" Quiero decir que es fuerte de alma, que tiene grandeza de corazón. Sin embargo, cuando un hombre permanece encerrado entre paredes que a lo largo de su vida ha construido cada vez más firmes y más altas, quizá no haya fuerza suficiente. No puede salir. ... Ha cometido un grave error. Nunca ha salido y se ha puesto a la intemperie. ... Por eso, porque no se deja hacer daño, hace daño a los que más quiere. Y cuando se da cuenta, le hace daño."
Ursula K Le Guin, en su libro "El ojo de la garza"
viernes, agosto 31
Cosas que dicen los autores. II
jueves, agosto 30
Juan Manuel, feliz, feliz
Hoy en el parque habia un chico, que a juzgar por su físico andaría por los 14 años. Blanco, alto, delgado, muy hermoso de rasgos, y algo raro, cierto desmaño en los movimientos, la expresión como excesivamente inocente, quizá algún tipo de retardo, no sé qué.
Se hamacaba muy fuerte, y con una alegría! Con cada vaivén lanzaba unos grititos agudos y unas carcajadas de bebé. Feliz, feliz. A Francisco, en la hamaca de al lado, se le contagiaba la risa del chico y se carcajeaba y gritaba como loco. Yo los miraba a los dos y sin darme cuenta me reía también. El chico, entre las carcajadas, me decía algo que sonaba a "qué divina" o "qué me miras", pero se reía tanto que no podía entenderlo.
En un momento una señora ya mayor que estaba fuera del área de los juegos lo llamó, y él paró la hamaca, se bajó, se acercó y me dio un beso y se presentó. "Me llamo Juan Manuel", dijo. Y agregó que le encantaba la hamaca. Le dije "a Francisco también". El lo observó educadamente y dijo "Es chiquito... vos le das de comer? Debes darle comida cortada chiquitita..." Luego señaló uno de los juegos del parque -esa especie de escalera vertical, para trepar- y me preguntó si yo sabía cómo se llamaban. Le dije que no sabía y que simplemente las llamaba escaleras. Y él me dice: "Yo las llamo Adrenalín".
Después me tuvo como veinte minutos preguntándome cosas, sólo para encontrar si hacíamos o mirábamos lo mismo. Quiso saber mi apellido, dónde vivíamos, si miraba Bailando por un sueño, a qué escuela iba Francisco, si veníamos a menudo a la placita, si alguna vez había estado en Uruguay, en Claypole, en Luján, y otro sinfín de cositas. Y con cada coincidencia se iluminaba y estallaba de alegría.
La verdad que nunca vi a nadie tan feliz.
En una de ésas me cuenta: "En el departamento de al lado vive una señora muy viejita, muy rubia... yo cuando la veo me da una risa!!!! Y se rió como loco contándome esto. Previamente me había dicho que Nazarena Vélez era un bombón, yo tardé en darme cuenta de que se reía porque se ve que hallaba parecidas a su vecina viejita y a Nazarena Vélez, de alguna manera cómica.
La señora mayor volvió a llamarlo y él me explicó que era su abuela y que vivía con ella. Se fue corriendo despatarrado, pero enseguida se paró en seco y con mucha seriedad me dijo: "Tenés que decirme chau". Sin esperar respuesta se fue de nuevo, llegó hasta la abuela, le dijo algo y luego volvió, también corriendo, y me dio un beso, exigió el chau y se despidió contentísimo.
De veras: nunca vi a nadie tan feliz.
miércoles, agosto 29
La magia de Ursula
EL AUTOR DE LAS SEMILLAS DE ACACIA Y OTROS EXTRACTOS DEL DIARIO DE LA SOCIEDAD DE ZOOLINGÜISTAS.
por URSULA K. LE GUIN
A finales del siglo XIX un científico muy conocido dogmatizó que la humanidad había aprendido todas las leyes importantes de la naturaleza, que ninguna otra cosa quedaba por conocer pues la precisión de los cálculos aplicados tan sólo podía dejar en el aire pequeños restos sin importancia. Conociendo los profundos cambios que desde entonces ha experimentado la ciencia, tal dogma ha llegado a ser una mera broma. Todavía, a veces, pensamos que efectivamente estamos en posesión de todos los conocimientos básicos y que ninguna cosa futura constituirá una sorpresa. En esta corta e ingeniosa pieza, cuyo título original es The Author of the Acacia Seeds and Other Extracts from the Journal of the Association of Therolinguistin, Ursula K. Le Guin sugiere que quedan muchas cosas por aprender: que la humanidad puede vivir durante un millón de años rodeada de seres inteligentes, cuyas formas artísticas se encuentran ante nuestros propios ojos, esperando tan sólo ser descifradas.
MANUSCRITO ENCONTRADO EN UN HORMIGUERO
Los mensajes, escritos con exudación de glándulas sensitivas, fueron hallados sobre la superficie de infecundas semillas de acacia colocadas en hilera al final de un túnel estrecho e irregular, posiblemente una desviación de otro más profundo y vertebral de la colonia. Lo primero que llamó la atención de los investigadores fue el peculiar sentido del orden que manifestaba la posición de las semillas.
Los mensajes son fragmentarios y la traslación peca de aproximativa, en parte debido a la inexcusable necesidad de interpretar; pero el texto es rico en sugerencias, principalmente por su novedad con respecto a los restantes escritos fórmicos que conocemos.
Semillas 1-13
(No deseo) pulsar las antenas. (No quiero) golpear. (Quiero) verter sobre secas semillas (mi) dulzura de alma. Pueden encontrarlas cuando (yo haya) muerto._ ¡Palpa esta seca madera. (¡Soy yo quien) habla! (¡Yo estoy) aquí!
Como alternativa, este pasaje puede ser leído :
(No debes) pulsar las antenas. (No debes) golpear. (Puedes) verter sobre secas semillas (tu) dulzura de alma. Pueden encontrarlas cuando (hayas) muerto. ¡Palpa esta seca madera! Habla : ( ¡Yo estoy) aquí!
En el no muy conocido dialecto de las Hormigas es omitido el uso de pronombres personales, excepto los de la tercera persona de singular y plural y la primera del plural. En este texto que comentamos sólo aparecen las formas radicales de los verbos; de manera que no podemos decidir si se trata de una autobiografía o un manifiesto.
Semillas 14-22
Largos son los túneles. Más largo es Lo-que-no-es-túnel. Ningún túnel puede alcanzar la longitud de Lo-que-no-es-tú- nel. Pues Lo-que-no-es-túnel posee más distancia que la que puede recorrerse en diez días (es decir, la eternidad). ¡Salve!
El signo traducido como « ¡Salve! » corresponde a la mitad del acostumbrado saludo «¡Salve la Reina!», o «¡Larga vida a la Reina!», o «¡Hurra por la Reina!» – sin embargo, el signo correspondiente a «Reina» ha sido omitido.
Semillas 23-29
Como la hormiga entre hormigas bárbaras es asesinada, así la hormiga sin hormigas perece sin remedio; pero permanecer sin hormigas es tan dulce como melado rocío.
No es propiamente un asesinato lo que se comete sobre las hormigas que se introducen en otras colonias. Aislada de sus compañeras, muere invariablemente en el curso de uno o dos días. La dificultad de este pasaje se encuentra en el signo «sin hormigas», que para nosotros toma el sentido, más propio, de «solitario», concepto, no obstante, para el que no existe signo alguno en el léxico fórmico.
Semil1as 30-31
¡Come los huevos! ¡Arriba la Reina!
En torno a la frase encontrada en la semilla 31 se ha desatado multitud de disputas. Se trata de un punto importante, ya que el sentido de todos los textos anteriores podría ser desentrañado plenamente a la luz de la última exhortación transcrita. El Dr. Rosbone arguye ingeniosamente que el autor, una obrera estéril y sin alas, suspira inútilmente por llegar a convertirse .en un apuesto macho alado y fundar una nueva colonia, remontándose por los aires en el vuelo nupcial con una nueva Reina. Aunque, ciertamente, el texto permite tal lectura, estamos convencidos por nuestra parte que nada en el escrito supone cosa semejante, y menos todavía la frase que se lee en la semilla inmediatamente anterior, la número 30: «¡Come los huevos!» Su lectura, aunque sorprendente, no reporta duda ninguna.
En lo concerniente a nuestra postura, nos atrevemos a sugerir que la confusión resultante del texto de la Semilla 31 tiene origen en una interpretación etnocéntrica del término «arriba». Entre nosotros, la palabra «arriba» contiene una denotación benigna. No así, en cambio, no necesariamente así, repetimos, para una hormiga. «Arriba» indica el lugar de donde procede el alimento, de esto no hay duda; pero «abajo» implica la dirección de la seguridad, de la paz, del hogar. «Arriba» se encuentra el sol abrasador; la gélida noche... sin el refugio de los amados túneles... exilio, en suma, la muerte. Justo aquí es donde queremos señalar lo siguiente : este extraño autor, en la soledad de su abandonado túnel, abrumada por el desamparo, concibe lo que para una hormiga constituye la más abominable blasfemia : lo que expresa la correcta lectura de las Semillas 30 y 31: lo que .en términos humanos dice :
¡Come los huevos! ¡Abajo la Reina!
Un ya apergaminado cuerpo de pequeña obrera fue encontrado junto a la Semilla 31 cuando ocurrió el insólito descubrimiento del manuscrito. La cabeza había sido desgajada del tórax, probablemente por obra y gracia de las mandíbulas de algún soldado de la colonia. Las semillas, delicadamente dispuestas, como persiguiendo la gracia figurativa de un pentagrama musical, no habían sido tocadas. (La casta militar de las hormigas es analfabeta; más aún, puede atribuirse el desinterés del soldado a la ausencia de materia comestible en los objetos tan brillantemente dispuestos.) Ninguna hormiga de la colonia ha quedado con vida; fueron masacradas en el curso de una guerra con un hormiguero vecino, poco tiempo después de la muerte del Autor de las Semillas de Acacia.
G. D’Arbay, T. R. Bardol
PROCLAMA DE UNA EXPEDICIÓN
La extrema dificultad que presentaba el acceso a la literatura de los Pingüinos ha sido por fin subsanada por el empleo de filmadoras submarinas. Gracias a las películas al menos nos ha sido posible repetir y repasar con todo detalle las fluidas frases de tal escritura, hasta el punto de que, con tenaz empeño y paciente estudio, muchos elementos de este elegantísimo y rico acervo cultural han podido ser conocidos, aunque muchos matices (y tal vez la esencia) necesariamente queden ignorados.
Fue el Profesor Duby quien, al apuntar posibles filiaciones del escrito con el Ganso Silvestre hizo realizable la tarea de formular el primero aunque rudimentario léxico pingüino. Así, pues, las analogías con el idioma delfín, que por entonces constituían estudio común, han resultado ser bastante equivocadas.
Verdaderamente, parecía extraño que señales manifestadas casi enteramente por alas, cuello y contorno general pudieran suministrar la clave de la poesía de estos literatos de agua, con su cuello corto y ridículas alas. Sin embargo, opinamos que no debiera parecer tan extraño si consideramos, a despecho de cualquier grosera apariencia que nos refute, que los pingüinos son pájaros.
Por el hecho de que los escritos pingüinos ofrezcan manifiesta semejanza de forma con la literatura delfín, no debemos abandonarnos en manos del prejuicio que la haría también partícipe de una similitud de contenido. Pues realmente ello no ocurre. Hay, de hecho, un idéntico sentido de la agudeza, extraordinarios brotes de humor, rica invención e inimitable gracia. De los miles de culturas literarias que coexisten en el acervo acuático, sólo unas cuantas despliegan el humor sobre todas las cosas, especialmente de manera sencilla y primitiva; y baste como ejemplo la confrontación entre la soberbia elegancia del Tiburón o el Tarpón y el alegre vigor de los escritos cetáceos. La alegría, la fuerza, el humor, son justamente caracteres del elenco literario de los autores pingüinos, sobre todo de muchos de los más fines auteurs focas. Ciertamente, la temperatura de la sangre constituye un nexo a considerar._ ¡Pero, señores, la conformación del útero y el cerebro levantan una indiscutible barrera! Los delfines no ponen huevos. Un mundo de diferencias se encuentra en .este simple hecho. Sólo cuando el Profesor Duby nos hizo reconsiderar que los pingüinos son pájaros, que ellos no nadan sino que vuelan en el agua, sólo entonces, decimos, pudieron los zoolingüistas comenzar a estudiar científicamente, con todo el peso del término, la literatura marina de los pingüinos; sólo entonces, insistimos, los kilómetros de película empleados pudieron ser reexaminados con propiedad y, finalmente, apreciados.
Pero aún pesan sobre nosotros muchas dificultades de traslación.
Un satisfactorio y progresivo paso hacia delante ha sido dado ya en Adélie. Las dificultades de filmación de un grupo cinético en un agitado mar, tan espeso como una sopa de guisantes y plancton, a una temperatura del 31º Farenheit, han sido considerables; pero la perseverancia del círculo literario Ross Ice Barrier ha sido plenamente recompensada con, por ejemplo, la obtención de pasajes tales como «Bajo el iceberg», de la Canción del Otoño – pasaje conocido ahora mundialmente, gracias a la interpretación de Anna Serebryakova, del Ballet de Leningrado. Ningún homenaje verbal puede aproximarse siquiera a la sublimidad desplegada en la versión de Miss Serebryakova. No hay forma de reproducir por escrito la tan importante multiplicidad del texto original, tan bellamente ejecutada por los soberbios coros de la compañía del Ballet de Leningrado.
Evidentemente, lo que designamos como «traslación» más arriba, refiriéndonos al texto de Adélie, no es, si hablamos francamente, sino un compendio de meras notas, como un libreto de ópera huérfano de partitura. La versión del ballet es la versión verdadera. Ninguna palabra puede completarla. Quisiera ahora sugerir, aunque esta sugerencia sea acogida con actitudes de ira o desvergonzada risa, que, para el zoolingüista – tan opuesto al artista y al aficionado –, la cinética acuática del pingüino constituye el campo menos prometedor de su estudio, y menos todavía el correspondiente a los textos de Adélie, con todo su hechizo y relativa simplicidad, atreviéndome a destacar su mediocridad con respecto al Emperador.
¡El Emperador! Anticipo a mis colegas la responsabilidad de esta sugerencia. ¡Emperador! ¡El más difícil, el más arcano de todos los dialectos pingüinos! La lengua de la que el propio Profesor Duby ha subrayado: «La literatura del pingüino emperador es tan prohibida, tan inaccesible, como el mismo helado corazón de la Antártida. Sus bellezas pueden ser celestiales, pero no están a nuestro alcance.»
Posiblemente. No subestimo las dificultades : no al menos las que se relacionan con el temperamento del pingüino imperial, mucho más reservado y ascético que todos los restantes pingüinos. Pero, paradójicamente, yo sitúo mi esperanza en esta característica reserva. El emperador no es solitario sino que, por naturaleza, puede ser calificado de pájaro social, y habita en colonias, como la especie de Adélie, cuando llega la temporada de la reproducción; sólo que esas colonias son mucho más reducidas, mucho más tranquilas que las de Adélie. Los lazos entre los miembros de una colonia emperador son más personales que sociales. El emperador es un individualista. De aquí mi opinión de que la literatura propia del emperador sea solista y no coral, personal y no colectiva; de aquí también que pueda ser trasladada a términos humanos. Admito que puede ser una literatura cinética, en efecto, pero, ¡qué diferencia con esa elástica, polimórfica, vertiginosa literatura coral de los mares! Un concreto análisis, una exacta transcripción pueden ser posibles por fin.
¡¿Y qué?! – dirán mis críticos –. ¿Vamos, sin más, a lanzarnos hasta Cabo Crozier, entre tinieblas y ventiscas, a sesenta grados bajo cero, por la simple esperanza de recuperar la problemática poesía de unos cuantos extraños pajarracos que habitan en esos lugares, en pleno invierno, entre las tormentas de nieve, a sesenta grados bajo cero, posados sobre hielos eternos con un huevo a los pies?
Mi respuesta, señores, es Sí. Pues, al igual que el Profesor Duby, mi instinto me dice que la belleza de esa poesía constituye lo menos terrenal que podemos encontrar sobre la tierra.
A aquellos de mis colegas que se sienten fortalecidos y animados por el espíritu de la curiosidad científica y el riesgo estético, yo les digo que apelen a su imaginación: el hielo, las cortinas de nieve, las tinieblas, los prolongados alaridos del viento. En esa espantosa desolación una pequeña pléyade de poetas permanece agazapada. Están hambrientos, hace semanas que no comen. A los pies de cada uno, bajo cálido techo emplumado, yace un gran huevo que no teme los mortales zarpazos del frío. Los poetas no se escuchan entre ellos, no pueden cruzar recíprocas miradas. Tan sólo siente el calor del otro. Tal es su poesía; tal es su arte. Como cualquier literatura cinética, ésta abandona la palabra y se condensa en el silencio; al contrario que otras literaturas cinéticas, ésta es principalmente inmóvil, tenue, inefablemente sutil. El fruncimiento de una pluma, el imperceptible soplo de un ala; el apenas escaso roce entre cualesquiera de sus partes. Entre la indecible, misérrima indigencia, la afirmación. En el reino de la ausencia, la presencia. En la muerte, la vida.
Señores, he obtenido una considerable subvención de la UNESCO y he organizado una expedición. Todavía tenemos cuatro plazas libres. El viernes zarpamos para la Antártida. Si alguno de ustedes quiere unirse a nosotros, sea bienvenido.
D. Petri
EDITORIAL, POR EL PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD DE ZOOLINGÜISTAS
¿Qué es el Lenguaje?
Esta pregunta, capital para la ciencia de los zoolingüistas, ha sido contestada –cierto que un tanto heurísticamente – por la misma existencia de la ciencia. El lenguaje es comunicación. Este es el postulado sobre el que descansa nuestra teoría y nuestra investigación, y del que proceden nuestros descubrimientos; y es el hecho que esos mismos descubrimientos ratifican la veracidad del postulado. Pero al enunciar una pregunta, afín pero no idéntica, como qué cosa puede ser el Arte, nos encontramos con una ausencia de respuestas satisfactorias.
Tolstoi, en el libro cuyo título es esa misma pregunta, respondió de manera clara y rotunda : el Arte es también comunicación. Una definición semejante ha sido aceptada, según mi más profundo convencimiento, con excesiva precipitación, sin el menor asomo de revisión y crítica por parte de los zoolingüistas. Por ejemplo, para hacerlo notar de alguna manera, ¿por qué los zoolingüistas estudian solamente animales?
¿Por qué? Porque las plantas no se comunican.
Las plantas no se comunican; esto es un hecho. Por consiguiente las plantas carecen de lenguaje; muy bien; hasta aquí sigue funcionando nuestro axioma de base. Por lo tanto, es obvio, las plantas no tienen arte. ¡Un momento, sin embargo! Esta última aseveración no parte de nuestro postulado básico, sino tan sólo del indemostrado argumento tolstoiano.
¿Qué ocurriría si el arte no fuera comunicación?
¿O qué, si una parte de la producción artística lo fuera y la otra no?
Nosotros, animales en definitiva, capaces de realizar actos, sujetos a dependencias, buscamos (debo decir que con exceso) un arte comunicativo, activo, dependiente; y cuando lo encontramos no podemos menos que reconocerlo. El desarrollo de este poder para detentar, así como la habilidad en las matizaciones, constituye una reciente y gloriosa proeza.
Ante lo cual me permito insinuar que, pese a los prodigiosos progresos llevados a cabo por los zoolingüistas durante las últimas décadas, nos encontramos todavía en el umbral de una verdadera edad del dominio zoolingüista. Por ello mismo no debemos convertirnos en esclavos de nuestras antiguas tesis. Aún no se han abierto nuestros ojos a los vastos horizontes que ante ellos se despliegan. En suma, no nos hemos encarado con el casi terrorífico desafío de la Planta.
Si no en tanto que comunicación, el arte vegetal existe, y ello debe conducirnos a la revisión de algunos de los conceptos de nuestra ciencia y a preparar un competente equipo de técnicos. Pues no es tan sencillo eludir las exigencias críticas y técnicas que, necesarias para el estudio de los misteriosos asesinatos de la Comadreja, el erotismo del Batracio, la saga perforadora de la Lombriz, no son menos imprescindibles para afrontar el arte de la Secoya, la cadencia del Junco y muchas otras.
Esto ha sido irrevocablemente demostrado, paradójicamente, por el fracaso – noble fracaso, sin embargo – de los esfuerzos del Dr. Srivas, de Calcuta, al usar cámaras fotográficas con el objetivo abierto en exposición, a fin de registrar un léxico del Girasol. Su intento fue un desafío, pero condenado a la derrota. Pues su proyecto era cinético – un método apropiado a las artes comunicativas de las tortugas, las ostras y los perezosos. Había observado la extrema lentitud del movimiento de las plantas y sólo a partir de este dato debía ser resulto el problema.
Problema que fue en aumento. El arte que él pretendía descubrir, si realmente existía, era un arte sin comunicación – y probablemente un arte exento de movimiento. Es posible que el Tiempo, ese elemento esencial, matriz y parámetro de todo arte animal conocido, no participe necesariamente del arte vegetal. Las plantas pueden muy bien usar un compás cuyo modelo sea la eternidad. Es algo que desconocemos.
Realmente se trata de algo que no conocemos. Todo cuanto hemos podido averiguar al respecto es que el Arte considerado como vegetal es completamente diferente del Arte animal. Qué es no podemos decirlo, pues todavía no lo hemos descubierto. Aún con cierta inseguridad puedo afirmar que existe, y cuando sea demostrada su existencia y conocida su esencia, ésta no consistirá en una acción sino en una reacción : advertiremos que no se tratará de una comunicación sino de una recepción. Será exactamente lo contrario de cuanto sabemos y podemos identificar. Será el primer arte-pasivo que conozcamos.
Pero, ¿podemos verdaderamente conocerlo? ¿Podemos verdaderamente entenderlo?
La empresa estará llena de dificultades. Ello es obvio. Sin embargo no debemos desesperar. Recuérdese que, incluso en pleno siglo xx, muchos artistas y científicos no creían en la posibilidad de que el Delfín llegara a ser comprendido por el cerebro humano. Una actitud semejante por nuestra parte nos llevaría a ser el hazmerreír de nuestros sucesores, de tal manera que cualquier fitolingüista dirá a algún crítico de estética : «¿Advierte usted que eran incapaces hasta de leer las Berenjenas?». Así, sonreirán ante nuestra ignorancia; y mientras continuarán aumentando sus éxitos, registrando, por ejemplo, la lírica de los líquenes sobre la cara norte de Pike’s Peak.
Y con ellos, o después de ellos, aunque al principio no más que como aventurero osado, aparecerá la figura del geoIingüista, que, ignorando, casi despreciando, el delicado tránsito hacia la lírica liquen, querrá aprehender lenguajes todavía menos comunicativos, todavía más pasivos, enteramente atemporales : la fría y volcánica poesía de las rocas, cada una de las cuales será una palabra lanzada por la tierra desde tiempos inmemoriales, en la inmensa soledad, inmensa confraternidad del cosmos.
Fin.
Nota mia: No es cierto que las plantas no se comuniquen, se ha comprobado que lo hacen mediante sustancias químicas segregadas por las raíces. Cuando un enemigo ataca a una planta, comiendo sus hojas por ejemplo, esta, segrega un agente químico que detectada por sus vecinas desencadena una serie de procesos defensivos, como la alteración del sabor de las hojas o la secreción de venenos.
Literatura fantástica y sci-fi
Con el tiempo me di cuenta de que para que algo escrito me resultara interesante tenía que ser, o parecer, una pura ficción. Igual que al fulano ese que si las mujeres no sabian volar no le interesaban, en mi caso, ya sea que se trate de un manual técnico, la lista de compras del super, el calendario de vacunación o la biográfica más escueta, si carece del "vuelo" de la ficción, deja de interesarme casi de manera automática, provocándome, sobre todo en mis épocas de estudiante, más de un contratiempo a la hora de tener que memorizar o comprender cualquier texto.
a
De todos los maravillosos autores que enriquecen mi vida, mi favorita, top de los tops, es la Señora Ursula K Le Guin. En post separado les dejaré algunos textos, por si gustan. Mientras tanto, para los amantes del género como esta servidora, va aquí la lista de los autores que fueron ganando año a año los premios Nebula y Hugo. Esta lista me ha resultado una excelente guía de referencia, cuando quiero elegir algo para leer. A mí me los pasó el Javi, quien los obtuvo a su vez de Wikipedia, la enciclopedia libre. Aquí va.
Premios Hugo:
2006 - Spin, Robert Charles Wilson
2005 - Jonathan Strange y el Señor Norrell (Jonathan Strange & Mr Norrell), Susanna Clarke
2004 - Paladín de almas (Paladin of Souls), Lois McMaster Bujold
2003 - Homínidos (Hominids), Robert J. Sawyer
2002 - American Gods, Neil Gaiman
2001 - Harry Potter y el cáliz de fuego (Harry Potter and the Goblet of Fire), J.K. Rowling
2000 - Un abismo en el cielo (A Deepness in the Sky), Vernor Vinge
1999 - Por no mencionar al perro (To Say Nothing of the Dog), Connie Willis
1998 - Paz interminable (Forever Peace), Joe Haldeman
1997 - Marte Azul (Blue Mars), Kim Stanley Robinson
1996 - La era del diamante (The Diamond Age), Neal Stephenson
1995 - Danza de espejos (Mirror Dance), Lois McMaster Bujold
1994 - Marte Verde, (Green Mars), Kim Stanley Robinson
1993 - Ex-aequo:
Un fuego sobre el abismo (A Fire Upon the Deep), Vernor Vinge
El libro del día del juicio final (Doomsday Book), Connie Willis
1992 - Barrayar (Barrayar), Lois McMaster Bujold
1991 - El juego de los Vor (The Vor Game), Lois McMaster Bujold
1990 - Hyperion (Hyperion), Dan Simmons
1989 - Cyteen (Cyteen), C. J. Cherryh
1988 - La rebelión de los pupilos (The Uplift War), David Brin
1987 - La voz de los muertos (Speaker for the Dead), Orson Scott Card
1986 - El juego de Ender (Ender's Game), Orson Scott Card
1985 - Neuromante, (Neuromancer), William Gibson
1984 - Marea estelar (Startide Rising), David Brin
1983 - Los límites de la Fundación, (Foundation's Edge), Isaac Asimov
1982 - La estación Downbelow (Downbelow Station), C. J. Cherryh
1981 - La reina de la nieve (The Snow Queen), Joan D. Vinge
1980 - Fuentes del paraíso (The Fountains of Paradise), Arthur C. Clarke
1979 - Serpiente del sueño (Dreamsnake), Vonda McIntyre
1978 - Pórtico (Gateway ), Frederik Pohl
1977 - Donde solían cantar los dulces pájaros (Where Late the Sweet Birds Sang), Kate Wilhelm
1976 - La guerra interminable (The Forever War), Joe Haldeman
1975 - Los desposeídos (The Dispossessed), Ursula K. Le Guin
1974 - Cita con Rama (Rendezvous with Rama), Arthur C. Clarke
1973 - Los propios dioses (The Gods Themselves), Isaac Asimov
1972 - A vuestros cuerpos dispersos (To your scattered bodies go ), Phillip José Farmer
1971 - Mundo Anillo (Ringworld), Larry Niven
1970 - La mano izquierda de la oscuridad (The Left Hand of Darkness), Ursula K. Le Guin
1969 - Todos sobre Zanzíbar (Stand on Zanzibar), John Brunner
1968 - El señor de la Luz (Lord of Light), Roger Zelazny
1967 - La luna es una cruel amante (The Moon is a Harsh Mistress), Robert A. Heinlein
1966 - Ex-equo:
Tú, el inmortal (...And Call Me Conrad), Roger Zelazny
Dune, Frank Herbert
1965 - El planeta errante (The Wanderer), Fritz Leiber
1964 - Estación de tránsito (Way Station), Clifford D. Simak
1963 - El hombre en el castillo (The Man in the High Castle), Philip K. Dick
1962 - Forastero en tierra extraña (Stranger in a Strange Land), Robert A. Heinlein
1961 - Cántico por Leibowitz (A Canticle for Leibowitz), Walter M. Miller
1960 - Tropas del espacio (Starship Troopers), Robert A. Heinlein
1959 - Un caso de conciencia (A Case of Conscience), James Blish
1958 - El gran tiempo (The Big Time), Fritz Leiber
1957 - Este año no se ofreció el premio a la categoría de novela
1956 - Estrella doble (Double Star), Robert A. Heinlein
1955 - La máquina de la eternidad (They'd Rather Be Right), Mark Clifton & Frank Riley
1954 - Véase premios retrospectivos
1953 - El hombre demolido (The Demolished Man), Alfred Bester
Premios retrospectivos
1954 - Retro año 2004: Fahrenheit 451 (Fahrenheit 451), Ray Bradbury
1951 - Retro año 2001: Farmer in the Sky, Robert A. Heinlein
1946 - Retro año 1996: El mulo (The Mule), Isaac Asimov
Premios y nominaciones Nebula a la mejor novela:
2006 Seeker de Jack McDevitt
From the Files of the Time Rangers de Richard Bowes
The Girl in the Glass de Jeffrey Ford
The Privilege of the Sword de Ellen Kushner
To Crush the Moon de Wil McCarthy
Farthing de Jo Walton
2005 Camuflaje de Joe Haldeman
Jonathan Strange y el Señor Norrell de Susanna Clarke
Polaris de Jack McDevitt
Going Postal de Terry Pratchett
Air de Geoff Ryman
Orphans of Chaos de John C. Wright
2004 Paladín de almas de Lois McMaster Bujold
Tocando fondo de Cory Doctorow
Omega de Jack McDevitt
Cloud Atlas: A Novel de David Mitchell
Perfect Circle de Sean Stewart
El Caballero de Gene Wolfe
2003 La Velocidad de la Oscuridad de Elizabeth Moon
Inmunidad diplomática de Lois McMaster Bujold
The Mount de Carol Emshwiller
Light Music de Kathleen Ann Goonan
The Salt Roads de Nalo Hopkinson
Chindi by Jack McDevitt
2002 American Gods de Neil Gaiman
Solitaire de Kelley Eskridge
En el otro viento de Ursula K. Le Guin
Picoverse de Robert A. Metzger
La estación de la calle Perdido de China Miéville
Atrapados en la prehistoria de Michael Swanwick
2001 Rosa cuántica de Catherine Asaro
Eternity's End de Jeffrey A. Carver
A través de Marte de Geoffrey A. Landis
Tormenta de Espadas de George R. R. Martin
The Collapsium de Wil McCarthy
The Tower at Stony Wood de Patricia A. McKillip
Declara de Tim Powers
Tránsito de Connie Willis
2000 La Radio de Darwin de Greg Bear
Una campaña civil de Lois McMaster Bujold
Crescent City Rhapsody de Kathleen Ann Goonan
Ladrona de medianoche de Nalo Hopkinson
Infinity Beach de Jack McDevitt
Forests of the Heart de Charles de Lint
1999 Parable of the Talents de Octavia E. Butler
The Cassini Division de Ken MacLeod
Choque de Reyes de George R. R. Martin
Mission Child de Maureen F. McHugh
Mockingbird de Sean Stewart
Un abismo en el cielo de Vernor Vinge
1998 Paz Interminable de Joe Haldeman
The Last Hawk de Catherine Asaro
Moonfall de Jack McDevitt
How Few Remain de Harry Turtledove
La muerte del nigromante de Martha Wells
Por no mencionar al perro de Connie Willis
1997 La luna y el sol de Vonda McIntyre
Recuerdos de Lois McMaster Bujold
Los dragones del rey de Kate Elliott
Juego de Tronos de George R.R. Martin
Ancient Shores de Jack McDevitt
City on Fire de Walter Jon Williams
Oveja mansa de Connie Willis
1996 Río Lento de Nicola Griffith
The Silent Strength of Stones de Nina Kiriki Hoffman
Winter Rose de Patricia McKillip
Expiration Date de Tim Powers
Starplex de Robert J. Sawyer
La era del diamante - Manual ilustrado para jovencitas de Neal Stephenson
1995 El experimento terminal de Robert J. Sawyer
Mother of Storms de John Barnes
Mendigos y opulentos de Nancy Kress
Celestis de Paul Park
Metropolitan de Walter Jon Williams
Caldé del Sol Largo de Gene Wolfe
1994 Marte se mueve de Greg Bear
Parable of the Sower de Octavia E. Butler
Gun, with Occasional Music de Jonathan Lethem
Remolcando a Jehová de James Morrow
Temporary Agency de Rachel Pollack
Marte verde de Kim Stanley Robinson
A Night in the Lonesome October de Roger Zelazny
1993 Marte rojo de Kim Stanley Robinson
Assemblers of Infinity de Kevin J. Anderson y Doug Beason
Hard Landing de A.J. Budrys
Mendigos en España de Nancy Kress
Nocturno del sol largo de Gene Wolfe
1992 El libro del Día del Juicio Final de Connie Willis
A Million Open Doors de John Barnes
Sarah Canary de Karen Joy Fowler
China Mountain Zhang de Maureen F. McHugh
Un Fuego Sobre el Abismo de Vernor Vinge
Briar Rose de Jane Yolen
1991 Las estaciones de las mareas de Michael Swanwick
Orbital Resonance de John Barnes
Barrayar de Lois McMaster Bujold
Danza de huesos de Emma Bull
Synners de Pat Cadigan
La Máquina Diferencial de Bruce Sterling y William Gibson
1990 Tehanu de Ursula K. Le Guin
Mary Reilly de Valerie Martin
Su hija unigénita de James Morrow
La caída de Hyperion de Dan Simmons
Redshift Rendezvous de John E. Stith
Blanca Jenna de Jane Yolen
1989 The Healer's War de Elizabeth Ann Scarborough
La nave de un millón de años de Poul Anderson
Alvin el aprendiz de Orson Scott Card
American Apocalypse (TM) de John Kessel
Marfil de Mike Resnick
Hermana luz, Hermana sombra de Jane Yolen
1988 En caída libre de Lois McMaster Bujold
Deserted Cities of the Heart de Lewis Shiner
Drowning Towers de George Turner
Gran río del espacio de Gregory Benford
Mona Lisa acelerada de William Gibson
El profeta rojo de Orson Scott Card
La Urth del Sol Nuevo de Gene Wolfe
1987 La mujer que caía de Pat Murphy
La fragua de Dios de Greg Bear
Soldado de la niebla de Gene Wolfe
La rebelión de los pupilos de David Brin
Vergil in Averno de Avram Davidson
Cuando falla la gravedad de George Alec Effinger
1986 La voz de los muertos de Orson Scott Card
Conde Cero de William Gibson
Free Live Free de Gene Wolfe
El cuento de la criada de Margaret Atwood
The Journal of Nicholas the American de Leigh Kennedy
This is the Way the World Ends de James Morrow
1985 El juego de Ender de Orson Scott Card
Música en la sangre de Greg Bear
Cena en el palacio de la discordia de Tim Powers
Heliconia Invierno de Brian Aldiss
El cartero de David Brin
La reconstrucción de Sigmund Freud de Barry Malzberg
Cismatrix de Bruce Sterling
1984 Neuromante de William Gibson
Frontera de Lewis Shiner
Los árboles integrales de Larry Niven
Job, una comedia de justicia de Robert A. Heinlein
The Man Who Melted de Jack Dann
La playa salvaje de Kim Stanley Robinson
1983 Marea estelar de David Brin
Contra el infinito de Gregory Benford
La ciudadela del autarca de Gene Wolfe
El jardín de Suldrun de Jack Vance
Té con el dragón negro de R. A. MacAvoy
The Void Captain's Tale de Norman Spinrad
1982 Sólo un enemigo: el tiempo de Michael Bishop
Los límites de la fundación de Isaac Asimov
Viernes de Robert A. Heinlein
Heliconia primavera de Brian Aldiss
La espada del lictor de Gene Wolfe
La transmigración de Timothy Archer de Philip K. Dick
1981 La garra del conciliador de Gene Wolfe
Pequeño, grande de John Crowley
La tierra multicolor de Julian May
Radix de A.A. Attanasio
Dudo errante: riddley walker de Russell Hoban
El tapiz del vampiro de Suze McKee Charnas
1980 Cronopaisaje de Gregory Benford
Tras el incierto horizonte de Frederik Pohl
El pájaro burlón de Walter Tevis
The Orphan de Robert Stallman
La sombra del torturador de Gene Wolfe
La reina de la nieve de Joan D. Vinge
1979 Fuentes del paraíso de Arthur C. Clarke
Jem de Frederik Pohl
Juniper Time de Kate Wilhelm
En alas de la canción de Thomas M. Disch
The Road to Corlay de Richard Cowper
Titán de John Varley
1978 Serpiente del sueño de Vonda McIntyre
Blind Voices de Tom Reamy
The Faded Sun de C.J. Cherryh
Kalki de Gore Vidal
Strangers de Gardner Dozois
1977 Pórtico de Frederik Pohl
Cirque de Terry Carr
En el océano de la noche de Greg Benford
Moonstar Odyssey de David Gerrold
Sword of Demon de Richard Lupoff
1976 Homo Plus de Frederik Pohl
Inferno de Larry Niven y Jerry Pournelle
Islands de Marta Randall
Sadrac en el horno de Robert Silverberg
Tritón de Samuel R. Delany
Donde Solían Cantar los Dulces Pájaros de Kate Wilhelm
1975 La guerra interminable de Joe Haldeman
Autumn Angels de Arthur Byron
The Birthgrave de Tanith Lee
Computer connection de Alfred Bester
Dhalgren de Samuel R. Delany
(Publicado en España en tres volúmenes separados, titulados: Prisma, Espejo, Lentes; En Tiempo de Plaga y Palimpsesto)
Doorways in the Sand de Roger Zelazny
Empotrados de Ian Watson
The Exile Waiting de Vonda N. McIntyre
El hombre hembra de Joanna Russ
A Funeral for the Eyes of Fire de Michael Bishop
Guernica Night de Barry N. Malzberg
La herencia de los hastur de Marion Zimmer Bradley
Las Ciudades Invisibles de Italo Calvino
A Midsummer Tempest de Poul Anderson
The Missing Man de Katherine Maclean
La paja en el ojo de Dios de Larry Niven & Jerry Pournelle
Ragtime de E.L. Doctorow
El hombre estocástico de Robert Silverberg
1974 Los desposeídos de Ursula K. Le Guin
334 de Thomas M. Disch
Fluyan mis lágrimas, dijo el policía de Philip K. Dick
La ballena Dios de T. J. Bass
1973
Cita con Rama de Arthur C. Clarke
El arco iris de gravedad de Thomas Pynchon
The Man Who Folded Himself de David Gerrold
The People of the Wind de Poul Anderson
Tiempo para amar de Robert A. Heinlein
1972 Los propios dioses de Isaac Asimov
El libro de los cráneos de Robert Silverberg
Muero por dentro de Robert Silverberg
El sueño de hierro de Norman Spinrad
El rebaño ciego de John Brunner
What Entropy Means to Me de George Alec Effinger
When Harlie Was One de David Gerrold
1971 Tiempo de cambios de Robert Silverberg
The Byworlder de Poul Anderson
The Devil is Dead de R.A. Lafferty
Más que humano de T.J. Bass
La rueda del cielo de Ursula K. LeGuin
Margaret and I de Kate Wilhelm
1970 Mundo Anillo de Larry Niven
La muerte del caos de Joanna Russ
Fourth Mansions de R.A. Lafferty
The Steel Crocodile de D.G. Compton
La torre de cristal de Robert Silverberg
El año del sol tranquilo de Wilson Tucker
1969 La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Le Guin
Incordie a Jack Barron de Norman Spinrad
La isla de los muertos de Roger Zelazny
Órbita inestable de John Brunner
Matadero cinco de Kurt Vonnegut
Por el tiempo de Robert Silverberg
1968 Rito de iniciación de Alexei Panshin
Black Easter de James Blish
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick
Las máscaras del tiempo de Robert Silverberg
La tercera oportunidad de R.A. Lafferty
Picnic en paraíso de Joanna Russ
Todos sobre Zanzíbar de John Brunner
1967 La intersección de Einstein de Samuel R. Delany
Chthon de Piers Anthony
The Eskimo Invasion de Hayden Howard
El señor de la luz de Roger Zelazny
Espinas de Robert Silverberg
1966 (ex-aequo) Babel-17 de Samuel R. Delany
Flores para Algernon de Daniel Keyes
La luna es una cruel amante de Robert A. Heinlein
1965
Dune de Frank Herbert
Toda la carne es hierba de Clifford D. Simak
Invasión subterránea de Theodore Thomas y Kate Wilhelm
El doctor Moneda Sangrienta de Philip K. Dick
The Escape Orbit de James White
Los genocidas de Thomas M. Disch
Nova express de William Burroughs
A Plague of Demons de Keith Laumer
Rogue Dragon de Avram Davidson
The Ship That Sailed the Time Stream de G.C. Edmondson
The Star Fox de Poul Anderson
Los tres estigmas de Palmer Eldritch de Philip K. Dick
