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martes, mayo 17

Pequeña anécdota XXIII: Candela y la ortografía

Mi sobrina Candela tiene tres años. Los papás decidieron que le regalarían un perrito, y le preguntaron cómo quería llamarlo.
- Ehm... ¡Culi!
- Bueno - dijo el papá - pero con K. "Kuli" con K.
- Bueno, está bien - contestó ella.

Más tarde, le cuenta a la abuela que le iban a regalar un perrito. La abuela le pregunta: ¿Y cómo se va a llamar?
- ¡Culiconka!

Y ahi anda ahora Culiconka, siguiéndola para todas partes :-)


(Mayo 2011)

jueves, diciembre 23

Pequeña anécdota XXI: Agnosticismo versus ignorancia

Gregorio y Francisco - 5 y 6 años respectivamente- observan un crucifijo.

Gregorio (con expresión desafiante): ¡Yo no creo en dios!

Francisco (con expresión confundida): ¿Quién es dios?


(Diciembre 2010)

martes, noviembre 16

Pequeña anécdota XX: Conversación entre padre e hijo

Fran:  Hoy es un día en que no quiero que se mueran las palabras.
Billy: Pero las palabras no se mueren, cómo se van a morir las palabras?
Fran: Sí se mueren. Se mueren cuando nadie las dice.

(Capilla del Monte, Nov 2010)

viernes, septiembre 10

Pequeña anécdota XiX: cuánta mística, cuánta

Francisco y yo vamos a un restaurant. En una de las paredes hay un cuadrito con un dibujo de los tres monos místicos, más o menos como este:


Francisco me pregunta sobre los monos. Como por alguna razón siempre recuerdo primero la explicación en inglés ("see no evil, hear no evil, speak no evil"), dubito un poco en cada uno, tratando de explicarle con palabras sencillas la "sabiduría" de los monos, pero además y sobre todo estoy distraída hojeando el menú:

- Lo que estos monos quieren expresar... a ver, es así: el primero te dice... "no mires cosas malas", o sea... se tapa los ojos para no quedarse mirando cosas malas... como que no hay que perder el tiempo mirando boludeces o cosas que no te sirven para nada... el segundo se tapa los oídos... para indicar que no hay que prestar oídos a los chismes y las cosas malas que pueda decir la gente... y el tercero... el tercero... (hojeo el menú, me distraigo, no atino a completar la frase)

- ¡Ya sé! - interviene Francisco - ¡No comer boludeces!


martes, agosto 10

Pequeña anécdota XVIII.

Francisco me cuenta que en el Jardín les están enseñando la marcha de San Lorenzo y que todos los días los hacen cantarla.
- ¿Y ya te la sabés?
- Sí. ¿Querés que la cante?
- Dale.
- FEEEGUASOOOOMA
- Febo. Febo-asoma. Febo le dicen al Sol...
- Ah quiere decir que es el amanecer. Bueno: FEEEEBO ASOOOMA, YA SUS RAAAAAYOS ILUMINAN EL HISTÓRI COCOVEEEENTO. Mamá, ¿qué es cocovento?
- No, es "histórico convento". Convento es como una casa donde viven los monjes.
- Como Manuel.
- Ehh... bueno, sí. Pero no eran monjes zen como Manuel. Parecidos. Dale.
- TRAS LOS MUUUUROS SORDOS RUIIIIDOS... Ma, ¿cómo es un ruido sordo? ¿No puede escuchar?
- Ehhh, no. Es... un ruido apagado. Quiere decir que desde afuera del convento, o sea, del otro lado de las paredes, los muros, se escuchaba un poco lo que pasaba adentro, pero no mucho. Dale.
- OIR SE DEJAN DE CORCELES Y DE ACEEEEEERO. ¿Y corceles? ¿Qué son corceles?
- Caballos. Acero es por las espadas.
- Ah, de metal.
- Claro. Dale.
- SON LAS HUEEEEESTES... ¿Huestes qué son?
- Ejércitos.
- QUE PREPAAAAARA SANMARTIN PARA LUCHAR EN SANLOREEEEENZO Y EL CLARIIIN ESTRIDENTESONÓOOOO Y LA VOZ DEL GRANJEEEFE A LA CARGA ORDENÓ. AVAAAANZA ELENEMIIIIGO, A PAAAASO RE-DOBLAAADO, AL VIEEEENTO DESPLEGAAAADO, SU ROOOOJO PABELLÓOOON.. Mamá ¿por qué se doblaba el enemigo? ¿Qué es pabellón?
- No, no es que se doblaba. Paso redoblado me parece que quiere decir que iban marchando, siguiendo el ritmo del redoble del tambor, ¿viste?
- Claro, o del redoblante. Tururum-tum-tum-tum, tururum-tum-tum-tum.
- Sí, creo que es eso. Y pabellón es bandera. Quiere decir que llevaban una bandera roja.
- ¿Eran de River?
- Ehhh, no. Che te la sabés bárbara la marcha, Fran, te felicito. Andá a jugar con tu prima.
- ¡Pero no terminé todavía!
- No importa. Cantásela a tu prima, dale, le va a encantar.


Domingo 8 de agosto, 2010

lunes, junio 14

La belleza está en los ojos de quien la ve. O en el tacto.

- Sos bonita, mamá. Sos bonita como... un puercoespín sin espinas.

(?)

martes, mayo 18

Pequeña anécdota XVII: Francois Le Petoman

- Fran... no creas que no me di cuenta de que cuando estaba X en casa te tiraste un cuete. No creas que X no se dio cuenta, tampoco. Te tengo dicho ya mil veces que los cuetes, se tiran en el baño.
- ¡No entendés nada, mamá! ¡Estaba haciendo mú-si-ca!

(Entiendo que quizás estén medio hartos, si es que aún pasan por acá, de encontrar sólo pequeñas anécdotas de mi vida familiar. Para ser franca, podría postear sobre un montón de cosas, pero créanme, son cosas que, de a una o juntándolas, son pura mierda. Así que trato de concentrarme en las pavaditas cotidianas que me hacen reir)



martes, marzo 9

(Pequeña?) Anécdota XIV

Ayer  ha dicho su primera mentira. O la primera que me ha dicho a mí, al menos. Nunca supe, antes, que hubiera mentido tan descarada -¿inocente?- mente. No sé qué vio él en mi mirada cuando se dio cuenta de que la mentira había quedado al descubierto, porque aún no le había dicho nada  y ya se había puesto a llorar con gran amargura.
No fue una mentira porque sí, una fantasía de esas que a veces le gusta desarrollar. Fue una mentira en toda regla, elaborada en defensa propia. Se había mandado una macana desobedeciéndome, y lo había hecho a conciencia, no sé si para probar su independencia, la validez de mi explicación previa de por-qué-eso-no-debía-hacerse, o si para llamar mi atención (muy probable). La importancia, a mi juicio, no estaba tanto la desobediencia si no en que negara haber sido él el responsable. "No fui yo", declaró con todo descaro. Por supuesto, reaccioné con dureza, pero eso fue después. Primero fue la sensación de sorpresa y amargura. Eso fue lo que él leyó primero en mí, y lo que desencadenó rápidamente su asumir la culpabilidad. Sé que pensé "no tengo que dejarlo pasar", y actué como mejor me pareció. El castigo no era gran cosa pero fue a rajatabla; lo importante era marcar el momento. No debe mentirme. No todavía y no a mí, al menos. Tiene cinco años nomás y la tendencia a ocultar las cosas que le ocurren. Por ejemplo, cuando viene mal del Jardín, tengo que tener una enorme paciencia y con tirabuzón logro que me cuente qué le pasó. Su respuesta inicial siempre es "nada, no pasó nada". Es necesario que sepa que puede confiar en mí, que debe confiar en mí. Que no es bueno que me oculte cosas, que jamás debe hacer caso a alguien que le diga que no me cuente cosas, porque enterándome es la única forma en que yo puedo ayudarlo. Y ahora, me mintió. Por primera vez, eligió decir algo falso para evitarse un castigo. Mi reacción fue rápida y firme; espero que haya servido. Espero que haya entendido que lo que importa es que sea veraz, que se haga responsable de sus actos, y no que aprenda a elaborar mejor su mentira para eludir posibles castigos. Ayer reaccionó, creo, bien. Se arrepintió inmediatamente de haber(me) mentido y lo hizo antes de oir el castigo, antes de la advertencia a futuro. ¿Habrá servido? Quién sabe. Vaya a saber cómo se enseñan estas cosas. ¿Cómo se le enseña el valor y la belleza de la verdad? Y todos los matices que puede tener, antes de que resulte definitivamente una mentira.

Cómo crece de rápido. Qué bueno que crezca. Qué difícil es acompañarlo en esto.

jueves, enero 7

Pequeña Anécdota XIII

Estamos en una combi, viajando desde Chivilcoy hacia Capital, luego de las fiestas. Como lleva el aire acondicionado, todas las ventanillas están cerradas. La gente va en silencio, y lo único que se escucha es la música de la radio, a un volumen bastante bajo.
En determinado momento pasamos cerca de un vertedero de basura y la combi es invadida por un olor nauseabundo. Probablemente por el calor, el olor es mucho más pestilente que en otras ocasiones. Poniendo cara de asco,  digo en voz baja: "¡Pufff, qué olor asqueroso!"
Inmediatamente Francisco me mira alarmado y, en voz perfectamente audible en toda la combi, me recrimina: "¡Mamá, no digas así, todos van a darse cuenta de que me estoy tirando pedos!"


Enero 2010.

miércoles, junio 17

Pequeña Anécdota. XII: Definiciones



bigote: es una cosa que usan los tíos debajo de la nariz.

Manuel Belgrano: un nene que se le perdió la bandera en el Jardín. Después la descubrió.

San Telmo: nombre que tenía nuestro barrio antes. Ahora se llama Virreinato de la plata.


sábado, mayo 23

Pequeña Anécdota. XI

I.
Francisco me ayuda a preparar un pastel de papa. La ayuda consiste en ir trayendo de la heladera lo que le voy pidiendo. Según le indico lo que necesito, va poniendo sobre la mesada: la leche, un huevo, la carne picada, un ají morrón, queso de rallar. Luego observa su trabajo: todos los ingredientes están muy ordenaditos, en línea, uno al lado del otro.
- Mamá, lo hice muy bien. ¿Sabés por qué?
- ¿Por qué?
- Porque soy un ponedor profesional.

II.
- Mamá, está muy rico el pastel. ¿Por qué?
- ¡Porque lo hicimos con amoooorrrr!
- Sí. Y con papas.

viernes, mayo 1

Lindo

Aunque el otoño ya está, supuestamente, bien instalado, el verano se resiste a irse, y es por eso que el bar Defensa tenía todas las ventanas abiertas. Fran y yo, sentados a una de las mesitas redondas, cumplíamos el "ritual" de la salida del Jardín: baretinear en el Defensa. Yo tomaba mi cortado y él terminaba ya su jugo de naranja. De pronto, desde una de las ventanas a nuestra espalda...
- Lindo... ¡li-in-doo! -canturreó una vocecita.
Fran saltó de la silla y corrió hacia la ventana, adonde lo esperaba la sonrisa luminosa de Sofía, su "novia".
Agarrado del borde de la ventana, Fran empezó a dar saltitos. Del otro lado, Sofía lo imitó. Y se mataban de risa.
Estuvieron así como cinco minutos, tiempo que tardé en terminar mi cortado y pagar. Lo llamé.
- ¿Vamos, Fran?
Fran volvió corriendo, se puso la mochila a la espalda y salimos a la calle.
Afuera nos esperaba Sofía con su niñera.
- Chau, lindo... - le dijo, mirándolo embelesada.


Cada vez más locas vienen las mujeres.




Update: 


jueves, marzo 19

Marzo

Hoy me desperté a las 6 am. Mi horario de trabajo empieza a las 10 y normalmente Fran no se despierta hasta las 10.30hs, así que me levanté sabiendo que tenía por delante poco más de tres horas de no tener que ocuparme de nadie, de nada, tres horas sólo para mí, para hacer nada o hacer cualquier cosa. Era un alivio anticipado, porque hace tres días que estoy durmiendo muy poco. El fin de semana pasado un pintor estuvo pintando el patio y eso le provocó a Fran el peor ataque de broncoespasmos de su vida. Hubo que nebulizarlo cada cuatro horas, darle un medicamento cada seis, llevarlo cada día al control del Pediatra, lidiar con su molestia y con mi angustia, todo lo cual se agrega a días ya de por sí saturados de trabajo. Cuando una trabaja en su casa, no puede faltar al trabajo. Tampoco hay nadie cerca que pueda venir a darme una mano, y en estos días no ando con dinero suficiente como para pagarle a alguien su ayuda.
Así que tenía esas tres horas por delante para descansar de la vida diaria, para hacer nada o hacer cualquier cosa que no significara una obligación, y sólo yo sé cuánto lo necesitaba. Preparé el mate, agarré un libro, y me fui a sentar al patio, que estaba fresco y silencioso.
Ni diez minutos pasaron. Fran se despierta y empieza a llorar a gritos porque no me ve, así que entro, voy a la cama, intento que se vuelva a dormir pero no lo logro, y quiere levantarse, y llora y grita porque tiene la garganta seca y la forma de que se le pase el dolor es justamente llorando y gritando, y necesita que lo consuele, que lo atienda, que lo nebulice, que lo vista, que le haga el desayuno, que me ocupe de él. Son las 7 de la mañana y estoy TAN cansada.

Me encierro un ratito en el baño y lloro, de puro cansancio.

martes, marzo 17

Pequeña Anécdota. X




Hay viento, y la ventana está abierta. Se cuela hasta el living un "panadero", la florcita seca del diente de león.


Francisco la ve pasar, con los ojos que se le desorbitan de pura maravilla:


- ¡Mamá! ¡Bajó una estrella!



Aclaración: Por los primeros comentarios que me dejaron, quiero aclarar: no es que fue poético ni nada. El de veras creyó que era una estrella. Así que, disculpen que no voy a seguir las sugerencias que me dejaron: sí voy a intentar que se acerque a las ciencias!!


Enero 2009.

sábado, febrero 7

Pequeña Anécdota. IX

I.
Francisco prueba un bizcocho y lo escupe.
- Eh, por qué escupís?
- Porque es impítido! No tiene gusto a nada.

II.
Facu - amigo de Francisco y una de las mitades del tándem JaviFacu -, huele algo que le hace picar la nariz, y le cuenta a su mamá:
- Ese olor me hace atchusar.

III.
Facu juega con un autito, y cuando lo lanza va a parar atrás de donde está la mamá. Para alcanzarlo, la mamá debe darse vuelta.
- Mamá, arrondate.

IV.
Compro un adminículo con forma de farolito que funciona tanto de linterna como de radio FM. Francisco está admirado.
- Es buenísimo! Da luz, y además arradia.

.

miércoles, enero 21

Al regreso

Antes de salir, había pensado que al regreso iba a tener material para postear. Pero a lo largo de toda la semana de vacacionar, mi mente se fue vaciando, vaciando. Y lo único que quedó fue una sonrisa de contentura. Como ésta:

sábado, diciembre 27

Para que no te olvides

Todos los años te armé el arbolito, pero eras demasiado chiquito, y ni bien lo desarmaba te olvidabas de él. Pero el año pasado pensé que para la próxima oportunidad ya ibas a participar de todo el rito, así que fui previsora y guardé todo muy prolijo, una caja para los adornos, otra para las luces, otra para las cintas, y el arbolito dentro de una bolsa de consorcio.

No me importan el rito ni la tradición, me importa que, en mi propia infancia, todo el asunto tenía una belleza y una luz y una alegría extremas, y por eso quise transmitírtelo. Para que vos también lo vivieras. Quizá esa es la razón por la que estas y otras cosas se transmitan de generación en generación. Uno debiera dejar de hacerlo cuando ya ha perdido sentido, cuando ya no recordamos ni por qué lo hacemos. Pero por ahora lo tiene, y entonces vale la pena. Te sigo contando, entonces...

Dos días antes te dije: "el lunes 8 vamos a armar el Arbolito y vos me vas a ayudar, ¿querés?". Dijiste que sí, con la seriedad y la despreocupación de los cuatro años que estrenaste hace un par de meses. El domingo me preguntaste: "¿hoy es lunesocho?", te dije que no y no preguntaste más. El lunes, feriado, fui a buscar todo. Lo primero fue la bolsa con el árbol, que estaba polvoriento y todo torcido después de pasar un año entero entre los trastos.

Había pensado en comprar un árbol nuevo, para que lo estrenaras vos, pero la verdad es que me encanta este árbol. Me acuerdo del momento en que lo compré, fue mi primer árbol, es decir, no el árbol de la casa familiar sino el mío propio, y aunque no pasé una sola navidad junto a él, me adornó las previas, y sobre todo, afianzó mi intento de hogar, de lugar mío, después de aquel amor devastador que dejó mi vida desvencijada durante un tiempo. No, no voy a deshacerme de este arbolito. No todavía.

No te pareció gran cosa ese árbol de plástico sucio y torcido. Lo limpié, le enderecé las ramas, y aunque ganaste algo de entusiasmo, todavía seguía sin parecerte gran cosa. Pero entonces abrí las cajas, y ahí empezó el asombro. Tus ojitos se abrieron maravillados ante las pelotitas doradas, las cajitas rojas simulando regalitos mínimos, los pequeños papanoeles rojos, plateados, dorados, la estrella de Belén. Las cintas te resultaron fascinantes y empezaste a correr por el living enroscándote con ellas. No te llamó la atención la tira de pelotas opacas, y te desilusionó cuando te dije que esa tira sería lo primero que pondríamos en el árbol. "Primero la tira, después las cintas, y al final los adornos".

"Primero las luces, después las cintas, y al final los colgantes. De adentro para afuera se arma el arbolito, porque si no se engancha todo." Yo tenía seis o siete años cuando mi mamá me permitió tocar los adornos por primera vez, porque en esa época eran frágiles y costosos. Tuve mucho cuidado, pero cuando una de las bolas se me cayó y se hizo añicos en el piso, me puse a llorar de frustración. No obstante, el llanto me duró poquito porque, maravilla de maravillas, cada fragmento era un espejito cóncavo, parecía que se hubieran desparramado cientos de estrellas en el piso del vestíbulo. Siempre me gustaron tanto los objetos brillantes!

Yo me encargué de la tira y las cintas, y te dejé a vos la tarea de colgar los adornos a tu antojo. Lo hiciste muy bien, con cuidado y prolijito. Mientras lo armábamos, te fui contando el cuento de Papá Noel. Esa idea del cuento me la dio Mabel, y me resultó útil. Quiero decir: no te conté que existía un Papá Noel, te conté que había un cuento. Un cuento que decía que un señor que vivía en el Polo Norte, cada año, para la fecha del cumpleaños del Jesú (como lo llamás vos), repartía regalos a los nenes. Entonces, nosotros, ahora que llegaba esa fecha, jugaríamos a ser Papá Noel. Compraríamos regalos y los dejaríamos bajo el arbolito para que los nenes los encontraran. "¿Todos los nenes?", preguntaste. "Todos los que podamos", te contesté. "¿Yo también?" "Vos también, claro".

A mí no me lo contaban como cuento, recordé. Me contaban simplemente que venía Papá Noel, yo lo creía sin más ni más. El Papá Noel de mi infancia traía una bombachita rosa, ocasionalmente también algunas golosinas (los regalos "importantes" eran cosa de los Reyes Magos). Unos días antes de la Navidad, acompañaba a mi mamá a llevar bolsas con golosinas, juguetes y ropitas a la iglesia o al patronato. Me intrigaba por qué éramos nosotros quienes teníamos que llevar esos regalos, por qué Papá Noel no le dejaba nada a esos otros nenes. Pero nunca se lo pregunté a mi madre ni a nadie. Hoy creo que de alguna manera sabía que lo del Papá Noel era un cuento, y que para muchos otros nenes no habría ningún Papá Noel ni Rey Mago salvo el que fabricara algún adulto para ellos, y supongo que temía que si hacía la pregunta en voz alta, se perdiera la magia y ya no recibiera ningún regalo yo misma. La generosidad y el egoísmo van de la mano, en la infancia. Lamentablemente, en la adultez no suelen ir muy parejo.

Cuando ya estaba todo listo, apareció una cajita más, llena de moñitos azules con estrellitas. Las distribuimos a discreción. Había quedado bonito. Un poco inestable, cierto, porque hace unos años el pie se perdió y desde entonces lo reemplacé con una lata plateada que hace las veces de maceta. "No hay que estar tocándolo", te recomendé, "es para mirarlo nomás". Elegimos un lugar en el living -al lado de la ventana y cerca de un enchufe-, lo colocamos sobre un banquito. Lo mirabas como con respeto. Pero yo te tenía una sorpresa más. Esa tira con pelotas opacas, que no te había llamado la atención... cuando la enchufé, todas las pelotas se iluminaron suavemente, y empezaron a parpadear. Te quedaste boquiabierto, tu fascinación fue palpable. "Qué liiiiiiiindo....", dijiste.

Desde entonces, todas las noches encendimos un rato el árbol. Y te fui contando otras cosas. De los juguetes que ya no usabas, de la ropa que ya te quedaba chica. Que las vamos a llevar juntos a la Salita, para que las puedan repartir a otros nenes. No sé cuánto entendiste, yo misma no entiendo mucho de todo esto. No importa si es caridad, si en la caridad hay soberbia, si es oportunidad que aprovechás para descartar cosas que ya no te sirven. No hay que pensarlo mucho, hay que hacerlo y ya. Porque, aunque sea por un ratito, es alegría, belleza, luz. No lo tenemos todo el tiempo, eso. Sigue teniendo sentido. Feliz Navidad, mi chiquito.


Diciembre de 2008. El arbolito que armamos Fran y yo.

viernes, diciembre 12

Plumas verdes


Revoleando las plumas en el acto de fin de año lectivo, sala de 3.

martes, noviembre 18

Pequeña Anécdota. VIII

A Fran le regalaron unos indiecitos de plástico.

Lo que yo veo:

- un indio con un hacha.
- un indio con arco y flecha.
- un indio con un bastón de hechicero (un palo con una calavera de cabra o similar en la punta)
- un indio con un fusil.

Lo que él ve:

- un indio con un martillo, que va a construir una casa de madera.
- un indio que va a pintar (con una paleta y un pincel).
- un indio que juega a andar a caballo.
- un indio violinista.

.

sábado, octubre 18

Domingo 19

Cuando concebí mi hijo, cuando empecé a criarlo, primero en la panza, luego fuera de ella, me di cuenta de que siempre había sido madre.

Cuando nació el hijo de mi amigo Javi, cuando vi cómo lo criaba, me di cuenta de que no hace falta ser mujer para ser madre.

El domingo cumple años mi nene, esta vez coincide con el día de la madre acá en el ispa.
Feliz día, a todos los que son madres.