Esta mujer tiene 41 años, es soltera y comparte su casa -PH de ciento dos años, tipo chorizo modificado, tres ambientes en planta baja, un entrepiso, patio, lavadero separado, oscuro y frío en invierno, acogedor y fresco en verano, bunker, aguantadero y refugio todo el año- con Tris, Ñata, Gordito, Charly, Gris-uno y Gris-dos, Negro, Negra, Vudu, Vietnam y Negrita, hijos del amor, y con Francisco, hijo del amor y la sangre.
Esta mujer tiene: en un pueblo, una madre, una hermana, un hermano, cuatro sobrinos, un cuñado, una cuñada, dos tíos, dos tías, dos primos, dos tías-abuela, cinco primos-segundos. Y algunos muertos queridos. En otro pueblo, otro hermano, otra cuñada, y dos sobrinas. Y en otro pueblo, una tía, un tío, tres primos con sus respectivos conyuges, cinco primos-segundos, una prima-tercera, una muerta querida.
Esta mujer tiene amigos, gente valiosísima y rara. Algunos en su ciudad, otros desparramados por los continentes.
Esta mujer tiene un empleo; trabaja de 10 a 21hs desde su casa, frente a una computadora. Una jefa y tres compañeras de trabajo.
Esta mujer gusta de: los libros, la Naturaleza, la internet, las reuniones de amigos, las reuniones familiares, la comida, las hierbas que se fuman, el chismorreo, la intimidad, el anonimato, el descaro, la compasión, la verdad, el conocimiento.
Esta mujer no se interesa mayormente por: la política, el sexo, las ciudades grandes, la vida de sus vecinos.
Esta mujer cree: que la Creacion es creación de Alguien, que Alguien habita y penetra en todas las cosas y seres, que bien y mal son formas percibidas, creadas, y elecciones, que la Vida es vida y muerte, que el dolor puede ser amigo, pero el sufrimiento siempre es vano. Que Marte existe, que la Tierra es redonda, que todo lo que Existe puede terminar, volver a existir, adaptarse y también terminar para siempre. Que los cambios son siempre oportunidades, pero algunos cambios son irreversibles así que hay que andarse con cuidado. Que donde hay miedo hay esperanza, pero que el miedo puede ser padre de las peores acciones. Que hay mucha gente desesperada, pero también hay mucha gente estupidizada, y el nivel de estupidez que se necesita para hacer daño no es muy alto.
Esta mujer tiene adicciones y contradicciones importantes, mantiene aún muchas preguntas y a lo largo de su vida fue decidiendo aceptar algunas respuestas y algunas faltas de respuestas. Esta mujer se angustia a menudo por lo que no puede controlar, y otras veces suelta al objeto de su obsesión, siquiera por un rato, y obtiene una paz y alegría inesperadas. Esta mujer ha cometido errores graves, se ha arrepentido de muchas cosas, ha tomado decisiones graves respecto de la vida de otros seres y lo ha hecho a conciencia, aceptando la responsabilidad y sin perdonarse a sí misma.
Esta mujer procura vivir lo más feliz que pueda, a costa de sus estupideces, adicciones, contradicciones, creencias, amores y desamores.
Esto pues es lo que hay.
miércoles, septiembre 19
Lo que hay
jueves, septiembre 13
Agradecimiento
Dos amigos, uno desconocido que deja su nombre (o nick, bah, pero es casi lo mismo en este medio), otro muy conocido que firma como anónimo (pero saluda de manera que lo reconozca), me dejaron sus mensajes en el post anterior. No les contesté porque entendí que no hacía falta y que no lo esperaban, pero sus palabras resonaron en mi interior. Unas trayéndome inquietud, las otras, paz.
Y reflexionando esta madrugada sobre eso, tomé conciencia de que en realidad lo que me mostraron fueron los límites entre los que me muevo, manteniéndome casi siempre a mitad de camino entre ambos, pero nunca llegando a instalarme definitivamente en alguno de los dos.
El primero me mostró mis interrogantes cotidianos -o casi-. Amo lo que hago, lo que soy? Cuánto o qué estoy dispuesta a soltar? El segundo, me daba la mano: a muchos, o al menos a unos cuantos, no les importa si resulto extravagante. Y a mí?
Se agradece, amigos. Gracias por pasar cada tanto por este blog, gracias por tomarse el ratito para compartir sus reflexiones. Gracias por extender la mano y ayudarme a sacudirme de la modorra y la comodidad.
martes, septiembre 11
Razón suficiente
Conversación a las siete de la mañana.
- Cómo llueve.
- Sí...
- ¿Por qué está acá adentro el cagadero de los gatos?
- Porque llueve... si lo dejo en el patio, no van a salir a mojarse, y no les va a quedar otra que hacer en cualquier parte de la casa.
- Decime la verdad: ¿no te da asco esto? Yo no entiendo cómo no te da asco...
- ...
- Ese fluorescente no anda?
- No... dejó de andar cuando vinieron los pintores, no sé qué le pasó, no anduvo más.
- Capaz es la reactancia.
- No es, ya probé. También probé a cambiar el tubo, pero no funcionó. Tiene que verlo un electricista.
- Por qué no le pediste a tu hermano el otro día cuando vino?
- No... a Marce no le gusta que le pidan cosas. Además vino para traerte a vos, se quedó diez minutos sólo para tomar un mate con nosotros, no le voy a estar pidiendo que se ponga a mirar el fluorescente...
- Es tu hermano, cómo no le vas a poder pedir.
- Y, justamente, es mi hermano. Y no le gusta que le pidan cosas. Y no viene nunca, una vez que pasa un ratito te parece que le voy a estar pidiendo esta boludez...
- VOS SABES MUY BIEN POR QUÉ NO VIENE, NI VA A VENIR! SABÉS MUY BIEN QUE MIENTRAS TENGAS LOS GATOS, NO VAN A VENIR JAMAS!
- ...
Y si lo sé, ¿qué falta hace que me lo digas? ¿Por qué se te vuelve necesario insistir en que para mi hermano su disgusto por los gatos es razón suficiente para jamás venir a ver a su sobrino? ¿Tan difícil te es darte cuenta de que eso no es razón suficiente, de la misma manera en que tampoco lo es la distancia o el tránsito de la ruta? Realmente pensás que puedo no darme cuenta de las razones atrás de las excusas? Vos, que estuviste tres años sin pisar mi casa, antes de que existiera mi hijo, y esgrimías esas mismas "razones suficientes": los gatos, Manuel. ¿De veras creés que era tu razón verdadera? ¿Creés que los que sí vienen, vienen porque le gustan mis animales o el olor de sus excrementos? ¿Tan difícil te resulta aceptar que alguien sencillamente venga por la única razón de que quieren vernos, a mí o a mi hijo? Acaso vos misma no dejaste de lado tu repugnancia "por mis gatos", y te la bancás para poder ver a Francisco? ¿Por qué te es tan difícil aceptar que no importa si me dan o no asco las heces de estos animales, de la misma manera (la misma, sí) en que no importa si me da asco o no cambiar el pañal a un nene, de la misma manera en que no importaba si te daba asco o no ayudar a tu madre a lavarse? De veras, ¿no podés darte cuenta de que hay otra razón suficiente, una auténtica, atrás de cada acto?
¿Por qué, a las siete de la mañana y a punto de irte, largás todo lo que hace falta para que sea un alivio que te vayas? ¿Creés que no me doy cuenta de que lo que de veras esperás, es que yo te dé una razón suficiente para que no tengas que venir más?
lunes, septiembre 10
Qué tenemos para el mate?
Cuando era más joven creía que era una excelente cocinera. Quizá lo fuera, al menos sé que cocinaba sabroso, pero la cosa es que con los años fui perdiendo la alegría de cocinar (no la de comer, obvvvvio) para concentrarme en lo más simple y rápido, y si antes era capaz de agasajar a mis invitados con lasagna, canelones, triangulitos de carne rellenos o cosas por el estilo, ahora tienen que conformarse con pizza y empanadas compradas, o, si estoy de muy, muy, muy buen ánimo, con suerte les preparo una tortilla a la española.
Si la comida salada, que tradicionalmente considero algo así como "la indispensable", sufrió esta veloz extinción en cuanto a su elaboración, ni qué decir de la "dulce". Nunca fui especialista, eso es claro. Pero ya ni recuerdo la última vez que preparé y cociné un bizcochuelo, pastelitos o algún postre más o menos elaborado.
La que sí sigue cocinando, aunque habiendo incorporado cantidad de materiales "prefabricados", es mi vieja. Y de ella, que la heredó de otra señora, viejita, les voy a pasar esta receta de una torta que es i-de-al, ideal dije, señores, para el mate. O para el bajón, sea éste de la índole que sea, o para agasajar o para lo que se le ocurra, pero sobre todo es ideal para tomarse unos mates con amigo, novio o familiar, ya que afecta directamente al centro del cerebro que estimula la buena conversación, elimina la culposidad y el desánimo, promueve la alegría de las pequeñas cosas, y además: es barata. Y rápida. Y si estás a dieta y no podés darle más que un mordisco, te va a durar semanas y cada vez va a tener mejor sabor. Es una especie de pan de los elfos de Tolkien, así que, amiga, amigo, siéntete en Rivendel, despliega tu luz, y manos a la obra:
TORTA DE MANDARINAS
Ingredientes:
2 Mandarinas Grandes (con su cáscara)
Aceite: ¾ de pocillo tamaño café
1 Huevo
1 taza de Azúcar
1 taza y media de Harina Leudante
Preparación:
Lave y cepille bien las mandarinas.
Corte una mandarina en trozos, retire las semillas y corte en pedacitos la cáscara. Procese o licúe todo (o agárrela a golpes de mango de cuchilla, en fin, destrócela).
Póngala en un bol, e incorpore el huevo, el aceite y el azúcar.
Exprima y cuele el jugo de la otra mandarina y agréguelo a la mezcla.
Añada el harina con movimientos envolventes para airear el batido.
Vierta en un molde previamente enmantecado y enharinado.
Cocine a horno moderado durante 40 minutos. Desmolde y deje enfriar.
Si le gusta decorada, puede cubrirla con un baño ligero de chocolate y cáscara de mandarina rallada, o cubrirla con azúcar impalpable, en fin, lo que quiera.
IMPORTANTE:
· No permitir que entre ni una sola semilla a la preparación.
A disfrutar, que la vida se termina!
jueves, septiembre 6
Sueño, sexo-laboro-artrítico
Sueño.
Salgo de casa, estoy yendo a buscar a Francisco al jardín, y trato de caminar muy, muy lentamente porque sé que es demasiado temprano. Cuando doblo la esquina veo al guardia de seguridad del anticuario sentado como siempre en su silla, escuchando algo en sus auriculares y con un libro en la mano. Pienso si debo esquivarlo o pasar por delante de él. Decido pasar por delante. Pero cuando llego adonde está, me detengo. Sólo lo miro amablemente, pero mi mirada es malinterpretada. El hombre echa una ojeada hacia el zaguán del anticuario, como para constatar que no nos verán, me toma de la mano y me invita a entrar. Me sorprendo por mi propio repentino aunque mínimo interés. El zaguán está oscuro pero deja la puerta abierta. Desde el rincón oscuro en el que me dejo cojer, veo la claridad del día afuera y escucho la gente que pasa.
Estoy con Manuel en Villa de Mayo, en una de las casas que tiene mi jefa para alquilar. Manuel está trabajando para la competencia. Su jefa -Norma- no sabe que Manuel y yo vivimos juntos. Lo llama a Manuel por teléfono y yo escucho todo. Le dice que por esa casa cobre 5000. Y yo me digo que se lo voy a contar a mi jefa -Irene-.
Sueño que no puedo dormir porque me duele extraordinariamente la rodilla izquierda. El dolor es intenso de verdad, como un dolor de muela infectada. Duele y duele y no para de doler, la rodilla irradia un dolor pulsante y luminoso, es un dolor visible, como un dibujito de comic. Como la que usualmente me duele es la rodilla derecha, me lamento, en el sueño, de que me haya empezado a doler también esta otra, y encima, que duela tanto. Siento como si una uña afilada penetrara en algún nervio justo en el centro de la rodilla y la intensidad es ya insoportable. Me despierto, el despertador está sonando desde hace ya un ratito, a juzgar por la insistencia del rin-rin. El gato Tris está durmiendo al borde de la cama, con su garra levemente extendida aferrando mi rodilla (para no caerse, seguro). Me levanto, moviendo la pierna con mucho cuidado para no exacerbar el dolor. Pero no hay ningún dolor. Por suerte.