He aquí una de esas sincronicidades que tanto parecían llamar la atención del extinto mostro de las letras señor Jorge Luis Borges. Resulta que cuando al Agente Smith le llega la invitación a participar de este Telita, en simultáneo le llega un mail con un cuento de su amigo Pino. Pino estudió con el Agente Smith hace como treinta años, actualmente vive en Inglaterra y por su trabajo se la pasa visitando puertos europeos. La cosa es que le manda este cuento y ni lerdo ni perezoso el Agente le agrega un final telitero y ¡voilá! habemus Telita.
Aquí pues, el cuento del señor Pino, tuneado por el Agente Smith:
jueves, julio 1
TELITA V: Pino & Agente Smith
jueves, enero 14
TELITA IV: Trazos sobre el río, por Esperancina & Agente Smith
Lento pero seguro, y tal vez debido a ciertas amenazas que dejé caer aquí y allá, siguen llegando los aportes al Telita.
En esta oportunidad, participa por primera vez Esperancina, acompañada por el ya conocido telitero Agente Smith. Nos obsequian con un hermoso relato en el que mezclan realidad y ficción, basado sobre idea original del Agente. A modo de "bonus", al final el Agente nos cuenta un poco acerca de la inspiración y el desarrollo para este TELITA IV .
Yo lo disfruté mucho, espero que ustedes también. Aquí va:
Trazos sobre el río
La obra avanzaba. Antonietta ya no iba todas las tardes, se sentía cansada, distinta; los batones no le cerraban bien. Su madre descubrió antes que ella misma lo que le pasaba. Su padre le pidió explicaciones a los gritos, a ella y a
El momento del parto se anunció con dolor, susto, palabras a medias…Escuchó el llanto de una criatura….Se quedó dormida, sola, muy sola.
"Bueno, hace muchos años conocí a un señor en Bahía Blanca que tenía enmarcado un tornillo con una cinta de colores y decía "Miembro de la Orden del Tornillo", firmado por Benito Quinquela Martín. Ahí me enteré que era de los últimos que quedaba de un grupo de artistas amigos de Quinquela, "los locos a los que les falta un tornillo". Y me contaba historias sobre este pintor que tuvo un comienzo tan difícil y misterioso y se transformó en un artista tan destacado. Y con el Taller Literario de MaríaCe apareció la idea de imaginar este pasado. Trabajamos juntos, con Silvia, el tema, pensando en un cuento con trasfondo histórico, aunque con algunas licencias y seguramente alguna fecha que no coincidirá. Pero para escribir el pasado imaginario me faltaba la visión romántica, por suerte este TELITA IV es en equipo y Silvia puso la figura de Antonietta, con la pasión y el romance. Silvia dejó entrever el drama y los prejuicios de la sociedad en esa época, con la ilusión de la chica inmigrante y el castigo familiar. Esperamos que sea del agrado de todos y que nos voten profusa y exuberantemente. Gracias a la dueña de casa por invitarnos a participar."
sábado, septiembre 19
Deja vu!
En pleno apogeo del TELITA 3, sorpresivamente nos llega un nuevo aporte, pero ¡para el TELITA 2!
El viaje
- A ver, Antonia, alcanzame la camisa limpia. Y el pañuelo. Se va haciendo la hora ´e dirme.
La mujer le entregó la ropa en silencio, se movía despacio en el interior del rancho mientras la luz que se filtraba por las maderas le dibujaba sombras en la espalda.
-Alcanzame un poco de agua y decile al Luis que venga a saludarme, que ya me voy.
Corrió la tela que cubría la puerta, afuera esperaban los hijos, de pie abajo del sauce.
-Se va, les dijo.
El varón entró y se quedó mirando el suelo, pasando el peso de una pierna a la otra.
-Bueno, Luis, ya sabés, me tengo que ir. Ya sé que las cosas no son como a vos te hubiera gustado pero no me puedo quedar. Te encargo que cuides a tu mama y a tu hermana, ya sos casi un hombre y sé que te vas a ocupar.
La cara del muchacho no ocultaba la bronca, pero los labios apretados no permitieron salir las palabras.
-No me decís nada? Es que sos muy cachorro todavía para entender.
Ahora no seas cabezón, cebate un mate, pensalo bien, ya se te va a pasar.
El silencio se impuso entre los dos. El mechón mojado en la frente del muchacho acompañaba el vaivén del cuerpo. Sin decidirse a salir, con la mirada fija en sus alpargatas, no se atrevía a mirar al hombre que se acomodaba el pañuelo en el cuello y se aprestaba para partir.
-Bueno, ya está... Y que me vaya lindo! ¿no?, dijo el padre.
El muchacho salió apretando los puños, afuera la madre y la hermana lo miraron ansiosamente.
-Se va, dijo con rabia.
La hija entró lentamente, como estirando el tiempo. Parada en la puerta, los reflejos del río iluminaron las trenzas renegridas que enmarcaban la palidez de su rostro.
-Ah, m´hijita, ya sabés, me estoy yendo. De vos no me puedo quejar, siempre me diste alegrías, así que espero que sigás así. A lo mejor me das el gusto y seguís para maestra, la cabeza te dá, tenés que tenerte confianza, ya vas a ver. Vení, no llorés, dame un beso y llamala a tu mama.
La mujer entró, se acercó como con miedo.
-Antonia, llegó la hora de dirme. No tengo reproches para vos, siempre fuiste una buena mujer. Fuiste todo lo que quería en mi compañera, mi china querendona, siempre te quise, te voy a estrañar.
La mujer se abrazó al hombre, con la cara mojada contra la camisa planchada, tomándole la mano.
-No Rosendo, no te me vayas!, tanto tiempo juntos, qué va a ser de mí acá solita...
Pero no tuvo respuesta. La mano cayó sin ruido sobre la manta. En la cama los ojos del hombre quedaron para siempre fijos en el techo.
Arrastrando los pies salió y se quedó mirando la corriente imparable del río.
-Se fue, dijo.
* no jodamos