lunes, septiembre 28

TELITA III: El abrazo

Antes de ponerse a leer, se ruega a los amables lectores vestirse de rigurosa etiqueta, porque se cierra el telita de septiembre con un post de gala.


Ella viene haciéndonos el honor de participar de estos talleres desde su mismo inicio. Es la autora de las increíbles novelas Una chica como yo, Tanto Anteojo, y los blogs  Desconfianza Absoluta (autoría que comparte con Fray Mollo) y Diarios Daneses...

Qué otra cosa puedo decir.



El abrazo

Aquí estoy. Mirando la lluvia. Santa Rosa llegó en fecha, esta vez. Llueve y se salpica el vidrio de la ventana. Veo como las gotas forman caminos hasta desaparecer. Una detrás de otra.
Antes de que empezara a llover, me di una ducha larga, me encremé las piernas, la cara, los brazos, los pies, el pelo. Fui un cuerpo resbaladizo envuelto en una toalla. Mientras le daba tiempo a mi piel, preparé lo que iba a ponerme. Ropa interior de estreno. Ropa exterior ya estrenada. Zapatos de taco. Medias.
Le di tiempo a mi beauty spa casero para que hiciera efecto; miré televisión: una novia furiosa, lloraba a mares ante el organizador de su boda. “No tienes más invitaciones, Marlene”, le decía. En otro canal, una mujer rubia se estaba por operar las tetas. Miré las mías. Podrían estar en mejor estado, pensé. Todo podría estar en mejor estado.
El noticiero del canal 6 informaba sobre un reclamo realizado por treinta indígenas para evitar que les construyeran una mina a cielo abierto en uno de sus lugares sagrados. Todavía hay gente que cree, me dije y me sorprendió pensar en eso. No se me dan muy bien esos pensamientos. Yo ya no creo.
Caminé por mi departamento, miré el teléfono, arreglé las flores que compré a la tarde, revisé la temperatura del vino.
Puse música en el living: el tributo a George Harrison, mi beatle favorito. Caminé hacia el dormitorio y, aunque creí que lo mejor era apagar el televisor, me dio pena dejar el ambiente aislado de ruidos. Que la cama y la tele se hicieran compañía no me dejó de resultar una buena idea.
Después, me enjuagué el pelo, me perfumé y comencé a vestirme con ritmo lento.
Repasé los temas de la noche: armar una pareja, mi proyecto, el suyo, los puntos convergentes y divergentes de los dos proyectos. Estudié algunas frases para decir durante la conversación. Nada demasiado efusivo ni demasiado cursi. Ya había pasado por eso. “Tu cursilería me da arcadas”, recuerdo que oí. Y sí, la cursilería da arcadas pero cómo no ser cursi cuando a uno se le aprieta el corazón tan sólo al verlo. De manera que esta vez, no habría cursilerías. Ni una.
Cuando estuve vestida, busqué unas velas, por las dudas de que esta vez sí pudiera llegar a usarlas. Tenía la convicción de que esta segunda vez lograría hablar, decir lo que debía decir, las palabras correctas, en un momento agradable, en el ambiente adecuado.
Si la conversación no resultaba como yo la había planeado, las velas podían llevar la tensión a la sombra.
En penumbras, algunos “no” duelen menos.
Pero yo esperaba una histórica victoria. Un final feliz. Como de película.
Tenía que estar lista a las ocho. Siete menos veinte, ya había terminado de arreglarme. La ansiedad me había corrido el horario. El cuerpo me palpitaba. Me miré al espejo.
Todos necesitamos una segunda oportunidad, me dije.
Ordené unos libros mientras esperaba que llegase la hora. Volví a mirar hacia el teléfono. No sonaba y eso me dio cierta tranquilidad.
Ocho menos cuarto, me serví una copa de vino. Comenzó a llover.
Pensé en Buenos Aires con lluvia y en el caos del tránsito. Difícil llegar a tiempo en esta ciudad, cuando llueve, pensé.
Ocho y cuarto, mandé un mensaje de texto. Ocho y media, directamente, llamé por teléfono. Apagado.
Me acerqué a la ventana. Repasé una serie de contratiempos de menor a mayor: se quedó sin batería en el teléfono, está atascado en alguna avenida, venía caminado y se fracturó una pierna, cruzó mal la calle y lo atropelló un colectivo, le dio un ACV mientras se bañaba, se murió.
Después, pensé lo que tenía que pensar.
No hay segunda oportunidad, me dije y me acerqué a la ventana.
Vi estrellarse una a una, millones de gotas. Algunas sobre el vidrio, otras sobre el piso. Gotas por todos lados, como mi esperanza que se rompía en minúsculos pedazos de vidrio.
Me saqué los zapatos.
Y aquí estoy. Parada frente a la ventana, mirando cómo llueve, desde hace dos horas.
El teléfono no sonó en lo que va de la noche. El disco terminó hace rato. Sólo el sonido del televisor, desde el dormitorio, me hace compañía.
Me animo y salgo al balcón. La lluvia me pega en la cara, en el pelo. La dejo mojarme. Lloro pero no lo hago por lo que está pasando sino por lo que ya nunca va a pasar.
La tormenta me abraza.
Y es el único abrazo que recibiré esta noche.

Septiembre 2009.

22 comentarios:

MariaCe dijo...

Te voto, mi escritora.
Te reviento, igual, por hacerme llorar. Que lo sepas.

Karito La Cordobesa dijo...

Ojalá le de una patada cuando ponga a cargar el celular...

No. Bueno. Es que me pongo mal.

Gracias por escribir.

El Vengador Pitufante dijo...

Creo recordar haber leído otros escritos de Vontrier y los mismos me gustaron bastante.

Este no es el caso; me parece una historia bastante típica y escrita de manera ordinaria, sin que esto sea un insulto, ordinario en el sentido más literal, el de "común".

Mientras lo leía no podía sino imaginarme a Sandra Bullock o alguna actriz similar en una escena de alguna película medio romanticona. Y yo veo esas películas de vez en cuando y en general me resultan indiferentes o aportan un sentimiento muy fugaz, así que entiéndase, no estoy diciendo que me disgustó, sólo que no me gustó, que me dio lo mismo, que no me provoco mucha emoción ni tampoco un sentimiento agradable ante la forma en que está escrito como si me pasó, por ejemplo, con el reciente texto de Smith del telita II.

Bueno, me fui al cuerno con la extensión del comment.

disclaimer: ya veo que le pifiè de nuevo a la interpretación como en el de la inspiración y estoy orinndo fuera del recipiente =P

Pablo (yo) dijo...

Resulta gratificante ver que al comentarista anterior se le ocurrió comparar el relato con una película.
Imagino que la frase "Yo quería un final feliz. Como de película" le habrá servido de inspiración inconcientemente.


(no, no puedo hablar del cuento, no sería objetivo)

DeLocksley dijo...

ehhh... nada.
jamás pude hacer mucho comentario después de leer a Vonty.
...simplemente me deja sin palabras...

La Rubia dijo...

Como me llegan estas cosas, la puta. Y con estas cosas me refieron a los escritos de Vontrier.

No importa de que lado estes, es imposible que no te llegue este relato.

Simplemente hermoso.

Ahora estoy confundida con respecto a mi voto....demasiados candidatos! esto de la democracia me esta matando.

MariaCe dijo...

Vote tranquila, Rubia, que no me ofendo!

(sí que me ofendo. me las vas a pagar, rubia mireya traidora)

Mona Loca dijo...

Vontrier: usté es una ESCRITORA. Y de las buenas.



No hay muchos que puedan escribir así, describiendo tan bien y sin embargo sencillamente una situación cotidiana. Creo que es eso lo que tiene de maravilloso su letra.

Aver, no son viajes espaciales. Son...cotidianeidades. De ésas que a uno se le pasan por alto, que le parece qeu no ameritan descripción.
Ni una línea. Pero ella sabe cómo HACER esas líneas.



Beso.

mosca brava dijo...

No muchas veces se puede leer percibiendo las palabras con otro sentido que no es la vista ni el oído palabras.
Gracias Von.

Zippo dijo...

Me quedé mudo. No puedo salir de las imágenes de la habitación iluminada por las luces grises del atardecer, con una mujer de piel pálida junto a una ventana perlada de gotas de lluvia, descalza y con una copa en la mano.El silencio y el brillo fantasmal del televisor en la otra habitación.
Y lo hace sin palabras rebuscadas ni recursos remanidos como los míos. Eso es saber escribir, seores/as.
Von debería estar fuera de concurso por afano; darle un premio especial de Telita tipo "Lumbrera : adónde tenemos que llegar todxs" o algo así.

MariaCe dijo...

Ahi va Zip! Usted que no sabía qué dibujar para el Telita. Acaba de describir lo que me encantaría ver :))

Zippo dijo...

¿Y se puede saber dónde meto los 30 indígenas? En la habitación no caben.

La Rubia dijo...

Hacelos en la tele, zippo, no tenes que dibujarlos, podes nombrarlos nomás.

Me re metí, Mostra, perdone.

gabrielaa. dijo...

recién tengo el tiempo para leerlo. impecable. im-pe-ca-ble.

besos mil

Memento dijo...

Es lindo y sin embargo no me llegó como otros textos lo hicieron. La descripción de la situación es impecable, pero como lector fallé en darle sentido y sentimientos a la protagonista, la sentí lejana. Por supuesto en cuento a cómo está escrito (coincido con otros) nos pasa el trapo a varios participantes amateurs...

Vill Gates dijo...

¿No sirve que yo le de un abrazo a usted, no? Se lo debo.

Muy bueno. Un relato con una mujer y una habitación. Lo que vos ponés adentro es lo principal.

Siempre te admiré esa capacidad de crear climas interiores a las personas, muy equilibrados y lleno de elementos que los matizan para que se vean perfectamente humanos.
En fin, para vos, que te digan esto no debe ser nada nuevo.
Ahora voy a votar...

El Profe dijo...

Es Vont! Será que me dejé llevar y que lo leí estando algo sensible... me emocioné e incluso un par de lagrimillas se quisieron escapar.

Anónimo dijo...

Permiso MariaCe, quisiera decirle unas palabras a Vontrier:

No puedo dejar de sentirme aludido por el texto. No creo, a esta altura, que lo hayas escrito pensando en mí pero...
Si alguna noche, alguna tarde, algún día, todavía te acordás de quién soy, llamame o escribime.

Este texto es bien vos. Sos tan muda que, a veces, necesitás otras palabras. Sos tan triste cuando querés que te volvés luminosa y encandilás.
Lo peor es no te das cuenta, querida tantriste.

Tuyo, siempre.
Menos que cero.

Poli dijo...

Vine a leer este cuento pero en el medio me tropecé con los blogs de Vontrier y desde hace dos horas no paro de llorar.
Es increible que los que tienen el don de escribir -no son tantos- tienen la capacidad de representarnos a todos o a casi todos con sus palabras.
Y si bien es cierto que la historia es trillada como dice el vengador pitufante ahí arriba, no por eso deja de ser verosimil.
Lo que más me gusta es la distancia con la que está contado el cuento. Es muy dificil conseguir distancia en esta clase de textos y sin embargo, que Vontrier haya decidido mantenerlo así, seco, casi mudo de adjetivos, como mirando de a dos metros, aún a pesar de estar contado en primera persona, no hace más que reforzar la idea de soledad de esa mujer, ese día, con esa lluvia.
Gracias, Vontrier, espero con muchas ganas que edites tu libro, te aseguro que yo te lo compro.

Y por lo demás que leí, te diría que te tengo cariño aunque suene desubicado de parte de una extraña que no conoces, pero por lo que escribis me resultas extremadamente adorable pero es seguro que esto tambien te lo dicen muchas veces
Segui escribiendo
Te haces querer mucho y a uno le dan ganas de quererte
Abrazote

June dijo...

Muy bueno, excelente. Hago mías las palabras del/la comentarista anterior en cuanto a esa 'distancia' tan bien lograda, recurso dificilísimo considerando el argumento y que está escrito en primera persona.
Felicitaciones a la autora,
June

LALE dijo...

Buohhh!!

Y así, una debe retirarse con la cola entre las patas! La palabra que mejor describe el relato la voy a robar de algunos comentaristas anteriores y es im-pe-ca-ble.

Gracias por estos minutos de lectura!

Vontrier dijo...

Muchas gracias a todos. Son muy generosos y no saben que bien me vienen sus palabras.

Especial para VP: Una pena que no te haya gustado, la próxima me esforzaré un poco más.

Abrazos.
V.