UN PERRO PUEDE ESTAR RENGO, ronco, ciego, hambriento, descaderado, sordo, encandilado, roto, puede sacar la lengua porque está cansado e inventarse otra para lamerse; puede ser un hotel lleno de parásitos, puede llorar, aullar, desconsolarse, saberse animal y doméstico, puede no tener dios a su perruna imagen y semejanza, ni virgen maría; ni saber la hora, ni saber el año, ni saber si el frío está afuera o en sus huesos, ni saber si aquello que lo pateó es el diablo; puede entender catorce palabras de hombre, y entender que un año para él son siete años y que la muerte llega así más pronto; un perro puede estar mal, horriblemente mal, a punto de morirse, pero igual —si lo llamás con ganas— agarra y viene y te arma fiesta y te mueve la cola y se te queda al lado, por las dudas de que vos estés más triste.
De "Ciento cincuenta de mortadela", por Hernan Casciari.
Extraido de su weblog Orsai
sábado, marzo 29
Otra de Hernan Casciari
jueves, marzo 27
Cosas que dicen los autores. VI
Un elogio de la mentira:
"Quizá lo supiéramos desde antes, pero fue allí cuando le dimos verdadera dimensión a la honestidad que implica regalar una mentira donde es uno —el narrador— quien queda mal parado.
La mentira tiene mala prensa porque en general se utiliza con mezquindad: para sacar provecho, para vengarse de otros, para obtener crédito espurio, para fingir o alardear. Esa es la mala mentira. La buena mentira, en cambio, es generosa: ahí reside la única virtud de la mentira y de las mujeres feas. Ese pequeño detalle es lo que convierte a la mentira en arte, lo que le da categoría de ficción.
La mentira es un alimento nutritivo, pero debe ser emitida para salvar a otros del aburrimiento, no para salvarse uno de su realidad o su frustración. La historia de Pinocho no es verdad, pero Collodi no escribió esa mentira para ostentar, ni para dejar de pagar la cuota del coche, ni para que los demás lo creyeran musculoso. Urdió esa mentira para entretener a la gente, como Comequechu aquella tarde. Fue generoso y tuvo su recompensa: no le creció la nariz."
Los dos rulfos, por Hernán Casciari.
Extraído de su weblog Orsai.
La vida es sueño
Anoche dormí muy, muy profundamente, tan bien que las cinco horas de sueño me alcanzaron perfectamente para despertar descansada y de buen humor. Mientras preparaba el desayuno de mi hijo miré al patio y vi un despelote de plantas caídas, pedazos de revoque, un par de prendas venidas de algún balcón y un montón de mugre pegada al suelo todo mojado. Después, una vez en la calle, tuvimos que rodear la cuadra de Defensa entre San Juan y Cochabamba porque se había desprendido toda la... mampostería creo que se llama, me refiero en este caso particular a todo un gran pedazo de pared de la parte superior de un edificio, dejando a la vista el interior, con toda una malla de alambre arrancada por el peso del agua -supongo-. En la vereda quedaron los restos, enormes bloques, espero que no haya pasado nadie por ahi abajo justo cuando se desprendió. Había una grúa y mucha gente trabajando, y toda la cuadra cortada.
Y yo ni me había enterado de la violencia de la tormenta. Mientras todo eso sucedía alrededor de mi casa, yo dormía como una bendita.
Recién hace dos días que me enteré del conflicto del sector agrario, y me enteré a medias, por las consecuencias que llegaron a tocarme más bien. Recién entonces me interioricé un poco acerca de en qué consistía el conflicto (todavía no termino de entender bien bien, para ser franca, no sé si me falta información o me sobra desinformación o si sencillamente mi cabeza no alcanza a medir la magnitud del asunto).
Y me quedé pensando que mi vida en general es como la dormida de anoche. Mientras las cosas pasan, yo ni me entero, no participo, aislada como siempre en mi burbuja familiar-laboral. Para cuando me despabilo, lo único que me queda por hacer es observar con la boca en "O", y, por mi naturaleza solidaria, quizá ayudar a recoger los pedazos, o a consolar a los lastimados. Siempre cerquita, siempre en pequeña escala todo. Menos la impotencia.
Me pregunto nomás si andar más despierta y enterada serviría de algo.
jueves, marzo 20
¿Qué le ven a los gatos?? IV. Hay equipo!
Todos saben que las hembras de los mamíferos se las arreglan para parir solas. Saben qué tienen que hacer, y con suficiente anticipación van buscándose el sitio más adecuado para el alumbramiento y guarida de los cachorros recién nacidos. Todos lo saben. La única que no lo sabía era Mina.
Las semanas pasaban y Mina seguía cada vez más redonda y tan pancha que por las dudas yo misma empecé a prepararle la "sala de parto". Con una caja de cartón, papeles y una sábana vieja bien limpita armé una cunita que ubiqué debajo de la escalera, en el sitio que supuse el más apropiado para que cuando llegara el momento Mina pudiera tener su parto a solas y en total tranquilidad. Y esperé. Y esperé. Y esperé. Mina la ignoró rotundamente, no así Tris, que halló que la caja de cartón era ideal para asear sus uñas, y en un par de días la dejó hecha tiritas. Por si acaso me conseguí otra caja, pero esta vez la dejé guardada para que no sufriera el mismo destino. Pero seguían pasando los días y Mina no daba ni una mínima señal de ocuparse del temita de su inminente maternidad.
Hasta que una mañana, repentinamente, saltó a mi falda y se agarró con las uñitas de mi jean y maulló mirándome fijamente. La bajé y se subió de nuevo, aferrándose con más firmeza. Había llegado el día, y mi joven gatita estaba cagada hasta las patas, y claro, la pobre recurrió a la única figura pseudo-materna que tenía a mano. Y no iba a dejar que yo me le escapara. Si me paraba para ir a tomar agua o para ir al baño se me pegaba a los talones, y maullaba lastimeramente si una puerta se interponía entre nosotras. Estuvo así horas. Por suerte para ella, yo estaba sin empleo en ese momento así que no tenía ninguna obligación por la que tuviera que ausentarme de casa. Fui a buscar la caja "de parto" y volví a prepararle la nursery debajo de la escalera, suponiendo que se iba a quedar ahí hasta que diera a luz, y que sin duda preferiría estar a solas para este evento. Ni en pedo. Ni bien amagué a alejarme, se paró de un salto y trotó detrás mío con los mismos maulliditos lastimeros de antes.
Resignada -y entusiasmada, para ser franca, porque era la primera vez en mi vida que asistiría un parto y hasta entonces ni soñaba conque alguna vez iba a participar de otro-, preparé el mate y me senté al lado de ella, y ahí nos quedamos las dos, o mejor dicho los tres, porque mientras ella se preparaba para el trabajo de parto, Tris, muy nervioso, iba y venía como padre primerizo, hasta que lo echamos las dos porque nos ponía nerviosas a nosotras. El trabajo de parto se aceleró. Mina tomó un poquito de agua, volvió a recostarse, ya con las patas traseras abiertas porque estaba muy dilatada. Y de pronto, con un maullido fuerte, se paró y soltó algo idéntico a una morcilla bombón. Ahora sí, Mina supo qué hacer. Enseguida desgarró la bolsita y se abrieron las patas de un gatito raquítico y negro. Lo lamió un poco en la nariz y la boca y enseguida con toda tranquilidad cortó el cordón y comió delicadamente los restos del parto. Una vez que terminó, se dedicó a lavar concienzudamente al cachorro. Tris volvió, se acercó a Mina -que le bufó desganada-, olió al cachorro. Y aquí sucedió otra de esas cosas que una creería que sólo los humanos hacemos:
El cachorro, ciego, empezó a reptar sin rumbo, amenazando con salirse de la caja. Yo no sabía si agarrarlo y ponerlo en el buen rumbo o no -debido a que siempre se me dijo que no hay que tocar a los cachorros recién nacidos porque luego la madre no los reconoce-, pero Mina se había despreocupado por completo de su primer hijo. Y fue Tris entonces quien intervino, y con mucha delicadeza fue empujando con el morro al cachorrito hasta ubicarlo junto a las tetas de la mamá. Una ternurita, mi gato papá, hermoso.
No voy a narrar, porque va a ser repetitivo, el resto del parto. Someramente: A intervalos de veinte minutos más o menos, Mina fue soltando morcillitas, repitiendo el mismo proceso. Fue un parto 100% exitoso, con un total de 6 cachorros, todos sanitos, algunos negros y los demás blanquinegros.
El primer equipo de monocromos había aterrizado en mi hogar.
Yo me sentía muy satisfecha con la manera en que se habían desarrollado las cosas.
Juro que nunca me imaginé la que se venía... pero eso será parte de algún otro capítulo.
lunes, marzo 17
Microrrelato
Gente, lean qué belleza. El autor, Bautista Nicolás, me ha dado permiso para linkearlo. Su sitio es: Palabras - Bautista Nicolas . Vayan, vale la pena. Como muestra de lo que encontrarán allí, aquí va uno de sus microrrelatos:
Moneda
No recuerdo la edad que tenía cuando me hicieron el juego de la moneda. Debía cruzar los brazos y cerrar los ojos mientras me apretaban con fuerza una moneda en el centro de la frente. Después la volvían a guardar sin que lo notara. Estaba prohibido descruzar los brazos y, al abrir los ojos, sentías perfectamente cómo esa moneda seguía allí, pero no podías tocar para comprobarlo.
Desde entonces creo que se me quedó esta cara de tonto, obsesionado con un dinero que nunca tendré mientras me quedo de brazos cruzados en la vida.
Bautista Nicolás. Noviembre 1, 2002
jueves, marzo 13
Cosas de chicas
Hace un rato leía el blog Ciega a Citas, que me viene resultando bastante entretenido. No sé si es diario de la dueña o puro escritura, pero en lo que a mí respecta da igual, la dueña del blog puede ser el dueño, una empresa, varios chicos escribiendo, lo que sea. Es una historia entretenida y eso es lo que cuenta.
En uno de los posts, leo:
"(...) la mujer se define por la fiesta de quince. La mujer que quiere fiesta no puede ser la misma que la que pide una moto o la que quiere viajar. Son -como mínimo- opuestas."
Sé que para algunas mujeres el cumpleaños de quince es todo un hito. Para mí no lo era, ni siquiera me importaba. Y con una madre viuda y laburante que nos bancaba a mí y a tres hermanos más, tampoco se me ocurría pedir ningún regalo especial. No quería fiesta porque nunca me gustaron, ni siquiera en la actualidad. Me refiero a esas fiestas con vestidazo, muchos invitados, gente contratada para pasar música, torta y anillitos y souvenirs y eso. Supongo que si la hubiera querido mi madre se habría roto el lomo para que la tuviera, y seguramente el resto de la familia habría participado haciendo esfuerzos alegremente. Pero no me interesaba.
Viajar, ni se me ocurría. Quiero decir que ni se me ocurría que fuera posible, salvo a Luján o algún lugar a no más de 100km de distancia y debidamente acompañada de algún mayor. Bueno, para ser franca me llamaban poderosamente la atención dos lugares: Rusia y California. Soñaba conque alguna vez los conocería, pero por "alguna vez" podía entenderse un futuro muy lejano, o incluso otra vida. Not big deal. Ya iba a tener tiempo y recursos.
Con respecto a las motos, en mi pueblo en esa época hacían furor los ciclomotores, a los que llamábamos "las motitos". A mí me encantaban, pero de la misma manera en que me encantaban Richard Gere, las habilidades de Nadia Comaneci o asistir a un concierto de Queen. Algo ajeno, inalcanzable y fuera de toda cuestión. Así que llegada la mañana del cumpleaños, saludos varios de los familiares directos. Mi madre llamó por teléfono, porque estaba en el trabajo. Y nada, a la escuela.
Y cuando volví de la escuela, al entrar a la pieza a dejar mis cosas, y ahí, adelante de la cama y en medio de la habitación: un ciclomotor rojo, flamante, divino. Y una carta de mi madre que me conmovió mucho. Y lloré, emocionada, sin poderme quitar la sorpresa de encima.
Resultó que unos meses antes mi mamá, que jamás jugaba a nada, había jugado a la quiniela clandestina, con tan buena suerte que había conseguido hacerse de un dinero que no habría podido juntar de otra manera. Y en vez de destinarlo a los gastos comunes, que eran muchos y a menudo la sobrepasaban, compró mi regalo. Porque para ella, mis quince sí eran importantes. De hecho mucho más que para mí.
Esa motito me hizo sumamente feliz durante unos cuantos años y su presencia está ligada a toda una serie de eventos, hitos en sí mismos (por ejemplo, fui en esa motito a la primera cita con el que chico que me dio mi primer beso. Que me resultó asqueroso, dicho sea de paso).
Volviendo al post de LG, supongo que soy "de las que piden moto". Bueno, al menos de las que la recibieron en vez de una fiesta. O de las que, después, amaron viajar.
Uf, como hago siempre, me cuelgo escribiendo sobre algún asunto personal, cuando en realidad lo que me había pasado cuando leí el post era que me quedé pensando en las chicas que ni fiesta, ni moto, ni viaje. Que por pequeño que sea el mundo del que decidamos rodearnos, no hace falta ir muy lejos para encontrar a todas un montonazo de chicas que no pueden entrar en esas categorías. Por no tener opciones, o por enfrentarse a opciones más vitales y menos frívolas, o porque... bueno, de esto me acordé:
Hace unos años solía timbrear la casa de mi vieja una nena, Rocío. Pasaba de tanto en tanto pidiendo ropa para ella y sus hermanitos, que ni sé cuántos eran pero eran muchos. Una nena con una carita preciosa, unos pocos pelos rubios y pajizos, coronando un cuerpito esmirriado y desnutrido. Era pobre, pobrísima, y vestía siempre harapos, ropa muy envejecida, que le quedaba demasiado grande o demasiado chica. Se hizo adolescente y ni se le notaba, por lo flaca y chiquita que seguía siendo. Una de esas veces pasó y le contó a mi vieja que un hombre, un vecino, le había ofrecido comprarle un jean, nuevo, todo de ella! si ella lo iba a visitar a su casa, sola. A ella ese hombre no le gustaba y no quería visitarlo, pero deseaba tanto el jean. Mi vieja, cuidadora de virginidades ajenas, horrorizada, le pidió que no fuera y se ofreció a comprarle ell amisma el jean. Rocío dudó, y dijo: "pero mi mamá dice que ese hombre me va a comprar ropa y me va a dar para comer..." Después de esto, ya no apareció más por la casa. Y nunca fue a reclamar el jean que le prometió mi vieja.
En chicas como Rocío, me quedé pensando.
Eso, nomás.
viernes, marzo 7
Hay link nuevo, fijensénnn
En mi recorrida por los blogs, fui a dar con mi osamenta virtual en uno que me encantó. El autor es el señor José Playo, y ya le pedí permiso para agregarlo a mis links. Pero por si no lo ven así de una en la lista, también lo linkeo aquí. No puedo decir mucho porque cuando encuentro o reconozco la belleza es como que no sé contarla, el alma me tartamudea y lo único que me sale es felicitar o dar gracias al autor. Lo expresó mejor un amigo pintor, una vuelta: "cuando se está ante una obra de arte, lo único que uno puede hacer es sacarse el sombrero". Así que, amigos, preparen sus sombreros. Vayan y lean: Peinate que viene gente .

