miércoles, noviembre 28
jueves, noviembre 22
lunes, noviembre 19
Bienvenida, rutina
Capaz tenga que ver con la edad. O con la experiencia. No sé. Habré cambiado o me habré conformado, si es que importa. La cosa es... algo así:
"Rutina" siempre tuvo una connotación negativa para mí. Me molestaba encontrarme día a día haciendo más o menos las mismas cosas. Claro, de tanto en tanto, algún hito venía a desempolvarme un poco la modorra, pero más servía para resaltar la monotonía de todo lo demás que para ayudarme a cambiar algún rumbo.
Esta semana que pasó fue movida, desde lo emocional. Una noticia de suicidio, un par de accidentes menores (sufridos por mi nene, que siempre es peor que sufrirlos yo misma), una afirmación en la decisión de mudanza que venía margarideshojando hacía ya casi un año, y el -también rutinario y mensual- viajecito al pago chico. Y todo en medio de la por lo menos hasta ahora también rutinaria y mensual regla (ya, la de Andrés, el periodo bah, que ya se sabe). Sobre todo los dos primeros mencionados, resultaron una especie de tsunami al revés. Pareció que se inundaba el mundo con la energía que perdía. Amarilla, biliosa. Me destilé en líquidos y alergias, y ni hambre tenía (esto último, definitivamente nada rutinario). Me impuse jugar mucho con mi changuito y llevarlo a las plazas del pago chico, que son todas bellas. Y fuimos, y nos hamacamos, y miramos girar un tiovivo, y corrimos por el pasto espantando mosquitos. Una, dos, tres veces, tres plazas, tres momentos distintos del día. Ayer al atardecer fuimos con mi vieja a recorrer las partes nuevas de la ciudad, el segundo anillo de circunvalación. Era un atardecer espléndido, no nos peleábamos, Fran dormía sobre mi hombro. Y esto resultó una medicina.
Anoche volvimos tarde a Buenos Aires. En el micro, el último (espero!) accidente menor, una frenada brutal del conductor nos mandó a mi Changuito y a mí, que estábamos en el primer asiento individual de abajo, a estrolarnos contra la... defensa? o como se llame esa especie de pared metálica que separa a los asientos de la escalerita por la que se sube al piso alto. Yo medí el vigor del impacto de su cabecita con el dolor que sentí en el brazo. Conclusión: concusión. Un machucón rectangular y violáceo del tamaño de un celular en mi brazo; un chichón tamaño nuez y color avellana podrida en su preciosa frente.
Pero hoy, por suerte, es lunes y estamos en casa. Es lunes, ya desayunamos, ya dejé a Fran en el Jardín, ya limpié el patio y alimenté a mis otros hijos, ya saludé al portero, ya fui al chino, ya estoy frente a la pc tomando mate y en quince minutos, ya estaré atendiendo a las productoras, mandando mails, llamando a las casas. Ya empecé por vez nro. mil la dieta, ya no saqué el enchufe que tengo que llevar a la ferretería para que me den uno igualito pero que ande, ya fumé varios cigarrillos, ya me duele la rodilla anunciando la humedad que nos afligirá todo el día, ya constaté que la plata que me queda me alcanzará raspando hasta fin de mes, ya estoy escuchando la Folklorica Nacional, ya no puse a lavar la pila de ropa de todos los lunes, ya estoy escribiendo en mi blog.
Bienvenida, mi querida vida de todos los días!
viernes, noviembre 16
Bati
Lo conocí hace unos diez años, en el chat. Se había recibido o estaba por recibirse de ingeniero químico, y era un amante de la música clásica. Le gustaba hablar y discutir sobre religión. Nos hicimos amigos, él y unos cuantos más. A lo largo de unos pocos años, chateamos mucho y nos vimos varias veces. Se hacía llamar "Batigol", y nunca un nombre mejor puesto. Avanzaba hacia las cosas con un empuje que parecía que se lo llevaban los diablos, avanzando, siempre avanzando, parecía que no podía detenerse mucho en ninguna parte y a la vez que eso, encontrar un lugar donde poder detenerse, descansar de sí mismo, poder anclarse en algo, fuera lo que más deseara en la vida. Se metía en negocios, se arruinaba, discutía, armaba otra cosa, se peleaba, se enamoraba, le iba bien, le iba mal, él seguía adelante, arremetía con todo, a toda velocidad, a toda máquina. Por un tiempo no lo crucé más, volvió a aparecer unos años después, para contarnos que se había ido a vivir a Santa Fe, que había conocido a una mujer maravillosa, que tenían una farmacia, que se casaba. Estaba tan feliz. Unos años más tarde volví a encontrarlo por el chat, brevemente. La inundación se había llevado puesto todo, contó. Los había dejado en pelotas. No dijo más. Lo noté, por primera vez, abatido. Esa fue la última vez que chateé con él; ya no volví a encontrarlo. En los últimos años, supe por terceros que tenía dos hijitos, que no habían podido recuperarse económicamente, y, bastante recientemente, que su matrimonio andaba muy mal.
Ayer se suicidó.
Qué impotencia, qué tristeza. Todo junto, y sobre todo, la sensación de culpa. Por no haberme mantenido en contacto. Dejé de estar en contacto porque sí, sin razón. Como si la gente cuando no está en el chat se desconectara de nuestra vida, como si todo lo que pasara afuera del chat fuera una especie de película, nada demasiado cierto, nada realmente importante o grave. Creyendo estúpidamente que siempre podía, él, seguir adelante, cómo no iba a poder, él, con todo ese empuje, esa garra que siempre le puso a las cosas. Con ese cuerpo de potro nervioso, pura fibra, con esa mente brillante, aguda, rápida, y su espíritu solidario, enérgico, creyente. Yo no estuve a su lado, ni siquiera con un mail, mucho menos con un telefonazo. No estuve a su lado y no sé si estando podría quizá haberlo ayudado a sostenerse y no lo voy a saber nunca, igual ahora qué importa si el Bati ya se las tomó, como hizo siempre, a toda velocidad e irreversible.
martes, noviembre 13
Pequeña anécdota
Desde mi lugar de trabajo, veo que Francisco ha derramado leche sobre la mesa, y ni siquiera se molestó en limpiarla. Me acerco, señalo la mancha de leche y con voz enojada lo increpo: "¿Qué es esto?!"
Francisco mira atentamente la mancha. Luego, con expresión satisfecha, declara: "Es una letra JOTA!"
Y tenía razón, encima.
miércoles, noviembre 7
El cuento del duende asustado
Aclaro: Esto es un borrador, e inconcluso. No soy escritora, pero desde hace un tiempito me ronda la cabeza esta pequeña historia. La tengo en palabras y en dibujos, y decidí empezar a escribirla acá. Si gustan la van leyendo, por ahora va sólo el primer tercio, que es aún demasiado largo y además hay que re-redactar, así que no se pongan exigentes, es un borrador nomás. Los puntos suspensivos son sólo marcas que pongo para cosas que quiero arreglar o eliminar. Vamos a ver qué tal va saliendo.
A la mamá de Francisco le gustaban los gatos.La casa estaba llena de gatos. Gatos en el patio, en el living, en el cuarto. Siempre había algún gato durmiendo sobre la computadora, y uno o dos sobre la tele. La mamá de Francisco explicaba que a los gatos les gusta el calor y que por eso buscaban lugares como esos, calentitos. ... A Francisco no le importaba compartir el espacio con los gatos (aunque si hubiera podido elegir tal vez habría preferido un perro, ya que cuando él invitaba a cualquiera de los gatos a jugar, ellos se limitaban a desviar la mirada, o bien se iban a otro lugar a seguir durmiendo. Un perro nunca habría actuado así). A la mamá de Francisco no le habría importado que hubiera un perro en la casa pero no tenían espacio suficiente. La mamá de Francisco estaba todo el día en la casa con él, pero pasaba la mayor parte del tiempo trabajando con la computadora, y tampoco podía jugar con él. Así que, aunque vivía en una casa llena de seres vivos, Francisco no tenía casi con quién jugar. ...Una mañana llovía mucho y como Francisco estaba resfriado, la mamá decidió que ese dia mejor no iba al jardín. Francisco se puso contento, porque aunque le gustaba ir al jardín, le gustaba más quedarse a la mañana con su mamá, porque a esa hora no había tanto trabajo y la mamá lo dejaba ayudarla con las tareas de la casa, y para Francisco eso era lo mismo que jugar. La mamá se puso a limpiar el cuarto y le pidió a Francisco que fuera hasta la cocina y le trajera un trapito de color naranja, suavecito, que estaba abajo de la mesada. Francisco, que se tomaba muy en serio esas responsabilidades, fue hasta la cocina y abrió la puertita del mueble que estaba bajo la mesada. Enseguida localizó el trapito naranja y suavecito. Pero cuando iba a agarrarlo, resulta que el trapito se movió. Francisco se asustó. "Mamá!", gritó, "un bicho!" Mamá vino enseguida y miró bien por todos lados. El trapito estaba bien quietito. "No hay ningún bicho acá, Fran, te equivocaste." Pero Francisco no estaba seguro. "Mirá, si hubiera algún bicho, ya habría venido alguno de los gatos a atraparlo...", le aseguró la mamá, y Francisco, que sabía que eso era cierto, se quedó un poco más tranquilo. La mamá se llevó el trapito y volvió a la pieza. Francisco iba a seguirla, pero entonces descubrió una cacerola amarilla que no había visto antes. La cacerola estaba boca abajo y parecía... sí, un casco de bombero! Entusiasmado, la tomó con mucho cuidado y la levantó. Y entonces estuvo a punto de gritar de nuevo. Porque abajo de la cacerola, temblando y con los ojos muy abiertos, había... qué había? ... Francisco, que era muy chiquito y todavía no conocía demasiadas palabras, pensó "un bebé", porque era más chiquito que él, y él hasta hace poco era bebé. Francisco no le tenía miedo a los bebés, y sabía que no había que tocarlos sin permiso de las mamás. Así que simplemente agitó la mano y saludó "hooola bebé" con voz cantarina. El bebé, sobresaltado, se llevó un dedo a la boca y dijo "shhhhhh", mirando para todos lados. Francisco se arrodilló en el piso y repitó, ahora en voz bajita, "shhhh... secleto". El bebé asintió, sonriendo. Era sin duda un bebé muy raro. Era chiquito, sí, pero tenía un bigote como el del tío de Francisco. De todas maneras esto no era muy alarmante porque Francisco no había visto muchos bebés hasta entonces y no sabía si habría más bebés con bigote. - Querés jugar, bebé? - preguntó Francisco. - Shhhhh -contestó el bebé- No hablemos fuerte, que puede venir tu mamá y se va a asustar... Francisco no entendió por qué se iba a asustar su mamá, pero tampoco sabía cómo decir esto, así que simplemente lo miró dudoso. - Yo no soy un bebé. - dijo el bebé.- Soy un duende. Me llamo Ramón. Vos como te llamás? - Hola Lamón! - saludó Francisco con la mano, que en el Jardín había aprendido que cuando alguien se presenta hay que saludarlo.
lunes, noviembre 5
Cosas que me gustan de los Arechaga. III
Alias El Rubio.
En 1999, cuando todavía hacía furor la serie X-Files, este se ponía como nick "Scully", por lo que durante un tiempo creí que se trataba de una dama. Y esto era inquietante, porque decía cosas interesantes pero a la vez hablaba como hombre. Unos días después reveló su identidad y las cosas se acomodaron. Apersonóse en el bunker, vino en mano, un grandote joven y canoso, con una barba tipo presbítero y una mirada inocentemente alerta (que mucho después encontraría repetida en sus consanguíneos). Nos conocimos, pues, y charlamos largamente en medio de los efluvios alcohólicos y humíferos. Contó que había estado viviendo en Salta y que ahí lo llamaban "el rubio", y antes había andado por Chile, o por Bariloche, y que había tenido una moto, que leía a Castaneda en una estación de servicio, que tenía una novia en Salta con la que iba a casarse y establecerse en Usuahia adonde sería maestro. Y luego se las tomó porque al día siguiente emprendía el viaje hacia su destino, y asumí que nunca más le vería el pelo. Error. Un año más tarde, estaba de regreso en Buenos Aires. Se instaló en casa de su madre -o sea a pocas cuadras del bunker-, y enseguida empezamos a frecuentarnos. El primer tiempo me tenía azorada. El universo del Rubio estaba regido por reglas que en el mío eran cosas más bien excepcionales. Por ejemplo, partir y no llegar a destino, empezar brillantemente cosas para perder todo interés casi inmediatamente. En esas épocas yo compartía casa con Manuel (otro vago redomado), y yo, que habría sido igual de vaga si no hubiera necesitado dinero, por esas cosas de perro de hortelano me desesperaba por conseguirle laburos a ambos.
Si me dejan, después sigo, primero voy a pedir permiso para seguir narrando infidencias.
Preguntas
Escucho:
que unos pibes, adolescentes, asaltaron a una pareja ahi en Palermo y le robaron unos mangos.
que una chica, adolescente, asaltó a un pibe con sindrome de down para quitarle las zapatillas, y como él se resistió le pegó un tiro en el pecho.
Che, de dónde salen las armas? Cómo es que hay tanto pibe armado? Quién las distribuye? Por qué hay TANTAS? Qué se hace, o qué se puede hacer para rescatar esas armas y en manos de quién quedan? Hay algún lugar, tipo depósito de armas, y si es así quién lo controla? Cuando agarran a alguno armado, se puede conocer el "historial" (o como se llame) de ese arma? Quiero decir: saber quién la tenía antes, quién la fabricó y a quién se la vendió, si fue robada de algun lado, etc? No hay forma de controlar eso?
Alguien conoce cuáles son los carriles por los que un arma sale de fabricación y termina llegando a cualquiera? Si alguien lo sabe, me lo cuenta?
jueves, noviembre 1
Cosas que me gustan de los Arechaga. II
Javifacu también andan juntos para todos lados. A veces a pie, Javi caminando y Facu sentado sobre sus hombros. Y últimamente con una bicicleta, Javi pedaleando y Facu atrás con casco y sillita, todo atado con unas tiras de seguridad.
Javifacu no le tiene miedo a nada, excepto a separarse.

