viernes, enero 25

Pequeña anécdota. III

Demasiada TV

Me estoy bañando y Francisco se mete en el baño, abre la cortina y me mira.
Observa:
- Mamá... no tenés pito.
Explico:
- No, Fran, Los nenes y los señores tienen pito. Las nenas y las señoras, en vez de pito tienen un agujerito que se llama...
- ¡espiráculo! - interrumpe, feliz.

(espiráculo: agujerito por donde respiran las ballenas)

jueves, enero 24

Los que se van

Pregunto: ¿Cómo anda tu vieja? Responde: Está mejor. Gracias por preguntar.

¿Tendrá la más puta idea de cuánto duele una respuesta tan imbécil?

viernes, enero 18

Y bueno, viejo!

no se me ocurre qué escribir.

Ya volverá.

Mientras tanto, si quieren me cuentan en qué anda cada cual de los que pasa por acá cada tanto.

Abrazo.

sábado, enero 12

Sueño.. rarete

Salgo del edificio, una repartición pública que está por Av Libertador, y eso es muy, muy muy lejos de casa. Estoy contenta porque pude terminar el trámite. Abro la cartera - ando con cartera, una cartera negra que consiste en algo así como tres bolsitos de cuerina, cada uno cosido debajo del otro (me parece que he visto esta cartera en alguna mujer de mi familia) -, y miro el dni, que se ve resplandeciente, como recién hecho, y constato que figura el cambio de domicilio. Me siento muy feliz porque he hecho este trámite y porque tengo en la cartera $100.-, que me permitirán tomar un taxi para irme a casa. Pero siento tremendas ganas de hacer pis, así que busco un baño público y encuentro uno que se parece sospechosamente a una estación de tren. Me meto, está vacío. Atrás entra una mujer, claramente una puta de la calle. Los baños individuales no tienen puerta y no me queda otra que hacer mis necesidades a la vista de ella. Descubro que estoy menstruando, muchísimo, y que no tengo nada con qué limpiarme ni proteger mi ropa del abundante sangrado. La mujer, que nota esto, me dice que necesita dinero y que ella me lavará si yo le pago $15. Estoy casi dispuesta a aceptar, pero dudo, y finalmente me niego. Le digo: "disculpame, pero es que... si fueras hombre..." En ese momento entra un gran grupo de gente, muchos niños. Le pido a una mujer si tiene papel higiénico, me ofrece una toalla. Me higienizo lo mejor que puedo, y entonces noto que no está mi cartera por ninguna parte. Pregunto, nadie vio nada. Un hombre me dice "ojo que hay muchos chorros por esta zona". Estoy desolada. Salgo a la calle, ya es de noche. Me doy cuenta de que no sé cómo volver a casa, que ni siquiera sé dónde es, no logro recordar la dirección, ni siquiera en qué pueblo está. Quisiera hablar por teléfono pero no tengo ni una moneda y además no veo ningún teléfono público, y todo está negro, negrísimo. Me percato de que han cortado todas las luces, el ambiente es ominoso y siento una fuerte sensación de peligro. No se ve nada, apenas distingo algunas siluetas. Decido que cruzaré la avenida, que es anchísima y está llena de autos, pero todos parados, como si hubiera cortado un semáforo que en verdad no hay. Voy hasta la esquina y veo que adelante de los autos hay dos soldados. Escucho un sonido sordo, como de disparo de cañón, no lejos de allí. En ese momento los dos soldados se agachan, se arrodillan y ponen su frente en el suelo, al estilo oriental, como saludando el paso de alguien. Horrorizada, me digo "puta madre, estamos en plena dictadura!!" Sé que tengo que cruzar esa avenida a como dé lugar y a pesar del peligro que adivino, me lanzo, a ciegas, a cruzar en plena oscuridad. Escucho que se acerca algo que no puedo distinguir, es algo inmenso, pienso que es alguna especie de tanque, se acerca pesadamente y cada tanto emite una especie de relámpago. Sé que aplastará todo lo que encuentre, a los soldados y a todos los autos, y tengo que alcanzar a cruzar la avenida antes de que llegue o me aplastará a mí también. Está muy, muy cerca, apenas a unos pocos metros, ocupa todo el ancho de la avenida y a mí todavía me falta cruzar más de la mitad, estoy decidida a lograrlo aunque me siento aterrorizada.

Ahi despierto.

miércoles, enero 9

Costumbres argentinas


Arbolito

martes, enero 8

Sueño de mudanza

Acababa de llegar a lo que sería nuestra nueva vivienda, que al parecer estaba al borde de la selva. A este lugar ya lo conocía de un sueño anterior -de hace exactamente dos años-. Se trata de una hondonada formada o bien por lluvias o por algun riacho, muy larga, y de un lado hay una pradera y del otro la selva. En aquel sueño anterior, yo había llegado al anochecer y como no había querido internarme en la selva a esas horas, había dispuesto mi bolsa de dormir sobre la barranca, de modo que podía ver la mancha inmensa de los árboles y arriba un cielo límpido y estrellado. En esta oportunidad, en este sueño de anoche, era de día, horas de la mañana. Había mucha gente, mucho ajetreo alegre y despreocupado, como de gente que está de vacaciones. Yo llegaba sola, con mi mochila a la espalda, pero sabía que había gente esperándome. Y aunque Francisco no estaba presente en el sueño, lo estaba en mi mente -no recuerdo con precisión pero era como si lo hubiera dejado temporalmente en otro sitio, para acomodarme en la mudanza-. No muy lejos de la hondonada, estaba la casa que habitaría. Y me sorprendía por lo bella, fresca y cómoda que era (parecería que la hubiera comprado sin haberla visto antes). Entraba al cuarto, que estaba impecable, me sentaba en la cama y observaba atentamente a mi alrededor. El estilo, francés pero sobrio, las paredes con molduras, los colores claros y apastelados, la cama de madera oscura, tallada con líneas simples, muy bella, y con un colchón bien alto y cómodo, y en la pared de la izquierda una ventana grande y cuadrada, abierta, que dejaba entrar la luz y el aire de la mañana. Es un cuarto acogedor y fresco, tranquilizador. Sentí que íbamos a estar bien allí.
Luego estoy fuera de la casa, recorriendo un poco la zona, y vuelvo a la hondonada. Ya es casi de noche y está lleno de gente, hay un ambiente muy festivo. Me avisan que están esperando el funeral, y me cuentan que habrá dos en esa ocasión. Esto lo cuentan muy livianamente, como si hablaran más bien de un espectáculo. Me indican que se ubicarán a ambos lados de la hondonada y yo misma busco mi ubicación. Hay un neumático grande, como de tractor, en un recodo, y elijo ese lugar. Al rato veo venir el agua, la hondonada se va llenando con un agua espumosa y clara, y en ella flota una especie de canasta. Han prendido lucecitas a ambos lados de la hondonada y hay mucha algarabía. Aunque no veo el contenido de la canasta sé que adentro hay alimentos y regalos, y pienso en algún ritual antiguo que despedía a sus muertos con viandas para el más allá. Pero ahí no han muerto personas, eso lo sé. Se trata de otras muertes, aunque no sé de qué tratan. Y yo tengo una vista privilegiada del evento, y es un sueño amable, y estoy extrañada pero contenta de estar allí.

jueves, enero 3

My boy

Acabo de percatarme de que nunca había subido fotos de mi ninito. Acá van dos. Una de cuando era chiquititito y coloráu, la otra de ahora que es rubio y churro.

Blancanieves, seis meses más tarde

Quizás algunos recuerden que en el pasado mes de julio nació Candela María, mi sobrina más joven. Así está ahora. Digan la verdad, ¿no es preciosa?

miércoles, enero 2

Para ponerle onda al nuevo año