viernes, diciembre 28

¿Qué le ven a los gatos?? III. La llegada de Mina

Corría el año 2000. Tris ya llevaba casi un año viviendo en casa, apenas un poco más que mi amigo Manuel. Una mañana, en la oficina en la que trabajaba, aparece la gerente de contenidos con una gatita bebé, una blanquinegra que acababa de recoger de la calle. A pesar de una delgadez extrema, de las pulgas, y de que un hongo le había comido la piel en muchas partes, la gatita era una belleza. Una manchita negra le envolvía parte de la nariz y un ojo, dándole un gracioso aspecto vacuno. La gerente me contó que quería regalársela al suegro, hombre mayor y viudo, para que tuviera un animal que le hiciera compañía. Pero las cosas no resultaron. Al día siguiente volvió con la gatita a la oficina; el suegro se había negado a adoptar al animal, ella no podía tenerla en su casa y había decidido devolverla al mismo lugar donde la había hallado, esa misma tarde. Yo tomé a la gatita en mis manos, era pequeñísima, estaba asustada y nos bufaba a todos. No podía dejar que volviera a las calles, así que al salir del trabajo me fui derechito para la Veterinaria. La enfermedad de los hongos era contagiosa, dijo, y había que tenerla una semana lejos de otros gatos, mientras el medicamento le hacía efecto. Por lo demás -vacunas y antiparasitario de por medio- la gata parecía gozar de buena salud, nada que no se arreglara con alimentos y amor. Compré una caja de transporte y nos fuimos a casa. Mina y yo.

A lo largo del año que Tris llevaba viviendo conmigo, los únicos otros animales con los que se había cruzado, además de Manuel y yo, eran unas cucarachas que unos meses antes habían invadido el departamento (cientos y cientos de ellas, pero eso será parte de otro post, alguna vez). Creo firmemente que hasta que Mina llegó a casa, Tris no se había percatado de que él no era humano. Para ejemplo, basta decir que hasta el día de la fecha no sabe comer directamente del plato como hacen los demás felinos, sino que toma la comida con una mano y se la lleva delicadamente a la boca, tal como nos veía hacer a Manuel y a mí. Y, también hasta hoy día, no me perdona que no le ponga su plato en la mesa como hacíamos cuando sólo vivíamos aquí los tres, y cuando llega la hora del almuerzo o la cena, insiste en sentarse educadamente en una silla a la espera de su plato, retirándose ofendido cuando lo redirijo al comedero de gatos.

Llegó Mina, decía, y una vez más tuve oportunidad de observar una expresión netamente humana en mi gatito: la del más perfecto asombro. Primera vez, desde su nacimiento, que se cruzaba con un ser que, salvando unas diferencias mínimas de "diseño" en la piel, era prácticamente idéntico a él. Se acercó con cautela a la caja de transporte. La joven Mina le bufó erizando a la vez todos sus pelos, y del susto Tris corrió a esconderse lejos de ella. Esa noche, mientras la gatita dormía en la caja de transporte, Tris la observaba dejando colgar su cabecita desde el entrepiso. La observó y la observó hasta que se quedó dormido y cayó, volviendo a asustarse y corriendo como poseso nuevamente a esconderse en el entrepiso.
Pocos días después y cuando empezó a evidenciar signos de curación, dejé salir a Mina de su cautiverio sanitario, y se hicieron buenos amigos. La personalidad de Tris cambió radicalmente, abruptamente dejó de comportarse como el cachorro semihumano que había sido hasta entonces, y comenzó a tratar a Mina como un adulto trata a una niñita tímida. Mina nunca fue una cachorra revoltosa como había sido Tris. Posiblemente por su pasado callejero, se mantenía a prudente distancia de cualquier humano, y nos aceptaba a Manu y a mí con reservas. Era una cachorra tranquila y sumamente observadora. Cuando quería algo maullaba bajito y tan suave que apenas se la oía. No le interesaba dormir en mi cama y si intentaba acariciarla se quedaba unos minutos, como por cortesía, pero tensa e incómoda, y luego se retiraba. Prefería los sitios altos y más solitarios, desde donde nos observaba impávida. Aún recuerdo la primera vez que se sentó por propia voluntad en mi falda, cuando ya llevaba varios meses viviendo en casa. Yo estaba sentada en una silla-hamaca, reclinada. Ella se subió de un salto a mis piernas y me miró un momento, como para evaluar mi reacción. Yo la miré a mi vez y seguí como estaba, mirando televisión. Se acomodó y se quedó allí, relajada, hasta que intenté acariciarla. Se levantó y se fue, pero a partir de ese momento cada tanto volvió a sentarse un rato sobre mi falda, y allí nos quedábamos, quietas las dos, en paz. A veces, incluso, si tenía yo la mano cerca, me la lamía.

La convivencia transcurrió plácida durante unos meses. Seis, para ser exacta. El tiempo que tardó Mina en tener su primer celo y quedar embarazada...

(continuará)

7 comentarios:

Vill Gates dijo...

Sigo leyéndote con atención el tema de los gatos. Misteriosos animales que son de ¿compañía? ¿decoración? ¿custodia del hogar? ¿espanta ratas?
Linda la historia María.

Y... FELIZ AÑO NUEVO, si es que no te lo dije. Ya no se a quien saludé en los blogs o no...

serpnorber dijo...

Qué linda anécdota! Pero no te olvides del cuento del Duende Asustado, éh? Que tengas un feliz Año Nuevo, con Francisco y demás seres queridos : )

La Maria "C" dijo...

Vill: son animales nomás... lo de los usos, bueno, me han dicho que fueron diseñados a partir de felinos salvajes por los egipcios, hace como 4000 años, ya que necesitaban un animal que compitiera contra las ratas, así que debía ser un animal pequeño, de gran velocidad y un ritmo de reproducción similar. No sé si es cierto.
Ya nos saludamos, pero feliz año nuevo para vos tambien!!

La Maria "C" dijo...

Serp: no me olvido del Duende, no. Lo tengo medio dormido, cierto es, pero ya llegará el momento de despertarlo.
Muchas felicidades para vos y los tuyos, también. Espero que el 2008 nos traiga la oportunidad de conocernos personalmente.

Anónimo dijo...

Ceciiiiiii, hermosa de mi alma.
¿Como caranchos haces para acordarte de todo? En realidad si se, es el amor que nació de vos en cada encuentro, ya sea con Tris como con Mina, es cierto ahora que me pongo a sentir, recuerdo como fué el encuentro con mi "bebota" y luego con "Tomy", mis primeron gatos naranjas, jajaja, después llegaron sus hijos, pero es es para un blog personal ya, besoteeeee, los amo.
Laura Luz

La Maria "C" dijo...

Luli: me consta que el amor que tenés y has tenido por tus compañeros animales no es precisamente poco... y es una de las razones por las que bendigo tu presencia en el mundo y, claro, en mi vida. Te amamos mucho!

Sacerdote dijo...

El único gato que tuve fue un Siames llamado Mister (todo un señor). Llego de regalo a mi hermano y convivió con nosotros en total libertad, no fue castrado y sus andanzas nocturnas son recordadas en todo el barrio.
El fue uno de los que me demostró que los gatos saben subir pero no bajar, ya que al segundo día tuve que descolgarlo de un pino que había en el fondo de mi casa. Pero como no hay mal que por bien no venga, tuve que pedir permiso para subirme a la terraza de una vecina y allí conocí a su hija, con la cual luego viviría un apasionado romance. (el romance lo vivi yo, no el gato)
Feliz año nuevo!