sábado, junio 30

Trilogía Sucia de La Habana. Cosas nuevas en mi vida.

Les gusta Pedro Juan Gutierrez? Sí? O no lo conocen? Bueno, si les gusta o si quieren conocerlo, comenzaré. Con el 1er capitulo de Trilogía Sucia de La Habana.

TRILOGIA SUCIA DE LA HABANA.

COSAS NUEVAS EN MI VIDA

Esa mañana, temprano, en el buzón, sobresalía una tarjeta rosada, de Mark Pawson, de Londres. Con grandes letras había escrito: «5 June 1993 some bastard stole the front wheel of my bicycle.» Hacía un año y aún le molestaba aquel incidente. Recordé aquel pequeño club cerca del apartamento de Mark, donde cada noche Rodolfo se desnudaba y hacía un baile muy erótico, mientras yo lanzaba una extraña música trópico-aleatoria con unos bongóes, cascabeles, sonidos guturales, y todo lo que se me ocurría. Nos divertíamos, tomábamos cerveza gratis, y nos pagaban 25 libras por noche. Ojalá hubiera durado más. Pero Rodolfo era un negro muy solicitado y se fue a Liverpool a enseñar danza moderna. Yo me quedé sin dinero y estuve viviendo en casa de Mark hasta que me aburrí y regresé.

Ahora me entrenaba para no tomar nada en serio. Un hombre puede cometer muchos errores pequeños. Y no tiene importancia. Pero si los errores son grandes y pesan sobre su vida, lo único que puede hacer es no tomarse en serio. Sólo así evita sufrir. El sufrimiento prolongado puede ser mortal.

Pegué la postal detrás de la puerta, puse un cassette con «Snake Rag», de Armstrong, y se me alegró el corazón y dejé de pensar. La música no me deja pensar. Pero este jazz, además, me alegra y me hace bailar solo. Desayuné una taza de té, cagué, leí unos poemas homosexuales de Alien Ginsberg, y me asombré con «Sphincter» y con «Personáis ad». I hope my good old asshole holds out. Pero no me pude asombrar mucho tiempo porque llegaron dos amigos, muy jóvenes, a preguntarme si sería buena idea tirar una balsa al mar por el cabo de San Antonio y llegar a cabo Catoche, o si es mejor salir por el norte directo a Miami. Eran los días del éxodo, en el verano del 94. Una amiga me había dicho el día antes por teléfono: «Se van todos los hombres y los jóvenes. Oh, será un problema para nosotras.» No era así totalmente. Se quedaba mucha gente incapaz de vivir demasiado lejos, a pesar de todo.

Bueno, he navegado un poco el Golfo y sé que es una trampa. Los convencí con el mapa en la mano para que no escaparan a México. Y bajé con ellos a ver su gran balsa para seis personas. Era un tinglado de madera y sogas sobre tres neumáticos de avión. Llevarían linterna, brújula y luces de bengala. Les deseé suerte y salí con mi bicicleta a dar una vuelta. Cornpré unas tajadas de melón. Fui hasta la casa de mi ex mujer. Ahora somos buenos amigos. Así nos va mejor. Ella no estaba. Comí un poco de melón y dejé los restos por allí. Me gusta dejar huellas. Puse en el frío las tajadas que quedaron y me fui rápido. En ese sitio fui demasiado feliz durante dos años. No es bueno estar ahí solo.

Cerca vive Margarita. Hacía tiempo que no nos veíamos. Cuando llegué estaba lavando y sudaba. Se alegró y fue a bañarse. Éramos novios furtivos -no me hagan caso, de algún modo tengo que decirlo- hacía casi veinte años y cuando nos vemos primero templamos y después conversamos muy relajados. Así que no la dejé bañarse. Le quité la ropa y le pasé la lengua por todas partes. Ella hizo lo mismo: me quitó la ropa y me pasó la lengua por todas partes. Yo también estaba muy sudado de tanta bicicleta y tanto sol. Se estaba reponiendo y engordaba. Ya no estaba demacrada. De nuevo tenía las nalgas duras, redondas y sólidas a pesar de sus cuarenta y seis años. Los negros son así. Llenos de fibras, y músculos, con muy poca grasa, y una piel limpia, sin granos. Oh, no resistí la tentación y, después de un buen rato jugando con ella, ya había tenido tres orgasmos, se la metí por el culo. Muy despacio, bien mojada con los líquidos de su vagina. Poco a poco. Metiendo y sacando y masturbándole el clítoris con mi mano. Ella rabiaba de dolor, pero me pedía más y más. Mordía la almohada, pero retrocedía el culo y me pedía que se la metiera hasta el tronco. Es fabulosa esa mujer. Ninguna disfruta más que ella. Así estuvimos unidos mucho rato. Cuando se la saqué estaba embarrada de mierda, y ella se asqueó. Yo no. Yo tenía el cínico alerta, nunca dormía. Es que el sexo no es para gente escrupulosa. El sexo es un intercambio de líquidos, de fluidos, saliva, aliento y olores fuertes, orina, semen, mierda, sudor, microbios, bacterias. O no es. Si sólo es ternura y espiritualidad etérea entonces se queda en una parodia estéril de lo que pudo ser. Nada. Nos dimos una ducha y quedamos listos para un café y para conversar un rato. Ella quería que la acompañara a El Rincón. Tenía que cumplir una promesa a San Lázaro y me pedía que la acompañara al día siguiente. En realidad me lo pidió con tanto cariño que acepté. Eso es lo maravilloso de la mujer cubana -debe haber muchas otras igual, tal vez en América, en Asia- es tan cariñosa que nunca puedes decir no cuando te piden algo. No es así con las europeas. Las europeas son tan secas que te dan todas las posibilidades para decirles ¡NO! Y quedarte a gusto.

Después regresé a casa. Ya la tarde estaba refrescando. Tenía hambre. Claro, sólo tenía un té, una tajada de melón y un café en el estómago. En la casa me comí un pedazo de pan con otro té. Ya me estaba acostumbrando a muchas cosas nuevas en mi vida. Me estaba acostumbrando a la miseria. A tomarlo todo como viniera. Me entrenaba en abandonar el rigor, o no sobreviviría. Siempre viví carente de algo. Desasosegado, queriendo todo a la vez, luchando rigurosamente por algo más. Estaba aprendiendo a no tenerlo todo a la vez. A vivir casi sin nada. De lo contrario seguiría con mi visión trágica de la vida. Por eso ahora la miseria no me hacía mucho daño.

Entonces me llamó Luisa. Venía a estar conmigo el fin de semana. Y Luisa es una mujer adorable. Tal vez demasiado joven para mí. Pero no importa. Nada importa. Empezó a llover y a tronar, con un viento de ciclón y una humedad terrible. Es así en el Caribe. Hay sol y de pronto empieza el aire y la lluvia y uno está en medio del huracán. Me hacía falta un poco de ron, pero no había forma de conseguirlo. Yo tenía algún dinero pero no había nada que comprar. Me acosté a dormir. Estaba sudado y las sábanas sucias, pero me gusta mi olor a sudor y suciedad. Me excita olerme a mí mismo. Y Luisa estaba al llegar. Creo que me quedé dormido. Si el viento arreciaba más y arrancaba las planchas de fibrocemento del techo me daba igual. Nada importa.

jueves, junio 28

El meme de la 139, una novela sin mucha esperanza

La verdad sea dicha: no le veía la gracia a nomás decir qué estaba leyendo. Vontrier sugirió que era bueno saber qué andaban leyendo los otros, siempre se podía encontrar algo que una no hubiera leído, y sí, es cierto. Pero se me ocurrió preguntarme cómo sería juntar todos esos textos, o algunos al menos. Acometería alguien tamaña empresa? Sí! Yo mismísima. Busqué, copié, pegué, mezclé, y volví a copiar y pegar. Aquí está.
Señoras y señores, a continuación, El meme de la 139, una novela que más tarde o más temprano, le va a resultar vagamente familiar.

El meme de la 139
En la escalinata, entre dos gruesas columnas esculpidas, el Religioso, el Macerón y el Pertigudo se exhibían antes de la boda. Detrás de ellos, unas largas colgaduras de seda blanca llegaban hasta el suelo, y los catorce Monafieles ejecutaban un ballet. Llevaban unas blusas blancas, con pantalones cortos rojos y zapatos blancos. En vez de pantalones cortos, las chicas llevaban unas falditas rojas plisadas, y una pluma roja en el pelo. El Religioso sostenía el bombo, el Macerón tocaba el pífano y el Pertigudo marca el ritmo con unas maracas. Los tres cantaban el estribillo a coro, después de lo cual el Pertigudo esbozó unos pasos de claqué, cogió un bajo y ejecutó un sensacional solo al arco sobre una música de circunstancias.
—Es mi padre —le soplé a Silvio— que regresa a Bomarzo. Estamos perdidos. Me miró y meneó la cabeza. La cabalgata se desplazaba lentamente. Mi abuela, de pie a mi lado en la misma terraza donde el paje había realizado la invocación, me puso una mano en el hombro. —Vuelve mi hijo Gian Corrado. Ahora moriré en paz, Vicino.

Como si durante todo este tiempo hubiera estado esperando la consigna, el ábrete sésamo, se oyó por fin el altavoz, Atención, atención, los internos tienen autorización para venir a recoger la comida, pero cuidado, si alguien se aproxima demasiado a la reja del portón, recibirá un primer aviso verbal, en caso de no volver inmediatamente atrás, el segundo aviso será una bala.Los ciegos avanzaron con lentitud, algunos más confiados, directamente hacia donde creían que estaría la puerta, los otros, menos seguros de sus incipientes capacidades de orientación, preferían ir deslizándose a lo largo de la pared, así no habría error posible, cuando llegasen a la esquina sólo tenían que seguir la pared en ángulo recto, allí estaría la puerta. Imperativo, impaciente, el altavoz repitió la llamada. El cambio de tono, notorio incluso para quien no tuviera motivos de desconfianza, asustó a los ciegos. Uno de ellos decalró, Yo no salgo de aquí, lo que quieren es reunirnos fuera para matarnos a todos, Yo tampoco salgo, dijo otro, Ni yo, reforzó un tercero.

Salió en ese momento el barbero a ver qué pasaba, y nunca olvidaré de ese día memorable la cara de estupor del maldito Guedes al ver a Camilo en el suelo –loco de remate tras el golpe y musitando mareado boogie-woogie– y al verme a mí todavía con el gesto amenazante y la expresión muy agresiva.
—¿Vidal?—preguntó Fanny, desconcertada. Perla asintió callada, secándose los ojos. Y cuando pudo hablar, balbuceó:—Sí, creo que eso fue lo que dijo.

¿Casualidad? ¿Destino? ¿O, simplemente, matemática, un ejemplo de la teoría de la probabilidad en funcionamiento? No importa cómo lo llames. La vida está llena de estos sucesos. Y sin embargo, hay críticos que reprocharían a un escritor que utilice un episodio así en una novela. Mal por ellos. Como escritor de novelas, me siento moralmente obligado a incorporar dichos acontecimientos en mis libros, a escribir sobre el mundo tal como yo lo percibo*, no como alguien me dice que tiene que ser. Lo desconocido está sobre nosotros cada momento. Como yo lo veo, mi trabajo es mantenerme abierto a estas colisiones, estar atento a estos incidentes en el mundo.
Lo he ido descubriendo en los últimos tiempos, desde que he empezado a beber más. Cada vez que miro este paisaje con ojos embriagados, su pureza, casi excesiva, me hace estremecer, y siento que nada importa, que da igual que lo haya perdido todo. No es abatimiento, tampoco desesperación; es una forma más natural de aceptar las cosas, un sentimiento suscitado por una emoción silenciosa y clara. Cómo resplandece el mundo bajo la luz. Sueño con un mejor estilo de prosa, libre de recursos fáciles, más sobrio, que trabaje más cerca de las emociones tanto directa como indirectamente, con sentimiento e inteligencia. Un sueño agradable y me siento tal cual soy.

Durante el primer mes escribí un borrador preliminar corto, ateniéndome únicamente a lo más esencial. Cuando vi que el caso seguía sin resolverse, volví al principio y empecé a llenar las lagunas, a ampliar cada capitulo hasta el doble de la extensión original. Mi plan era revisar el manuscrito tantas veces como fuese necesario, añadir nuevo material en cada borrador sucesivo y seguir trabajando en ello hasta que pensase que no quedaba nada por decir. Teóricamente, el proceso podría haber continuado durante meses, tal vez incluso años..., pero sólo si tenía suerte. En realidad, estas ocho semanas son todo lo que tendré. Cuando llevaba hechas tres cuartas partes del segundo borrador (en mitad del cuarto capítulo), me vi obligado a dejar de escribir.Eso ocurrió ayer y todavía estoy tratando de asimilar lo repentino que fue. El libro ha terminado ya porque el caso ha terminado. Si añado esta página final es sólo para dejar constancia de cómo encontraron la solución, para anotar la última sorpresa, el último giro que pone fin a la historia.

FIN

Participaron de esta novela, con o sin consentimiento previo:
Los lectores Arechagueira - MariadecercaMortadelaVontrierFender GebietCherrymanhattanGalderMiguel Angel Navarro Hernandez Ginger

y, sobre todo, los autores (definitivamente, sin consentimiento previo):
Paul Auster (2) – Manuel Mujica LainezJorge FrancoJohn CheeverBanana YoshimotoBoris VianJosé de Saramago - Enrique Vila Matas

miércoles, junio 27

Mortismeme II, respuesta de Arechagueira, que no tiene blog.

Arechagueira wrote:

A- Aqui va el segundo párrafo de la pág. 139 de un libro de 140...
"Durante el primer mes escribí un borrador preliminar corto, ateniéndome únicamente a lo más esencial. Cuando vi que el caso seguía sin resolverse, volví al principio y empecé a llenar las lagunas, a ampliar cada capitulo hasta el doble de la extensión original. Mi plan era revisar el manuscrito tantas veces como fuese necesario, añadir nuevo material en cada borrador sucesivo y seguir trabajando en ello hasta que pensase que no quedaba nada por decir. Teóricamente, el proceso podría haber continuado durante meses, tal vez incluso años..., pero sólo si tenía suerte. En realidad, estas ocho semanas son todo lo que tendré. Cuando llevaba hechas tres cuartas partes del segundo borrador (en mitad del cuarto capítulo), me vi obligado a dejar de escribir.
Eso ocurrió ayer y todavía estoy tratando de asimilar lo repentino que fue. El libro ha terminado ya porque el caso ha terminado. Si añado esta página final es sólo para dejar constancia de cómo encontraron la solución, para anotar la última sorpresa, el último giro que pone fin a la historia."

B- ...

Mortismeme, el meme de la 139

La joven Mortadela, aka Zoila, de nacionalidad incierta, estado civil despejado con algunos vientos leves del sector sur, con domicilio temporal en http://lamortadelanosemancha.blogspot.com/, habiéndose declarado heredera de Vontrier, sin más ni mas me nombra -a mí! viva viva- heredera del legado que se copia a continuación:

A- Se responde al presente meme transcribiendo el segundo párrafo de la página 139 del libro que uno está leyendo.
B- Hay que pasarle la posta al menos a tres personas. (Transcribo el párrafo, pienso un poco y abajito de todo, pido colaboración)


A- Respondo al presente meme con la página 139 del libro que estoy leyendo:
—Es mi padre —le soplé a Silvio— que regresa a Bomarzo. Estamos perdidos. Me miró y meneó la cabeza. La cabalgata se desplazaba lentamente. Mi abuela, de pie a mi lado en la misma terraza donde el paje había realizado la invocación, me puso una mano en el hombro. —Vuelve mi hijo Gian Corrado. Ahora moriré en paz, Vicino.

(Aquí viene la parte de pensar un poco)
...
/thinking/
...
/thinking hard/

B- Le paso la posta a:
Theorn
Arechagueira
Mazrah

pero no sé si tienen blogs, así que capaz los dejo contestar aquí mismo, si quieren.

martes, junio 26

Crianza

Me parece que no se me da bien la maternidad. No soy la única que opina así, aunque al respecto hay opiniones encontradas. Fer opina que soy una madraza. Mabel opina que soy muy culposa. Mi hermano opina que no sé ponerle límites a mi hijo. Mi madre... bueno, sospecho que si mi madre fuera más joven intentaría obtener la tenencia de mi hijo.
Es una pena que no se me dé bien la maternidad, porque lo cierto es que me encanta mi hijo. Quiero decir, me encanta que yo tenga que criarlo. Me encanta pasar muchas horas con él. Deshojo mucha margarita con cada decisión respecto de lo que debería hacer o no hacer y creo que esa inseguridad se nota, él, mi hijo digo, lo nota, y posiblemente lo aprovecha. Un problema habitual es que en realidad me gusta que lo aproveche, pero cuando él aprovecha algo suele ser en desmedro de mis propios gustos. Por ejemplo:
Hace unos días que se le despelotó el horario. Y como no está bien que un niño ande despabilado a la una, dos, tres y hasta cuatro de la mañana (amén de que YO necesito dormir), anoche a las doce de la noche me lo metí en la cama conmigo, todas las luces apagadas, con la esperanza de que la falta de perspectivas de rocanrolear lo hiciera quedar dormido aunque sea a la una. Pero eran las dos, y el tipo saltando en la cama e intentando que yo jugara con él. Y eran las tres, y ya furiosa, lo saqué de la cama y lo llevé al living con una almohadita y una frazadita, amenazándolo conque tenía que dormir ahí (ingenuamente, pensando que le iba a resultar aterrador o por lo menos poco atractivo), y lo dejé solo y cerré la puerta y me fui al cuarto. Después de llamarme un rato sin que yo me dignara contestarle, escucho los pasitos y el arrastre de una silla. Enseguida, click. El tipo prendió la luz del living. Pasitos, y otro clic: intentó prender la tele (yo la había dejado desenchufada así que no tuvo éxito). Un par de intentos y desistió. Yo pensaba "ahora se va a poner a llorar y lo traigo y se duerme"). Pero no, a los pocos minutos oigo ruiditos de tiza y pizarrón, y lo escucho dar nombre a lo que estaba "escribiendo" ("La A, de abeja, muy bien! pasemos a la siguiente letra", y así).
Sinceramente, amigo lector: yo lo quería asesinar. Qué se hace en ese caso? En serio quería caerle a golpes. Sentía el escozor en las manos. Y me aterran tanto esos arranques de violencia, pero de veras, yo no sabía qué hacer. Al final me lo traje de nuevo a la cama, lloraba como marrano, después se conformó y empezó otra vez a saltar y jugar en la cama, y yo con lágrimas en los ojos (de verdad), de pura frustración. Al final se durmió. Eran casi las cuatro de la mañana.
Hoy, por supuesto, a las ocho lo levanté, y al jardín. Debe estar muy cansado. Y yo, ni te digo.