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lunes, noviembre 30

TELITA IV: El trato, por Gaucho Santillán & El Vengador Pitufante

Confieso que he leído y releído este primer trabajo. Primero con desconfianza, después con perplejidad y por último con indignación. Es claramente una herejía y dudé en publicarlo, en parte por mi conocida devoción, y también porque a ver si encima alguien del vaticano me cancelaba el blog. Después me tranquilicé porque me acordé que se puede poner la leyenda "este blog no se responsabiliza por las cosas que no son de Mariace" o algo así, y listo. A otra cosa.


Tengo el agrado de presentar el primer aporte al TELITA IV. Se trata del trabajo conjunto de la yunta dupla Gaucho Santillán - Vengador Pitufante, en adelante "el Pitu". Al Pitu le cupo explicar cómo lo desarrollaron. Dice que lo hicieron utilizando la famosa herramienta colaborativa Google Wave (lo cual como mínimo me suena a bolazo, con lo que le costó al Gaucho aprender a usar la lista de correo, me vienen a querer hacer creer que se las apañó con el Wave, andáaaa). Pero tanto y tanto se explayó el Pitu sobre las bondades de la herramienta que al final se vio obligado a sintetizar: "en resumen, un poco nos turnamos por párrafos pero, al mismo tiempo, nos toqueteamos todo luego".

Debo aclarar que me había ofrecido a corregir el texto, cosa de nada, pensé, errores de ortografía, tipeo, esas minucias. Y a poco de comenzar percibí que no tenía ningún sentido. Así que, acá va, tal como salió del horno.


EL TRATO

Le habían dicho que el tal Esteban vivía en la esquina del enorme "todo por dos pesos" que se alzaba en donde otrora, lo hiciera el viejo cine del barrio.
Caminando bajo una lluvia torrencial por el costado de una antigua fábrica clausurada, no lograba distinguir bien los números de las casas de la vereda de enfrente. Para empeorar las cosas, un fugaz río corría calle abajo, impidiéndole el paso.
Mirò el reloj Casio verde que le habìa regalado su hijo en su ùltimo cumpleaños, eran las 3 de la tarde.
Apuró el paso, según sus cálculos, no debían quedar más de dos cuadras. Aguzando la vista divisó el cartel del local en cuestión y una leve sonrisa se dibujó por un instante en su rostro: la calle se elevaba un poco en ese sitio. No se mojaría los pies.
Al llegar a la puerta, todos estos pensamientos desaparecieron al instante. No había reparado en la misma al cruzar la calle, pero ahora, que estaba frente a ella, su aspecto lo dejó asombrado.
No era una puerta de metal pintada, como muchas en ese barrio pero tampoco era de madera.
No, esta puerta era de hierro, surcada de remaches y con una pequeña depresión a la altura de los ojos. "Una mazmorra" fue lo primero que pensó sin saber bien por qué, pues no sabía realmente cómo era una mazmorra.
En ese momento decidió que quizá
no había sido buena idea venir después de todo.
Le habían dicho que el "Hermano Esteban" era el nexo con un antiguo representante de las fuerzas oscuras, capaz de solucionar cualquier problema humano.
Parado frente a esa puerta-mazmorra y sin percibir ningún movimiento a su alrededor, un miedo irracional y profundo comenzó a embargarlo.
Intentó desechar estos pensamientos por tontos e infantiles. ¿Qué esperaba encontrar? Seguramente el tal Esteban no fuera más que un hippie mugroso con delirios místicos.
Ante esta idea se tranquilizó un poco y al mismo tiempo sintió vergüenza por haber llegado al punto de considerar consultar a alguien así.
Ya más decidido, se dispuso a tocar el timbre. Antes de que pudiera ejercer la presión suficiente como para hacerlo sonar, la depresión en la puerta se volvió una abertura,y unos ojos negros y penetrantes lo observaron por unos segundos.
"Hola" dijo la persona del otro lado de la puerta. "Pasá, te esperaba".
Y la puerta se abrió
El "Hermano Esteban" no se parecía en nada a la imagen mental que tenía de él. Era delgado, como de 43 años, y, amèn de una hirsuta barba, llevaba el pelo largo...incluso,tenìa cejas, contrariamente a las descripciones que le había proporcionado quien lo había enviado a ese lugar.
Antes de poder decir una palabra, Esteban le hizo guardar silencio con una seña, y leindicò que lo siguiese.
Bajaron unas oscuras y hùmedas escaleras, chapoteando sobre una substancia pegajosa y resbaladiza. El hedor, era nauseabundo.
Asì, llegaron a un oscuro y hùmedo recinto, alumbrado con la luz mortecina de una antorcha.
Allì, sobre un altar de basalto, se encontraba una lòbrega figura rematada en cuernos.
De pronto, al mirar la estatua con morbosa curiosidad, èsta abriò los ojos, y, a lo lejos, seescuchò un espantoso grito que lo congelò :
-"Tekeli - Li! Tekeli! - Li!"-
Aterrado, cayò de rodillas, pero Esteban lo tranquilizò con una sonrisa.
-"Es Èl"- "Està aquì para ayudarlo"-
"¿Él? ¿Exactamente quién o qué es esa cosa?" se escuchó balbucear.
"Su nombre es impronunciable para nuestro impuro y inutil organó fónico. Además, ha cambiado con los años, las eras, los eones. Ustedes lo llaman de muchas maneras pero creo que uno de sus motes es "el descompensadito"."
Estaba aterrado, las preguntas se agolpaban en su garganta. La horrenda figura, lo miraba en silencio.
"Sé que tienes preguntas pero no has de hacerlas, sólo pide lo que deseas y te será otorgado"

Sin pensarlo dos veces, decidió hacer caso a las palabras de Esteban. No veia la hora de salir de ese extraño lugar.
Juntando fuerzas, logrò decir, "QUISIERA NO TENER QUE TRABAJAR MAS"
El engendro profirió un gruñido acompañado de un movimiento de cabeza, quizá un asentimiento.
"Está hecho" declaró el Hermano Esteban y, sin màs, lo acompañó hacia la salida. Antes de llegar, escucho nuevamente aquel chillido aterrador: -"Tekelì - Li!"-
El hermano Esteban se limitó a señalarle la salida. La puerta estaba ya abierta y, al cruzarla, se cerró tras él con tal estrèpito, que lo hizo sobresaltarse.
Gozoso, se dispuso a parar un taxi que se acercaba, pero el mismo siguio de largo.
Dos taxis màs pasaron y la situaciòn se repitiò.
Un hombre se acercò caminando y, ante su pregunta de si habìa alguna parada de algùncolectivo que fuera hacia su barrio por esos lares, simplemente siguiò sin prestarleatenciòn.
Fustrado, girò sobre sus talones y se dispuso a tocar la puerta del Hermano Esteban para ver si podìa prestarle un telefono, su mujer ya debia estar preocupada.
Quiso consultar la hora pero, al observar su muñeca, nada habìa allì. Pensò que seguramente el reloj se le habrìa caido dentro de la casa, una razòn màs para tocar.
Sin embargo, como antes, no logrò tocar el timbre. La puerta se abriò por completo y el hermano Esteban saliò cargando una bolsa de basura.
Pasò por delante de èl sin mirarlo, tal y como habìa hecho el transeúnte hacìa unos minutos.
En vano fueron sus gritos y gestos. El Hermano Esteban subiò a una camioneta, no sin antes arrojar la bolsa en la parte trasera.
De la bolsa, no distinguia bien que, asomaba algo, por lo que se acercò para confirmar si realmente estaba viendo, lo que creia ver.
Al acercarse el terror lo embargò: era una mano humana. Y con algo de particular... un reloj casio, de malla verde, rodeaba su muñeca.
Sudor frio corria por todo su cuerpo. Comprendìa la terrible verdad. ¡En su estado actual, ya no tendrìa que trabajar!
Con los dientes apretados, con el alma en vilo, con el corazòn en un puño, mirò al cielo y gritò por ùltima vez:
¡¡SAN BOLAINAS!! ¡¡SOS UN CAGADOR!!!


Gaucho Santillán & Vengador Pitufante, Noviembre 2009.



N.de mí: San Bolainas también llamado El Descompensadito es marca registrada de Podeti.