martes, abril 1

El sabe, ella sabe

son las 12 de la noche y ella sigue pegada a la computadora. No hay nada que le interese particularmente ahi, es sólo una manera de relajarse por las muchas horas que pasó trabajando... frente a la computadora.

Hace unos minutos que él duerme. Se cansó de pedirle atención, en vano el 95% del tiempo. Ella se limitó, todo el tiempo, a sonreirle, a decirle "ya voy", "tengo mucho trabajo", "esperá que fumo un cigarrillo", o a hacerle preguntas tontas o mandarlo a buscar cosas para mantenerlo ocupado. Pero él sabe. El sabe y queda pensativo. Se aburre y queda pensativo. El sabe, y ella también sabe. Ella lo ve tirado en el sillón, pensativo. Ella piensa: Tiene 3 años, y ya está pensativo. Y adentro se le amarga un poco más el día. Ella piensa: Dentro de 9, de 6, de 4, de 2 horas, termino de trabajar y me voy a jugar con él. Y luego recuerda que el día anterior también pensó lo mismo, y el anterior del anterior, y así. El ya está acostumbrado a pedir y que casi nunca llegue. Ya conoce algunos trucos que obligan a que le preste atención sí o sí. Sabe que si se sube a la biblioteca, ella dejará lo que está haciendo y lo irá a buscar. Aunque esté enojada, aunque lo rete o le pegue un chirlo, él busca ese contacto, ese ratito. En el momento en que ella llega, enojada, él ya le está sonriendo, con su mejor sonrisa, sólo porque ella se le acerca, porque por 5 segundos dejó la computadora y lo abrazó, aunque el abrazo fuera brusco o terminara en chirlo. El sabe que cuando comen ella no puede quedarse sentada a su lado, porque suena el teléfono y hay que atender, o tiene que mandar un mail. Pero sabe que si tira la comida o se niega a comer, ella se quedará. Aunque sea dos minutos para hacerle engullir algo, aunque sea con fastidio o con desesperación. Y él le sonríe, porque aunque sea de esa manera, son dos minutos en los que le presta atención, en que él puede cantarle una canción, capaz, o preguntarle algo y ella responderá.
El mejor momento, para los dos, es cuando se levantan. A ella le faltan dos horas para empezar a trabajar, y a él sólo cuarenta y cinco minutos para ir al jardín. Ella se levanta unos minutos antes, para preparar el desayuno de él y un café para ella. Ella lo levanta, se abrazan, se sonríen. El está contento, siempre que se levanta, porque lo primero que ve es a ella sonriéndole. Ella lo lleva al baño, lo ayuda a lavarse, lo viste. Y desayunan juntos. Después le pone el guardapolvos y la mochila, y le dice "Vamos?". El siempre dice "no". Ella sabe que por ahora él preferiría quedarse con ella, aún cuando lo que sigan sean esas once horas que son como estar once horas en una estación esperando a que llegue un tren. El sabe que ella espera que él no oponga resistencia. Y ambos se van, de la mano, y esas tres cuadras son magníficas, todos y cada uno de los días. Caminan al ritmo de él y van de la mano, sonrientes, charlando. Saludan a la gata de un portero que siempre se acerca a olerlos, cruzan la avenida y ven el puente de la autopista, y sienten el viento y ven el sol que recién se levanta, y van de la mano, y van sonriendo, y van charlando.
Se despiden con un abrazo y la promesa de volverse a ver antes del mediodía. Ella pasa las siguientes dos horas limpiando un poco, leyendo un poco, tomando un poco de mate. Y sobre todo: pensando en él. En su hermosa sonrisa, en sus abrazos, en lo feliz que le hace su presencia. Ella tiene la íntima certeza de que, entre jueguitos y tareíta, él pasa esas horas también pensando en ella. A las once y media, lo va a buscar. Este año se han instaurado una rutina que a ambos les encanta: se van al bar de la esquina a tomar un café y un tostado. A ambos les encanta esa esquina, la esquina del sol. Si estuviera sola, ella elegiría sentarse afuera para poder fumar. Pero él elige siempre la misma mesa: una de adentro, la que está junto a la ventana de la ochava. Es una buena elección: ella, si no fuma, tiene los dos brazos libres y puede abrazarlo cuando a él se le antoja. Se ríen, juegan al Veo Veo, se cuentan cosas.
Después de estos minutos en el bar, caminan hasta la casa. Enseguida ella se sienta frente la computadora, se cuelga el telefono al hombro, se para y cocina algo y vuelve a la computadora, y empiezan a contar, los dos, cada uno para sí, las horas que faltan para volver a estar juntos. Porque ahora están cerca, pero no están juntos. Ella estará, si él necesita algo. Le hará la comida. Le lavará la ropa. Usará la hora de almuerzo para llevarlo al parque o a natación. Estará junto a él, pero no estará con él. Estará pensando en él, pero no estará hablando con él, ni abrazándolo, ni leyéndole ni jugando. La televisión está prendida de 12 a 24hs. El casi no la mira, pero ella la deja prendida porque supone, espera, que de esa manera quizá él no se sienta tan solo, tan abandonado.
- Mamá, vamos a la cama a leer cuentitos?
- No puedo, tengo mucho trabajo.

- Mamá, querés jugar conmigo?
- Ahora no Fran. Dentro de un rato, cuando termine.

- Mamá, vamos a dibujar?
- Sí, ahora voy.... esperá que termino una cosita. En un ratito termino de trabajar.

El no dice nada, generalmente. Espera. Ella piensa: Dentro de 9, de 6, de 4, de 2 horas, termino de trabajar y me voy a jugar con él.
Pero se hacen las 21hs y aunque ya no trabaja para la empresa, sigue trabajando en otras cosas. Todavía hay que hacer la cena, bañarlo, bañarse, alimentarlo. Asegurarse de que haya ropa limpia para mañana. Se hacen las 22hs, cenan. El estuvo esperando a que ella dejara de trabajar. Ella está esperando dejar de hacerlo. Se hacen las 23hs. La casa quedó ordenada, los gatos alimentados, ambos están libres de ocupaciones. El sabe que ya no hay nada de trabajo que impida que ella juegue con él. Ella también lo sabe. Pero decide primero sentarse otra vez a la computadora a fumar un cigarrillo haciendo nada.
- Mamá, querés jugar conmigo?
- Sí, sí Fran... ya voy.
Ella deja la computadora, él ofrece las paletas de ping pong, el muñeco de Sportacus, la pelota de basket, los cuentos, las pinturitas. Ella está tan cansada que casi no lo escucha, que casi no lo abraza, que sólo quiere quedarse quieta, quieta, y cerrar los ojos, pero si cierra los ojos no lo ve y quién sabe, quizá le pasa algo, entonces mejor ir a la computadora otra vez, ahí puede estar quieta pero despierta aún, y puede verlo, aunque no juegue. Entra al chat, casi no escribe, sólo lee de a ratos, y lo mira a él. El sabe que ella le está prestando algo de atención. Ella sabe que no es la suficiente, y que aunque quiere, no puede darle más.


El siempre ofrece resistencia a la hora de separarse de ella, pero cada vez ofrece un poquito menos. Y ella sabe que un día la resistencia se transformará en deseo, y preferirá irse a estar con ella, y sabe que no habrá manera de recuperar ese tiempo que pudo haber pasado con él.

8 comentarios:

un servidor dijo...

Me golpeó, María. Nuestra niñez nos pareció eterna, pero la de nuestros hijos (y lo sé por experiencia, porque ayer nomás me parece que la mayor gateaba y este año capaz que hasta se vuelve señorita)... pasa veloz y ligera.

Ojalá ella se proponga una hora todas las noches, en cierto horario, dársele en exclusiva a él. Empezará como una obligación, y a la semana será una necesidad como el aire.

Hay dos momentos hermosos: cuando nuestra madre nos llevaba al jardín de la mano... y cuando nosotros llevamos a nuestros hijos

Un beso.

Vontrier dijo...

Hay un mundo. Ella y él son un mundo y para ninguno de los dos, hay un mundo mejor.Ni ahora, ni después.
Ella nunca dejará de mirarlo y siempre le parecerá poco lo que haga; él crecerá curioso, hermoso y con iniciativa y se irá de alguna manera porque ha crecido- y ella, se sentirá mal,sólo un poco; será muy feliz porque lo verá crecido-, pero nunca se irá del todo. Porque hay un mundo ahí.
Yo lo sé. Ella y él, también.

Un abrazo.
V.

gabrielaa. dijo...

mucha culpa, maría ce
demasiada culpa por ser una persona individua con sus propios deseos
que sos mujer que está madre
te abrazo

La Maria "C" dijo...

Amigos, a los tres, gracias por sus comentarios. Cada uno, en lo que dice, tiene razón.
UnSer: ella se lo propone, y de hecho lo hace. Todas sus mañanas y todas las horas de almuerzo son para el. Alcanza? No creo. Como no creo que le alcance a los millones de nenes cuyos padres pasan el dia fuera de sus hogares, trabajando, y cuando vuelven apenas tienen energia o tiempo para despejarse la cabeza y poder dedicarse a full a sus hijos. Yo tengo más suerte: paso el día con él. Pero a medias. Menos que a medias. Hago lo mejor que puedo... pero, Gab, lo mejor que puedo es tan poquito, y este tiempo pasa tan rápido, que me es imposible no sentirme culposa.
Y con todo, Vont tiene razón. A los ponchazos, pocas horas de sueño, escasas salidas, no se me ocurre un mundo mejor. Para mí. El... yo tambien creo que él sabe.

El Profe dijo...

Unservidor no lo podría haber dicho mejor, pareciera que para ello la niñez pasa apresurada... y nosotros los vemos crecer tan rápido... que a veces quisieramos detener el tiempo.

Quizás`podría poner ejemplos, señalar algunas cosas o aconsejar otro tanto. Lo importante al final son los pequeños mmomentos. Eso es lo que importa.

Laura dijo...

Mamaaaaaaaaaaaá
Eso sos TODA UNA MAMÁ que AMA a su HIJO.
Así nos toca la vida mami, es duro, duele no poder brindar toooodo lo que una querria, pero también es bello ser mamá, es lo mejor del mundo diría yo, es muy bueno, importantisimo la claridad, la conciencia que tenés de este momento, estás en el presente y eso te hace más valiosa, estás viviendo tu maternidad, estás en el ahora, vos lo sabes y el lo sabe o aunque solo sea lo intuye.
Y tu Fran siempre siempre te va a amar y a estar cerca tuyo, aunque tenga 30 pirulos y este lejos en distancia siempre vas a ser su primer gran amor, su mami.
Me hiciste lorar de la emoción guacha jajaja te quiero mucho, los amo a ambos.
Laura Luz

Anónimo dijo...

No tengo comentarios ni consejos, pero comparto las culpas.
Los quiero mucho a vos y al chiquilín.

Pd: Tengo un comentario: Fué un cachetazo. Gracias.

Saluton!

La Maria "C" dijo...

Laura-Luz, gracias, coincido en todo. No quise hacerte llorar!!!

Anonichaga, idem. Si hay alguien que no debería sentir ninguna culpa sos vos... asi que esquivá el cachetazo che!