, porque si no se engancha todo." Yo tenía seis o siete años cuando mi mamá me permitió tocar los adornos por primera vez, porque en esa época eran frágiles y costosos. Tuve mucho cuidado, pero cuando una de las bolas se me cayó y se hizo añicos en el piso, me puse a llorar de frustración. No obstante, el llanto me duró poquito porque, maravilla de maravillas, cada fragmento era un espejito cóncavo, parecía que se hubieran desparramado cientos de estrellas en el piso del vestíbulo. Siempre me gustaron tanto los objetos brillantes!
Yo me encargué de la tira y las cintas, y te dejé a vos la tarea de colgar los adornos a tu antojo. Lo hiciste muy bien, con cuidado y prolijito. Mientras lo armábamos, te fui contando el cuento de Papá Noel. Esa idea del cuento me la dio Mabel, y me resultó útil. Quiero decir: no te conté que existía un Papá Noel, te conté que había un cuento. Un cuento que decía que un señor que vivía en el Polo Norte, cada año, para la fecha del cumpleaños del Jesú (como lo llamás vos), repartía regalos a los nenes. Entonces, nosotros, ahora que llegaba esa fecha, jugaríamos a ser Papá Noel. Compraríamos regalos y los dejaríamos bajo el arbolito para que los nenes los encontraran. "¿Todos los nenes?", preguntaste. "Todos los que podamos", te contesté. "¿Yo también?" "Vos también, claro".
A mí no me lo contaban como cuento, recordé. Me contaban simplemente que venía Papá Noel, yo lo creía sin más ni más. El Papá Noel de mi infancia traía una bombachita rosa, ocasionalmente también algunas golosinas (los regalos "importantes" eran cosa de los Reyes Magos). Unos días antes de la Navidad, acompañaba a mi mamá a llevar bolsas con golosinas, juguetes y ropitas a la iglesia o al patronato. Me intrigaba por qué éramos nosotros quienes teníamos que llevar esos regalos, por qué Papá Noel no le dejaba nada a esos otros nenes. Pero nunca se lo pregunté a mi madre ni a nadie. Hoy creo que de alguna manera sabía que lo del Papá Noel era un cuento, y que para muchos otros nenes no habría ningún Papá Noel ni Rey Mago salvo el que fabricara algún adulto para ellos, y supongo que temía que si hacía la pregunta en voz alta, se perdiera la magia y ya no recibiera ningún regalo yo misma. La generosidad y el egoísmo van de la mano, en la infancia. Lamentablemente, en la adultez no suelen ir muy parejo.
Cuando ya estaba todo listo, apareció una cajita más, llena de moñitos azules con estrellitas. Las distribuimos a discreción. Había quedado bonito. Un poco inestable, cierto, porque hace unos años el pie se perdió y desde entonces lo reemplacé con una lata plateada que hace las veces de maceta. "No hay que estar tocándolo", te recomendé, "es para mirarlo nomás". Elegimos un lugar en el living -al lado de la ventana y cerca de un enchufe-, lo colocamos sobre un banquito. Lo mirabas como con respeto. Pero yo te tenía una sorpresa más. Esa tira con pelotas opacas, que no te había llamado la atención... cuando la enchufé, todas las pelotas se iluminaron suavemente, y empezaron a parpadear. Te quedaste boquiabierto, tu fascinación fue palpable. "Qué liiiiiiiindo....", dijiste.
Desde entonces, todas las noches encendimos un rato el árbol. Y te fui contando otras cosas. De los juguetes que ya no usabas, de la ropa que ya te quedaba chica. Que las vamos a llevar juntos a la Salita, para que las puedan repartir a otros nenes. No sé cuánto entendiste, yo misma no entiendo mucho de todo esto. No importa si es caridad, si en la caridad hay soberbia, si es oportunidad que aprovechás para descartar cosas que ya no te sirven. No hay que pensarlo mucho, hay que hacerlo y ya. Porque, aunque sea por un ratito, es alegría, belleza, luz. No lo tenemos todo el tiempo, eso. Sigue teniendo sentido. Feliz Navidad, mi chiquito.
Diciembre de 2008. El arbolito que armamos Fran y yo.
viernes, diciembre 12
jueves, diciembre 11
Verano
A mí me gusta el verano. Me gusta que haga calor, que la cabeza se caliente al sol, me gusta que haya agua cerca, accesible, me gusta el olor de la Tierra y los ruidos de los bichitos en verano.
Y aunque me la pase acá adentro encerrada trabajando, el verano vive en mi cabeza y me alcanza con saber que "ese" verano está ahí, en alguna parte, y que hay seres disfrutándolo. Sí, definitivamente, soy un poco más feliz en verano.
Con un torrente gris de paloma
y una canción de verano y remo,
con una lluvia de sol y aroma
se va la tarde, novia del viento.
Dame isleñita ese vino agreste
de tu racimo, nácar y miel,
todo el paisaje me huele a verde,
crece en mis venas y arde en tu piel.
Cintura de arena, azul pentagrama,
distancia y camino sonoro es el agua,
llevame contigo donde nace el mar
y la luna muere mojando el trigal.
Un cielo rosa flecha las tunas,
su cruz en vuelo tiende el biguá,
y el río estira su piel lobuna
bajo un diciembre tibio y frutal.
Pasa entre juncos la enorme boa
mordiendo el verde arrullo del viento
y un signo oscuro, lenta canoa
como un adiós de verano y remo...
martes, noviembre 18
Pequeña Anécdota. VIII
A Fran le regalaron unos indiecitos de plástico.
Lo que yo veo:
- un indio con un hacha.
- un indio con arco y flecha.
- un indio con un bastón de hechicero (un palo con una calavera de cabra o similar en la punta)
- un indio con un fusil.
Lo que él ve:
- un indio con un martillo, que va a construir una casa de madera.
- un indio que va a pintar (con una paleta y un pincel).
- un indio que juega a andar a caballo.
- un indio violinista.
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