
lunes, septiembre 7
Mis artísticos amigos

domingo, julio 26
Un día perfecto
Sábado 25.
sábado, febrero 7
Pequeña Anécdota. IX
I.
Francisco prueba un bizcocho y lo escupe.
- Eh, por qué escupís?
- Porque es impítido! No tiene gusto a nada.
II.
Facu - amigo de Francisco y una de las mitades del tándem JaviFacu -, huele algo que le hace picar la nariz, y le cuenta a su mamá:
- Ese olor me hace atchusar.
III.
Facu juega con un autito, y cuando lo lanza va a parar atrás de donde está la mamá. Para alcanzarlo, la mamá debe darse vuelta.
- Mamá, arrondate.
IV.
Compro un adminículo con forma de farolito que funciona tanto de linterna como de radio FM. Francisco está admirado.
- Es buenísimo! Da luz, y además arradia.
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martes, noviembre 11
Cosas que me gustan de los Arechaga. IV
¿No les cansa que tanta gente se sienta con derecho a opinar/aconsejar sobre cualquier cosa?
Yo soy una de esas, aunque me pese. Reconozco que cuando alguien expone un problema o situación conflictiva, siento un enorme deseo de tener algo que decir que ayude, consuele, clarifique, libere. No me es fácil dominar esa compulsión, y a menudo, encuentre o no que lo que voy a largar es útil, lo largo igual, al reverendo pedo, ocupando un espacio donde el silencio habría sido la mejor opción. No soy de hacer lo mismo en cuestiones más "macro", pero generalmente por falta de datos suficientes. En cuanto a lo "micro", y a mi compulsión por opinar y/o aconsejar, lidio contra ella desde que tomé conciencia de que era compulsivo (tristemente, no hace mucho tiempo). Como quien decide dejar de fumar, bastó para que instantáneamente desarrollara un fastidio contra cualquier aconsejador u opinador de esta misma calaña. No importa si me están aconsejando a mí o nomás declaran su posición sin que a nadie le importe ni se los haya pedido. Lo mandaría a la merde sin más ni más, sólo por opinar, juzgar, defender, atacar, aconsejar no sólo sin fundamento sino y sobre todo, sin conocimiento suficiente. Como me he vuelto más civilizada (léase más vieja) no lo hago, y rebusco en mi interior algún mantra budista, nagualero, católico, cualquier cosa que me pueda ayudar a soportar educadamente o hacer mutis por el foro.
Por otro lado, rescato, tanto en lo propio como en lo ajeno, la opinión o el consejo desapasionado y certero.
Y esa es otra de las razones por la que me gustan los Arechaga: jamás te aconsejan al pedo. Y cuando opinan, lo hacen desde una sinceridad y un desinterés personal tan franciscano, que sus palabras siempre valen la pena de ser escuchadas. Creo que nunca te lo digo, así que aprovecho: Gracias, Arechamigo.
