sábado, abril 19

Broncas, por lo grande y lo pequeño

Bronca, por la quema de pastizales y en lo que decantó. No sólo ésta. Las que se hacen siempre (como decía ayer un chico de Rosario: "esto acá pasa siempre, pero los diarios y el gobierno sólo pegan el grito cuando el humo llega a Capital").
Por supuesto, preocupa la situación de la gente, duelen las muertes en la ruta, los daños por respirar este humo todo el tiempo.
Pero no puedo dejar de pensar, en este caso en particular, en los animales y en las plantas que son asesinadas, atrapadas en las islas, con su hábitat irremediablemente destrozado. Hace unos días comentábamos con otra gente acerca de la estupidez de la gente que cuando va de turismo dañan todo a su paso sin que les importe un carajo si mataron, si movieron, si rompieron, si dejaron basura, si robaron. Esto es lo mismo, la misma actitud, elevada a qué sé yo qué potencia. Pero es lo mismo, la misma estupidez, la misma actitud impune, descuidada, cero conciencia. Da bronca, tristeza e impotencia. Porque volverá a pasar, y volverá a pasar, y volverá a pasar. No se aprende. Ni siquiera se enseña. Tres o cuatro lo intentan, lo sé. Gritan, patalean, tratan de frenar. Pero de qué sirven esos tres o cuatro si desde chiquito tenés otros que te enseñan, con voz normal y cotidiana, que "el Hombre (con mayusculas) es el rey de la Creación". Contame de alguna escuela donde enseñen que todos, animales, plantas, piedras, somos iguales y compartimos el planeta, que el planeta es nuestro sostén, nuestro sustento y nuestra razón de vivir, y que sólo el equilibrio permitirá que todos, el planeta y sus excrecencias, subsistamos. Contame, así lo mando a mi hijo, para que escuche otras voces, y las escuche mucho, todos los días.


Otra bronca. Por algo más pequeño, más individual.
Ella, mi amiga, es una estrellita. Brilla, por bella, por inteligente, por buena persona. Conoció a un tipito que primero se enamoró de la inteligencia y la bondad. Y cuando la conoció en persona, le enrostró que mejorara su aspecto.
Mi amiga, como dije, es bella. Lo que el tipito quería era que ella se pareciera a otra. A una mujer ideal, o a la que proponen los medios, no sé.
El tipito este no se parece en nada al hombre ideal o al que proponen los medios. Y mi amiga, como es bella, inteligente y buena, sabe eso, y no le importa nada. Ella lo aprecia a él tal como es.
Pero a él sí le importa, lo suficiente como para enrostrarle de entrada que mejore su aspecto, y que "si no lo hace es porque tiene la autoestima baja".
Estúpido, pequeño idiota, incapaz de entender una belleza que cualquier criatura comprende sin necesidad de que se la expliquen. Y con suficiente envanecimiento como para creer que está dando un buen consejo, cuando lo único que está haciendo es lastimar. Y por tonto, no por malvado. Por pura estupidez.

Amo la especie humana. Créanme. La amo porque la comprendo, claro, yo pertenezco a la especie, dirán, y sí, claro que es por eso. Pero, si me abstraigo de ese pertenecer, a veces pienso que no estaría mal que el planeta se deshaga de todos nosotros.

En fin, cosas que pienso con la bronca.

Addendum:
Mostrarse, extraído del excelente blog Chicas de los viernes.

2 comentarios:

El Profe dijo...

Mariaaaaaaaaaaaaaa perdón la efusividad. debo decir que te extrañe. :D

Sobre estas broncas te entiendo en la primera es horrible lo que está pasando y es más que preocupante. La solución no será simplemente apagar los focos de incendio.

Sobre el tema más individual, es para matarlo... quién se cree que es?

UN ABRAZO

Pablo dijo...

Hola!! Que bueno que te guste lo que sale por aquellos lados...se hace lo que se puede.

Buena reflexión.
No puedo consolarte demasiado pero si sirve...a mi tambien.
Por otra parte, un espacio catartico es necesario para sobrevivir. Asi que a revolear la mierda que quedó adentro otra vez para afuera si hace falta.Es una cuestion de salud!!

Gracias por el link. Un honor, de verdad.